Entrevistas
Concha Pasamar ilustra los poemas de ‘Fleco de nube’
Obra poética repleta de musicalidad que ensalza la belleza de las cosas pequeñas e invita al disfrute de los sentidos. Así describe Kalandraka ‘Fleco de nube’, el poemario de Fabiana Margolis ganador del Premio de Poesía para Niñas y Niños Ciudad de Orihuela que ilustra Concha Pasamar. Con ella charlamos sobre este precioso libro, y esto es lo que nos cuenta.

“Recuerdo que, al darse a conocer la obra ganadora del Premio de Poesía Ciudad de Orihuela, pensé que sería un libro que me iba a gustar. La noticia, de finales de octubre de 2022, contenía esta apreciación: “Fleco de nube es un poemario que ensalza la belleza de las cosas pequeñas desde una mirada infantil. Repleto de musicalidad y lirismo, sus imágenes invitan al disfrute de los sentidos y a una observación serena de la naturaleza”. Una descripción así era muy acorde con mis intereses y con los temas que yo misma había abordado, por ejemplo, en Tiempo de otoño (bookolia)”.
“En noviembre Kalandraka se puso en contacto conmigo para proponerme ilustrar este poemario, pensando que podría encajar conmigo -continúa Concha Pasamar-. Recuerdo también que junto a la ilusión del encargo me acechó el temor de no poder acometerlo por el estrecho plazo. Pero tras haber hablado con Manuela Rodríguez y haber leído el texto, me pareció que las vacaciones de Navidad me proporcionarían un tiempo de concentración en este proyecto cuya lectura me había encantado”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Creo que no puedo añadir mucho más a la respuesta anterior, porque, efectivamente, el libro es un canto lírico y ligero a la belleza y el misterio de aquello que nos rodea a lo largo del año. He intentado acompañar los textos también de una manera sutil, sin buscar representar las imágenes que suscitan los poemas, para interferir mínimamente en su lectura”.

¿Qué te parecieron los poemas de Fabiana la primera vez que los leíste? “Como decía, sentí que conectaban con mi manera de mirar el mundo, no solo ahora, sino especialmente con mi mirada infantil sobre la naturaleza, que creo que sigue viva en mí -nos cuenta Concha Pasamar-. Son poemas que hablan en primera persona de ese encuentro con lo cotidiano: el árbol “que vive cerca de la escuela”, el ciempiés, la nube, el viento, la arena, la lagartija… El tiempo presente que se emplea acerca al lector al momento de la experiencia: habla de la confluencia que sucede a cada momento entre el sujeto y el mundo, con palabras sencillas, en plena consonancia con el contenido”.
¿Con cuál te quedas? “No sabría decirlo: son todos bellos y encierran en su mayoría, además del momento de la contemplación, el mundo paralelo que se suscita en la imaginación del o la protagonista: creo que esa capacidad de vivir al mismo tiempo la realidad y lo recreado es muy propia de la infancia o, al menos, yo reconozco a la niña que fui en ese desdoble simultáneo”.

Igual ya te lo he preguntado en alguna ocasión pero, ¿cómo es ilustrar este tipo de textos con respecto a un álbum ilustrado? “Como siempre que ilustro textos de otras personas, intento hacerlos míos, prestar atención a lo que despiertan particularmente en mí -afirma Concha Pasamar-. Sin embargo, hay diferencias, desde luego: aunque hay una búsqueda de elementos que otorguen unidad formal a las imágenes, suele darse una mayor libertad en la poesía en la medida en que, salvo que haya un hilo narrativo, con frecuencia se puede prescindir de mantener unos personajes. En este caso se podría haber dado esa unidad, puesto que hay un recorrido a través de todo el año, pero preferí, puesto que el poemario lo hacía posible, dibujar distintos protagonistas de esos pequeños momentos, para transformar ese “yo” de cada poema en un “nosotros”. Por otro lado, hay distintos modos de abordar la ilustración de poesía: se pueden representar literalmente una o más figuras retóricas, se puede ofrecer una imagen que amplíe o restrinja lo que el poema propone o sugiere, se puede tirar de un hilo personal que evoque el texto y realizar una ilustración “en paralelo”… Nunca hay una manera única ni mejor”.
¿Qué diríais que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “En este caso, como decía, elegí no interferir en las imágenes a las que los poemas apuntan y preferí dejar que las palabras surtieran su propio efecto en los lectores: por ejemplo, si la niña subida al ombú se siente capitana o astronauta -experimenta la emoción de la aventura que proporciona la altura, la envergadura el árbol-, me pareció oportuno respetar que cada imagen concreta se dibujase a su modo en la mente de cada lector: pirata, capitana con tricornio o con gorra, actual o libresca… La concreción, si la hay, depende de cada experiencia vital, de nuestros referentes personales”, asegura Concha Pasamar.
“¿Cómo ilustrar, entonces? Tomé la decisión de ser “literal” en el sentido de representar cada encuentro: el personaje con lo observado o vivido, y elegí expresar la maravilla o lo extraordinario de ese encuentro mediante la mancha de color. Realmente, no sé qué hay de diferente con respecto de otros trabajos: tal vez exista una diferencia de grado, en el sentido de que me he permitido -me han permitido también- un grado máximo de espontaneidad: en la mancha, en el dibujo, en el color… Una vez acordada que esa sería la línea, mi sensación ha sido de ligereza máxima, como cuando me permito dibujar en el cuaderno sin ninguna presión. Y creo que es una ligereza acorde con el contenido del libro”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Bueno, yo suelo decir que, aparte del estarcido, tengo tres técnicas básicas: zaszás (técnica húmeda suelta), racarraca (lápiz o técnica seca, normalmente también suelto, porque tengo un trazo natural quebrado) y racazás (una mezcla de las anteriores). Yo diría que aquí hay sobre todo racazás, pero voy a intentar concretar, jeje”.
“Hice fondos de acrílico blanco y utilicé tinta para dibujar; sobre el dibujo uso pincel con agua para crear sombras y volumen. El acrílico de la base crea un efecto algo diferente, porque se diluye también un poco. Por otro lado, en las manchas de color empleé acuarela y pinturas secas (lápiz de color, pastel o tiza) y monté luego ambas capas con Photoshop. El resto del color lo añadí digitalmente, en principio, pensando en probar y pintar después manualmente, pero al final se decidió en el proceso de edición pulir un poco las pruebas y mantener así también parte de la espontaneidad que transmite el dibujo”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. “Bueno, aunque finalmente me decidiera por una manera de hacer que siento muy mía, la responsabilidad del encargo -un premio Orihuela no es cualquier cosa- me había llevado previamente a probar otros materiales y otras técnicas, pero no terminaban de satisfacerme, así que, tras varios intentos, decidí hacer caso a la sugerencia de Manuela, porque en la editorial les habían gustado unas ilustraciones que mostraba en mi web en las que, sobre otro tipo de papel, había usado algo parecido -ya he dicho que aguar los dibujos a tinta es algo que hago a menudo, por ejemplo, en cuadernos de viaje, o dibujo de músicos en vivo-. Lo cierto es que, frente a esta manera de hacer tan mía, encontré las pruebas previas forzadas, menos ligeras, y ligereza es lo que el texto me sugería. Creo que en Kalandraka también lo habían visto así, sabiamente, y tras contrastarlo con Manuela y con Fabiana Margolis, la autora, me sentí muy cómoda en el desarrollo del libro, que disfruté mucho”.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Afortunadamente, siempre tengo proyectos en marcha en distintas fases, algunos solamente en la cabeza, en embrión. Acabo de entregar a Bookolia las ilustraciones de un libro propio, que en realidad ya había escrito hacía un par de años: surgió de un ejercicio de uno de los cursos de Marián Lario que terminó derivando en un álbum. Lo he podido dibujar tras la entrega de Fleco de nube y lo he disfrutado mucho. Tengo también comenzada hace tiempo una versión de un clásico. Por otra parte, parece que habrá una nueva ocasión de colaborar con Kalandraka, con quien ha sido un placer trabajar en este libro. Otros proyectos o propuestas irán, si el tiempo me lo permite, encontrando sus momentos poco a poco…”.
Álbum Ilustrado
Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’
Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”.

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.
“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.
Álbum Ilustrado
Mar Azabal nos muestra los ‘Tesoros en los bolsillos’
‘Tesoros en los bolsillos’ es una invitación poética a disfrutar sin prisas de lo cotidiano, lo pequeño, lo cercano, y a llenar los bolsillos de experiencias para compartir. Representa la curiosidad de la infancia, su capacidad de asombro y sorpresa, su habilidad para percibir belleza en lo más simple. Así es como de “cosas útiles e inútiles, bonitas y raras, cosas ni bonitas ni raras” se llenan los bolsillos de la niña que protagoniza estos poemas ilustrados de verso libre. Un trabajo de Isabel Cobo y Mar Azabal que edita Kalandraka. Con Mar hemos hablado sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Kalandraka se puso en contacto conmigo y me propuso ilustrar el poemario; ellos creían que yo encajaba para ilustrar los poemas de Isabel. Me pasaron el texto y me encantó”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Es una belleza de poemario. Se centra en lo cotidiano, en la naturaleza, en las cosas pequeñas que nos rodean, en objetos que a los ojos de un adulto son insignificantes, pero que a los ojos de un niño son verdaderos tesoros. Creo que es un poemario que no tiene edad; a través de sus páginas se nos invita a disfrutar sin prisas de lo cercano”.
“Los adultos pueden identificarse con la protagonista; yo lo hice, me vi reflejada en ella -confiesa Mar Azabal-. Sus miedos, sus sueños, sus anhelos eran los mismos que los que yo sentí cuando fui niña y pueden ser los mismos que siente cualquier niña o niño en la actualidad; son emociones atemporales, se sienten de niño y de adulto”.

“A mí me encanta, aun a día de hoy, guardar tesoros en los bolsillos, por ejemplo, piedras con formas peculiares. El verano pasado recogí de la playa dos trozos de cerámica; no sé a qué objetos habrán pertenecido, pero a mí me encantaron sus bordes pulidos por la arena, sus colores azules, blancos y amarillos. Ahora me acompañan, como muchos tesoros, en mi estudio, y cuando los miro, me imagino historias que podrían formar parte de ellos. Entre sus páginas encontrarán algunos de mis tesoros de niña, como por ejemplo las canicas, que acompañan al resto de tesoros que nos regala Isabel”, nos cuenta Mar Azabal.
¿Qué te parecieron los poemas de Isabel tras una primera lectura? “Delicados, sugerentes. Los leí y mi mente se llenó de imágenes; aún hoy, cuando los vuelvo a leer, acuden a mí montones de imágenes”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Lo primero que hice fue probar qué técnica me servía mejor para trabajar las ilustraciones. La primera ilustración que hice fue la que acompaña al poema Semillas; probé con la acuarela porque quería algo muy delicado, pero no me gustó el resultado. Decidí entonces usar el pastel y, al ver la ilustración finalizada, me gustó el efecto que daba. Decidí que trabajaría las ilustraciones con grafito y pastel y algún toque con lápiz de color. La siguiente ilustración que realicé fue la de la tiza y ya me quedó claro; la imagen tomaba un aspecto etéreo con el fondo de pastel difuminado, era como si la propia tiza de la niña estuviese siendo utilizada para dibujar el libro y eso me convenció del todo”, asegura Mar Azabal.

¿Qué poema te resulta más atractivo? “Mi poema preferido no va acompañado de ilustración; lleva por título Acerca de guardar. Pero tengo que decir que me gustan todos y que todos me generan imágenes y eso me encanta”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Sólo había ilustrado un poemario y era para adultos; es la primera vez que ilustro poesía para niños y me he sentido muy bien haciéndolo, aunque como ya he comentado es un poemario para todas las edades”.

“Es totalmente distinto al trabajo que hay que realizar para un álbum ilustrado. No tienen nada que ver, la narrativa visual es totalmente diferente -afirma Mar Azabal-. A parte en los álbumes suelo usar técnicas mixtas, mezclo mucho; el trabajo es muy artesanal. En los últimos años he trabajado en proyectos muy diferentes unos de otros. He ilustrado novelas para adultos y he trabajado la ilustración fuera del mundo del libro, lo que me ha llevado a usar cada vez más la tableta gráfica; antes me resultaba imposible dibujar desde cero en digital, siempre tenía que tener un papel, algo físico, tangible, del que partía; ahora, dependiendo de los tiempos de entrega, ese paso prácticamente ha desaparecido”.
“En ‘Tesoros en los bolsillos’ ha sido como volver a mis inicios, a la línea simple del grafito. Más que algo nuevo, es una vuelta a mi esencia, a esas ilustraciones en las que, sin estar ligadas a un texto, había cierto aire poético, delicado, a las ilustraciones con las que comencé a darme a conocer”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Lo primero que hice fue un boceto de las ilustraciones que acompañarían los textos, algo así como un storyboard de todas las ilustraciones, para intentar dar continuidad a las ilustraciones. Tras decidir qué técnica iba a utilizar, comencé a dibujar distintas versiones de algunas de las ilustraciones que acompañarían a los poemas. Me resultaba muy agradable dibujar con una línea tan sencilla y tan mía; no sabría cómo explicarlo: es la primera vez que al afrontar un encargo de editorial me he sentido como si dibujase para mí, sin la presión que supone que esas ilustraciones van a ser después expuestas al público”, nos cuenta Mar Azabal.

“Como te decía, algunas ilustraciones tienen varias versiones distintas; se las mostré a la editorial y ellos seleccionaron las que mejor se ajustaban al texto. Solo una de ellas, la primera, me dio dolor de cabeza, porque la editora me comentaba que la posición de uno de sus brazos era forzada y yo me empeñaba en cambiar el que no era, hasta que al repasar las ilustraciones con la editora, coincidimos físicamente, ella señaló el brazo que tenía el fallo. Es la única ilustración que he repetido para corregir, y no una vez, sino cinco veces”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy trabajando con una novela clásica ilustrada para adultos y con un encargo para una asociación de un agenda. Los trabajos van llegando poquito a poco; lo importante es que no dejen de llegar, y que sean satisfactorios”.
Cómic
Sun Bai y los ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’
Cuando resultó seleccionado para viajar al espacio, fue el objeto de admiración de sus compañeros de estudios. Ahora, tras años realizando un trabajo monótono y posiblemente inútil, su vida parece menos envidiable. No solo no ha prosperado, sino que ha perdido todo el interés en hacerlo. Solo muy de tarde en tarde regresa a la Tierra, pero en su última visita se produjo un reencuentro. El recuerdo de ese día en que, junto a su única amiga, paseó por el parque y recordó unos pelícanos eléctricos que ya no existen será determinante para él. ¿Qué sentido tendría repetir un día que ya fue perfecto? ‘Pelícanos eléctricos en los lagos’, editado por Fulgencio Pimentel, es el último trabajo de Sun Bai, una de las voces más interesantes surgidas en el ámbito de la BD en la última media década. Aprovechando su reciente visita a nuestro país, hablamos con ella un poquito más sobre este trabajo.

¿Cuál es el origen de este proyecto? ¿Qué te impulsa a crear esta historia? “Al principio era un fanzine que creé en 2019 y que presenté en el Off del festival de Angoulême. Mi editor César lo descubrió en ese momento. El nacimiento de esta historia viene de mi experiencia personal: como el protagonista, dejé mi ciudad natal y hoy vivo en Francia. Cada vez que vuelvo a mi ciudad, tengo la sensación de conectarme a otro servidor, como si entrara en otra realidad. La historia nació de la nostalgia por mi ciudad natal y de la búsqueda de un equilibrio entre esas diferentes realidades. Como los personajes del libro, yo también echo de menos los momentos que pasé con mis amigos dando paseos en patines con forma de cisne por el lago del parque”, nos cuenta Sun Bai.
¿Qué van a encontrar los lectores en sus páginas? “Espero que encuentren ante todo una atmósfera, un momento suspendido y tranquilo. Quizás les den ganas de fumarse un cigarrillo o de tomarse un café”.

Háblanos un poco de las ilustraciones. ¿Qué dirías que tienen de característico? “Lo que me interesa de la ilustración es siempre la narración. No creo que se aleje demasiado de mi trabajo en el cómic.
Lo que las caracteriza, diría que son los personajes, las relaciones humanas entre ellos y las historias que existen detrás -continúa Sun Bai-. Como cuando hago un cómic, siempre me pregunto qué ropa llevan y qué tipo de vida llevan más allá de lo que se muestra. Con las naturalezas muertas es lo mismo: siempre pienso en quién podría usar esos objetos”.

Nos gustaría que nos contaras algo sobre el uso del color en este proyecto, el azul… “El azul es el color dominante del libro. El primer fanzine lo imprimí en casa con una impresora de escritorio. Usaba principalmente el cian, el amarillo y el azul. Luego conservé esa paleta para el libro. Decidí mantenerla por ese aspecto vaporoso, casi desvanecido, que produce esa técnica. Como el humo de un cigarrillo suspendido en el aire”.
En otra ocasión hablamos de ‘La playa más bonita del mar del Norte’. Nos hablabas entonces de una historia sobre el «fin del mundo». En este nuevo cómic, ¿ese mundo ya no existe? “Podría existir en otra realidad. Creo que nunca he abandonado del todo esa idea; en mis narraciones, el tiempo no es necesariamente lineal. El pasado, el presente y algunas posibilidades del futuro pueden a veces coexistir. En una de ellas, el mundo quizás ya haya desaparecido; en otra, algunos personajes siguen viviendo historias distintas. Todas esas realidades pueden existir de forma simultánea”, asegura Sun Bai.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Dibujar una historia que contiene varias realidades es bastante agotador. La próxima vez, igual me lo pienso dos veces antes de elegir realidades tan complejas de entrelazar :)”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Por lo general, en cuanto tengo una idea, empiezo a dibujar un storyboard muy en borrador. Trabajo el texto, los diálogos y las imágenes a menudo al mismo tiempo. Es raro que escriba un guión completo antes de empezar. Según el proyecto, a veces preparo un esquema o un resumen. Después desarrollo el storyboard, luego trabajo el dibujo a línea y, por último, el color. Por supuesto, también hay muchas conversaciones con mi editor a lo largo de todo el proceso”, confiesa Sun Bai.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Hay algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy trabajando en un nuevo proyecto de cómic, una historia de amor. Trata principalmente sobre hombres solitarios y las mujeres a las que nunca llegarán a alcanzar”.
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