Entrevistas
Concha Pasamar ilustra los poemas de ‘Fleco de nube’
Obra poética repleta de musicalidad que ensalza la belleza de las cosas pequeñas e invita al disfrute de los sentidos. Así describe Kalandraka ‘Fleco de nube’, el poemario de Fabiana Margolis ganador del Premio de Poesía para Niñas y Niños Ciudad de Orihuela que ilustra Concha Pasamar. Con ella charlamos sobre este precioso libro, y esto es lo que nos cuenta.

“Recuerdo que, al darse a conocer la obra ganadora del Premio de Poesía Ciudad de Orihuela, pensé que sería un libro que me iba a gustar. La noticia, de finales de octubre de 2022, contenía esta apreciación: “Fleco de nube es un poemario que ensalza la belleza de las cosas pequeñas desde una mirada infantil. Repleto de musicalidad y lirismo, sus imágenes invitan al disfrute de los sentidos y a una observación serena de la naturaleza”. Una descripción así era muy acorde con mis intereses y con los temas que yo misma había abordado, por ejemplo, en Tiempo de otoño (bookolia)”.
“En noviembre Kalandraka se puso en contacto conmigo para proponerme ilustrar este poemario, pensando que podría encajar conmigo -continúa Concha Pasamar-. Recuerdo también que junto a la ilusión del encargo me acechó el temor de no poder acometerlo por el estrecho plazo. Pero tras haber hablado con Manuela Rodríguez y haber leído el texto, me pareció que las vacaciones de Navidad me proporcionarían un tiempo de concentración en este proyecto cuya lectura me había encantado”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Creo que no puedo añadir mucho más a la respuesta anterior, porque, efectivamente, el libro es un canto lírico y ligero a la belleza y el misterio de aquello que nos rodea a lo largo del año. He intentado acompañar los textos también de una manera sutil, sin buscar representar las imágenes que suscitan los poemas, para interferir mínimamente en su lectura”.

¿Qué te parecieron los poemas de Fabiana la primera vez que los leíste? “Como decía, sentí que conectaban con mi manera de mirar el mundo, no solo ahora, sino especialmente con mi mirada infantil sobre la naturaleza, que creo que sigue viva en mí -nos cuenta Concha Pasamar-. Son poemas que hablan en primera persona de ese encuentro con lo cotidiano: el árbol “que vive cerca de la escuela”, el ciempiés, la nube, el viento, la arena, la lagartija… El tiempo presente que se emplea acerca al lector al momento de la experiencia: habla de la confluencia que sucede a cada momento entre el sujeto y el mundo, con palabras sencillas, en plena consonancia con el contenido”.
¿Con cuál te quedas? “No sabría decirlo: son todos bellos y encierran en su mayoría, además del momento de la contemplación, el mundo paralelo que se suscita en la imaginación del o la protagonista: creo que esa capacidad de vivir al mismo tiempo la realidad y lo recreado es muy propia de la infancia o, al menos, yo reconozco a la niña que fui en ese desdoble simultáneo”.

Igual ya te lo he preguntado en alguna ocasión pero, ¿cómo es ilustrar este tipo de textos con respecto a un álbum ilustrado? “Como siempre que ilustro textos de otras personas, intento hacerlos míos, prestar atención a lo que despiertan particularmente en mí -afirma Concha Pasamar-. Sin embargo, hay diferencias, desde luego: aunque hay una búsqueda de elementos que otorguen unidad formal a las imágenes, suele darse una mayor libertad en la poesía en la medida en que, salvo que haya un hilo narrativo, con frecuencia se puede prescindir de mantener unos personajes. En este caso se podría haber dado esa unidad, puesto que hay un recorrido a través de todo el año, pero preferí, puesto que el poemario lo hacía posible, dibujar distintos protagonistas de esos pequeños momentos, para transformar ese “yo” de cada poema en un “nosotros”. Por otro lado, hay distintos modos de abordar la ilustración de poesía: se pueden representar literalmente una o más figuras retóricas, se puede ofrecer una imagen que amplíe o restrinja lo que el poema propone o sugiere, se puede tirar de un hilo personal que evoque el texto y realizar una ilustración “en paralelo”… Nunca hay una manera única ni mejor”.
¿Qué diríais que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “En este caso, como decía, elegí no interferir en las imágenes a las que los poemas apuntan y preferí dejar que las palabras surtieran su propio efecto en los lectores: por ejemplo, si la niña subida al ombú se siente capitana o astronauta -experimenta la emoción de la aventura que proporciona la altura, la envergadura el árbol-, me pareció oportuno respetar que cada imagen concreta se dibujase a su modo en la mente de cada lector: pirata, capitana con tricornio o con gorra, actual o libresca… La concreción, si la hay, depende de cada experiencia vital, de nuestros referentes personales”, asegura Concha Pasamar.
“¿Cómo ilustrar, entonces? Tomé la decisión de ser “literal” en el sentido de representar cada encuentro: el personaje con lo observado o vivido, y elegí expresar la maravilla o lo extraordinario de ese encuentro mediante la mancha de color. Realmente, no sé qué hay de diferente con respecto de otros trabajos: tal vez exista una diferencia de grado, en el sentido de que me he permitido -me han permitido también- un grado máximo de espontaneidad: en la mancha, en el dibujo, en el color… Una vez acordada que esa sería la línea, mi sensación ha sido de ligereza máxima, como cuando me permito dibujar en el cuaderno sin ninguna presión. Y creo que es una ligereza acorde con el contenido del libro”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Bueno, yo suelo decir que, aparte del estarcido, tengo tres técnicas básicas: zaszás (técnica húmeda suelta), racarraca (lápiz o técnica seca, normalmente también suelto, porque tengo un trazo natural quebrado) y racazás (una mezcla de las anteriores). Yo diría que aquí hay sobre todo racazás, pero voy a intentar concretar, jeje”.
“Hice fondos de acrílico blanco y utilicé tinta para dibujar; sobre el dibujo uso pincel con agua para crear sombras y volumen. El acrílico de la base crea un efecto algo diferente, porque se diluye también un poco. Por otro lado, en las manchas de color empleé acuarela y pinturas secas (lápiz de color, pastel o tiza) y monté luego ambas capas con Photoshop. El resto del color lo añadí digitalmente, en principio, pensando en probar y pintar después manualmente, pero al final se decidió en el proceso de edición pulir un poco las pruebas y mantener así también parte de la espontaneidad que transmite el dibujo”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. “Bueno, aunque finalmente me decidiera por una manera de hacer que siento muy mía, la responsabilidad del encargo -un premio Orihuela no es cualquier cosa- me había llevado previamente a probar otros materiales y otras técnicas, pero no terminaban de satisfacerme, así que, tras varios intentos, decidí hacer caso a la sugerencia de Manuela, porque en la editorial les habían gustado unas ilustraciones que mostraba en mi web en las que, sobre otro tipo de papel, había usado algo parecido -ya he dicho que aguar los dibujos a tinta es algo que hago a menudo, por ejemplo, en cuadernos de viaje, o dibujo de músicos en vivo-. Lo cierto es que, frente a esta manera de hacer tan mía, encontré las pruebas previas forzadas, menos ligeras, y ligereza es lo que el texto me sugería. Creo que en Kalandraka también lo habían visto así, sabiamente, y tras contrastarlo con Manuela y con Fabiana Margolis, la autora, me sentí muy cómoda en el desarrollo del libro, que disfruté mucho”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Afortunadamente, siempre tengo proyectos en marcha en distintas fases, algunos solamente en la cabeza, en embrión. Acabo de entregar a Bookolia las ilustraciones de un libro propio, que en realidad ya había escrito hacía un par de años: surgió de un ejercicio de uno de los cursos de Marián Lario que terminó derivando en un álbum. Lo he podido dibujar tras la entrega de Fleco de nube y lo he disfrutado mucho. Tengo también comenzada hace tiempo una versión de un clásico. Por otra parte, parece que habrá una nueva ocasión de colaborar con Kalandraka, con quien ha sido un placer trabajar en este libro. Otros proyectos o propuestas irán, si el tiempo me lo permite, encontrando sus momentos poco a poco…”.
Álbum Ilustrado
Lulelia nos pregunta ‘¿Dónde está mi lápiz amarillo?’
‘¡Mamááá! ¿Sabes dónde está mi lápiz amarillo? ¿Y mi estuche? ¿Y mi mochila?’ Cuando su lápiz favorito desaparece, la pequeña Rita emprende un viaje que la llevará a los lugares más recónditos e inesperados, hasta descubrir que lo que busca nunca estuvo tan lejos como pensaba. Indicaciones equivocadas, animales despistados y alguna estrella con buen ojo para los productos de papelería habitan las páginas de este maravilloso álbum debut de la argentina Lucía Rovira (Lulelia). Con humor y ligereza, la autora construye un delicado universo a dos tintas. Entre trazos de lápiz y un luminoso color amarillo, acompañamos a la artista Rita en un viaje para descubrir aquello que más le gusta. Con Lucía hemos hablado un poco más sobre ‘¿Dónde está mi lápiz amarillo?’, editado por Editorial Juventud.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “Nació como tesis del Posgrado de Ilustración que hice en la Universidad de Buenos Aires. En un principio no sabía si iba a ser un libro, un juego o qué forma iba a tomar. Lo que sí sabía era que me gustaba el concepto de caos como obstáculo por el cual se genere una aventura, que ese obstáculo fuese excusa de entretenimiento y anécdota, en gran parte por experiencia personal, ya que siempre pierdo cosas y armo planes estrambóticos para resolver. Lo lúdico siempre estuvo presente como también la idea de que sea algo gracioso y, a medida que se fue desarrollando el guión, fue apareciendo la idea de búsqueda y de camino dentro de la posible historia, tomando su estructura desencadenada”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Van a encontrar la historia de una niña de unos 5 años que ha perdido su lápiz preferido y dialogará con quien se cruce en su búsqueda atravesando diferentes escenarios para lograr encontrarlo. Es un libro álbum híbrido que contiene recursos de historieta como globos de diálogo y viñetas diversas fragmentando las páginas a medida que la trama se dramatiza”, asegura Lulelia.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿Cómo nace este personaje? “Tomé de referencia cuentos, cómics, películas o revistas de juegos que tuvieran personajes de niñas con actitud desenvuelta, espontánea, informal y desinhibida como la de Rita, la protagonista. Las referentes fueron desde Mafalda a Pippi Lamstrung. Además, fue autorreferencial porque busqué fotos mías de chiquita y tomé de accesorios los anteojos grandes que siempre se me rompían (o mejor dicho, se me rompen): El hecho de que Rita los tenga con una cinta en el medio del marco refuerza su cualidad inquieta”.
“Cuando empecé a bocetar los escenarios, mis amigas y colegas que tienen hijos/hijas me enviaron imágenes de los juguetes y objetos que podían andar por la casa y por su habitación -continúa Lulelia-. Hasta el último momento seguí agregando objetos en el libro para llenar cada doble página, para mostrar la acumulación de cachivaches y, por otro lado, para homenajear a las personas que me ayudaron a hacer el libro porque no me iba a alcanzar la página de agradecimientos”.
“Como dato de color, el libro trae un señalador (entiendo que en España le dicen “punto de lectura” o “marcapáginas”) con una lista de objetos para buscar además del lápiz… Quizás para Rita no son tan importantes como el lápiz pero andan por ahí tirados algunos pares de medias incompletos”.

¿Por qué el amarillo? “Quería que el lápiz perdido no fuese cualquiera, que sea algo más específico y que además vaya marcando un camino cromático en el libro a medida que avanza la historia. Fue muy fácil elegirlo porque es un color que me gusta mucho y me encanta su combinación con el gris del grafito -nos cuenta Lulelia-. Es el color más brilloso, se usa como resaltador de textos y para dar acentos en el gris de la ciudad (que es donde Rita arranca su recorrido), las señales de tránsito, los cascos de los obreros de la construcción, las maquinarias, muchos taxis e incluso el estereotipo del transporte escolar suele pensarse amarillo… Avanzando hacia la naturaleza podemos pensar en las representaciones del sol y el resto de las estrellas (que tienen su momento importante en el libro), animales de distintas especies, desde leopardos hasta aves… Los rastros de hojas otoñales, las margaritas (de acá viene el nombre del personaje) y también la comida que más me gusta (choclo, papas, queso, huevo…). Si sigo pensando referencias amarillas por supuesto se suma el universo Simpsons y hasta el primer Smile fue amarillo, por lo que los emojis que usamos también lo son”.
“Por otro lado, en distintos momentos de la historia editorial ha habido cubiertas amarillas para que llamen la atención, como la colección las novelas amarillas del siglo XIX o en la colección Robin Hood. También en la editorial Juventud que publica “¿Donde esta mi Lápiz Amarillo?”, podemos encontrar lomos amarillos en el clásico Tintín en español. Rita necesita llamar la atención así que se comunica con ese amarillismo”, confiesa Lulelia. “El amarillo destaca, es un camino… Desde las líneas que dividen los carriles de la ruta o como las baldosas del Camino amarillo de El mago de Oz”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “La gran diferencia con otros trabajos es que es mi primer trabajo como autora integral y tuve total libertad al hacerlo. Durante el desarrollo encontré un modo de contar suelto como los trazos y esa forma llegó también a los textos que hice con lettering según el personaje que habla y según el tono con el que habla, creo que eso logró una integración total entre el texto y la ilustración”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabaje con lápiz de grafito al principio y lápices digitales para los archivos finales”.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Le dediqué mucho tiempo a la parte de investigación y de guión, desde lo más general hasta los pequeños gestos, idas y vueltas de los personajes, guiños internos, relaciones entre las páginas. Le doy bastante atención a los chistes que se puedan encontrar tanto en el texto como en las ilustraciones. Tal es así que debe haber 2 capas de historias o más.. Me encanta dejar esos detalles para que quien lo lea pueda encontrar en una segunda lectura o años después”, afirma Lulelia.

“El proceso fue similar a la dinámica que vive Rita en el cuento; yendo y viniendo, tomando algo de todos los lugares donde lo estuve dibujando y con quienes compartí el proceso. Hasta que no tuve el guión completo no empecé a dibujarlo, solo tenía apenas bocetado el personaje de la protagonista, pero ni bien terminé de escribir los diálogos, las propuestas de las páginas salieron de una vez porque estaban en mi cabeza. Hacia la entrega final de los archivos, el trabajo fue de pulir los dibujos buscando la manera de “emprolijar” mis bocetos sin perder la expresividad que me gusta en cada momento de cada personaje”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Con respecto a “¿Dondé está mi lápiz amarillo?” se está desarrollando como corto animado. En cuanto a proyectos editoriales tengo en proceso un libro álbum con un escritor español, un cartoné para primeras infancias de mi autoría y, cuando encuentro el momento, sumo una viñeta a un proyecto personal en formato novela gráfica. En paralelo me dedico a la docencia en la facultad y en mi taller de ilustración”.
Cómic
Mathias Martinez nos invita a su singular parque de atracciones
‘¿Qué hora es? ¡Es la hora de divertirse!’. Ese es el lema de CLOCKI, la mítica mascota con forma de despertador que durante décadas marcó la hora de la merienda a millones de niños frente al televisor. Nacido como héroe de cómic, alcanza la fama en 1932 con Clocki y el reloj parlante, el primer cartoon sonoro y en color de la historia del cine, y se convierte en una auténtica estrella. En 1955, en la cima de su popularidad, se inaugura Clockilandia, un parque de atracciones que promete ser el paraíso definitivo del entretenimiento. Pero tras ese relato de ensueño podría esconderse una realidad mucho más oscura.

En ‘Clockilandia’, Mathias Martinez reconstruye la memoria de un parque imaginario para mostrar la cara oculta de su éxito. Cada capítulo sigue a un personaje distinto -una mascota, un aficionado a las atracciones, una ex empleada y una niña- que da testimonio de un momento clave de su historia. Inspirado en cartoons de los años 30 de los estudios Fleischer, Martínez retuerce ese imaginario hasta lo grotesco: dibujos que gotean, decorados que se derriten y perspectivas deformadas como una película quemada en el proyector, creando una atmósfera tan fascinante como inquietante. Con Mathias hemos charlado un poco más sobre su trabajo en este proyecto.
¿Cómo nació este proyecto? “Desde niño, siempre me han fascinado los parques temáticos, pero siempre he sentido cierta inquietud al ver sus maquetas de cartón y sus sueños empalagosos. Quería hablar de este sentimiento que creo que comparten muchas personas, y de la felicidad un tanto forzada que se siente en estos lugares, ¡porque la entrada es carísima! En lugar de apoderarme de un parque ya existente, decidí crear el mío propio, como un niño jugando con bloques Kapla o Lego. ¡Disfruté muchísimo siendo un poco megalómano en este proyecto!”, nos cuenta Mathias Martinez.

¿Qué encontraremos en este libro? “Esta novela gráfica narra la historia de Clockilandia, un parque temático analizado desde sus inicios y su época dorada hasta su declive y su inevitable final, porque, obviamente, todo lo bueno tiene un final. También encontrarás las emotivas historias de las personas involucradas con el parque: sus empleados desilusionados, sus mascotas melancólicas, sus niños desencantados y sus padres hastiados. Pero también descubrirás hermosas historias de amor y amistad”.
¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Pasé mucho tiempo buscando la forma ideal para la mascota de mi parque, algo que evocara a Mickey Mouse sin ser demasiado similar, y que no se alejara demasiado de mi idea inicial de crear una historia sobre el fin de la infancia y esos espacios atemporales que son los parques de atracciones. Mientras buscaba ideas visuales para el libro, redibujé muchas mascotas antiguas japonesas y estadounidenses, y cuando no se me ocurría ninguna buena idea, redibujé un pequeño despertador Fisher-Price que tenía en mi escritorio. Entonces se hizo evidente: la mascota de Clockilandia tenía que ser un despertador”, asegura Mathias Martinez.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. “Quizás el carácter altamente ilustrativo de Clocki sea aún más evidente porque está inspirado más en los libros ilustrados infantiles que en los cómics. Una de mis principales inspiraciones para este trabajo son los libros de principios del siglo XX de Benjamin Rabier, o los libros de Bécassine; no sé si son conocidos en España, pero les animo a leerlos o releerlos. En estas historias, el texto está en voz en off, como en algunos capítulos de Clocki. También hay un aspecto ligeramente megalómano en ello; es como si me dirigiera directamente al lector como autor. Este estilo narrativo un tanto anticuado me resultó divertido”.

Cuéntanos algo sobre la técnica utilizada en este libro. “El libro fue dibujado completamente con tinta azul y luego coloreado en Photoshop -continúa Mathias Martinez-. Mi cómic, con sus tonos naranjas y azules, recuerda a los antiguos libros infantiles de los años 50, y también evoca el año en que se creó la mascota Clocki y los dibujos animados que la inspiraron. Mis editores franceses, Misma, hicieron un trabajo increíble en las páginas para lograr colores intensos y diferenciarlos, y mis editores españoles, La Granja, mantuvieron la misma dirección artística y añadieron un mapa real del parque, ¡que me parece fantástico!”
¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “Me llevó tres largos años crearlo. Hubo momentos increíblemente alegres y otros muy estresantes. Mis editores me ayudaron muchísimo durante todo el proceso, que a veces resulta desalentador, ¡pero realmente vale la pena! Después de terminar mis estudios de arte, cuando empecé con Clocki, estaba buscando mi propia voz, ¡pero encontré en Clocki caminos que me encantan! Fue una experiencia muy formativa para mí. Creo que se puede sentir esta progresión narrativa, cómo gano más confianza a medida que avanzan los capítulos, lo cual me gusta mucho”, confiesa.

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Un nuevo proyecto? “Actualmente estoy trabajando en otra novela gráfica que publicará la misma editorial. Tratará sobre ratones, un libro hecho de queso, la transmisión del conocimiento y la memoria colectiva. Será un libro sobre libros y un homenaje a sus lectores más fieles: ¡estará dedicado a quienes aman tanto los libros que literalmente devoran sus páginas! No diré nada más sobre este futuro proyecto, y me llevará tiempo terminarlo, ¡pero estoy deseando enseñárselo!”
Álbum Ilustrado
Ramón París acompaña en su viaje a ‘Amiga gallina’
Perro, cerdo y gallina no conocen nada más allá del cercado de su corral. Un día, muertos de aburrimiento, sienten que ha llegado el momento de salir a explorar. Aunque a gallina esta idea no parece hacerle ni pizca de gracia. Acompaña a estos tres amigos en una aventura a través de ríos, montañas y bosques y déjate guiar por la determinación de perro, el asombro de cerdo o la cobardía de gallina. ‘Amiga gallina’ es un cuento dulce y divertido que nos recuerda que lo más importante son los amigos, a pesar de sus defectos o, quizás, exactamente gracias a ellos. Un álbum ilustrado de Juan Arjona y Ramón París que edita A buen paso. Con Ramón hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Dónde está el origen de este proyecto? “Arianna Squilloni, la editora de A buen paso, y yo coincidimos en una feria de libros en Miami y me comentó que tenía un proyecto en el que había pensado en mí. Una vez de vuelta ambos en Barcelona nos reunimos y me propuso trabajar una reedición de este cuento”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Una historia de tolerancia, aceptación y amor incondicional de la amistad. Pero dicho así suena muy formal; es una aventura de 3 amigos que salen de viaje con muchas, muchas ganas hasta que las cosas se tuercen y la solución a sus problemas llega de la manera más inesperada”, afirma Ramón París.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? “Una vez me leí la historia y supe que los personajes eran un cerdo, un perro y una gallina, empecé a hacer bocetos en distintos cuadernos, papeles, técnicas, sin demasiado orden; sencillamente todo lo que dibujaba en mis momentos de ocio eran esos 3 animales. Nunca dibujé el entorno o dónde iban a convivir, creía que eso llegaría luego. Hasta que en un momento dado empezaron a aparecer los mismos, es decir, los hiciera como los hiciera empezaban, sospechosamente, a parecerse: el mismo cerdo, el mismo perro, la misma gallina. Casi como si se impusieran en mí. Así que los dejé ser; «supongo que estos son», me dije”.

¿Con cuál de los tres te identificas más? “Supongo que con el cerdo, que se apunta a cualquier plan y vive un poco más distraído -confiesa Ramón París-. Así voy yo por la calle: sé hacia dónde quiero ir pero me pierdo en el contexto”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que el recurrente universo animal, que claro, trabajando para literatura infantil no es que sea el más original. Pero sí, dibujo muchos animales todo el tiempo, hago serigrafías de ellos, talleres; a lo mejor debí estudiar zoología o algo parecido, aunque uno nunca sabe si hubiera acabado en el mismo sitio. Lo que sí es que experimenté con una técnica nueva, por más que la realicé en digital. ¿Se puede hablar de diferentes técnicas si tu entorno de realización casi siempre es digital, en una tableta? Hmmm… bueno, igual sí, o por lo menos yo lo sentí totalmente diferente -continúa Ramón París-. En el libro anterior, El hombre dorado, había usado una escala cromática muy limitada buscando una metáfora de la estampación serigráfica. Para ‘Amiga Gallina’ son lápices de colores, trazos con más textura, colores menos planos y línea más discontinua. Vuelvo a usar la doble página para hacer ilustraciones desplegadas a todo lo ancho y largo de página y contar desde la totalidad del formato”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Una vez tuve los personajes empecé con la travesía; literalmente, de eso va: es un viaje, una road movie. Perro y cerdo, que se mueren de aburrimiento, deciden echarse una escapada para ver qué hay más allá; querían tener una aventura que los sacara de su hastío. Gallina duda, pero ante el temor de quedarse sola prefiere irse con sus amigos y vivir la experiencia con angustia. Partiendo del relato de Juan Arjona y de las evocaciones al entorno que hacía, decidí unirme a la aventura a ver adónde me llevaban los animales y realicé una primera secuencia de imágenes a ver como funcionaba la historia, más machas y composición que otra cosa. Luego busqué inspiración en los campos en los alrededores de donde vivo, Cardedeu, y fui construyendo una ruta imaginaria con ancla en la realidad”.


“Siempre trato de dibujar desde mi experiencia personal porque me sirve de apuntador. Hay imágenes que pertenecen a mi entorno y hay otras que quisiera que ya pertenecieran, aderezadas con recuerdos de mi infancia, paisajes en los que estuve. Y así salieron los entornos por los que discurre la historia. Lo demás, un poco más de lo mismo: horas de trabajo hasta que terminaba de perseguirme y dejaba tranquila cada ilustración para que viviera su vida sin mis constantes intervenciones”, nos cuenta Ramón París.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Acabo de terminar un libro para una editorial americana sobre el sonido; después de un par de meses de intensidad estaba en proceso de recuperación. Y el futuro lo tengo lleno de proyectos, a ver cuál termino: suelo ser bastante disperso y salto de un lugar a otro todo el tiempo, por eso me cuesta sentarme a desarrollar cada proyecto, y si a eso le sumamos todos los micro proyectos en el área de animación y diseño para mantenerme a flote, pues muchos quedan en el tintero. Espero poder terminar una biografía ilustrada que estoy haciendo de un científico del siglo XVIII, la cual además estoy escribiendo yo mismo. Ya veremos…”
-
Cómic3 semanas agoSilvia Bezos nos sube al metro en ‘Manos de pobre’
-
Álbum Ilustrado1 mes agoCanizales invita a no fiarse de las apariencias en ‘Malo’
-
Cómic1 mes agoArianna Pisani nos lleva a las Grandes Landas en ‘Margot’
-
Álbum Ilustrado1 mes agoTomás Olivos y las columnas del mundo en ‘Un árbol’
-
Álbum Ilustrado1 mes agoAlice Piaggio nos anuncia que ‘Se necesita monstruo’
-
Álbum Ilustrado3 semanas agoRosa Álamo hace de guía en ‘¡Esto está en un museo!’
-
Álbum Ilustrado4 semanas agoUna vuelta al mundo en más de 60 infografías
-
Álbum Ilustrado2 semanas agoMiguel Pang y sus lectores y lectoras en el Retiro

