Entrevistas
Sara Fernández Sainz y ‘A Florencio le pica la cabeza’
Florencio, el rey de la selva, despierta un día con picores en la cabeza. No consigue calmarlos rascándose, ni siquiera cuando su señora y sus cachorros le ayudan. Florencio comienza entonces un viaje para buscar remedio. Los más diversos animales de la selva intentan acabar con sus picores, pero sin éxito. Por el camino incluso un mono queda enredado en la abundante melena del león.Encuentra alivio en una charca, y también en la charca unos cocodrilos le aplican un remedio drástico. ¡Por fin! Ahora Florencio puede dormir tranquilo. Aunque… espera un momento… Así nos presenta la editorial Milrazones este álbum ilustrado. Su autora, Sara Fernández Sainz, nos habla de ‘A Florencio le pica la cabeza‘.

¿Cómo nace este proyecto? Sara Fernández Sainz: «Este proyecto apareció cuando no me lo esperaba. Yo estaba trabajando en otra historia de leones, pero había una parte que se me estaba atascando. Un día mis hijos trajeron del cole, por enésima vez, el papelito de “aviso de pediculosis”. Y entonces, gracias a un conjuro que me enseñó Pablo Albo, asocié ideas. De repente me encontré con un protagonista (un león), un problema gordo (unos piojos de los que no hay forma de deshacerse) y pensé: aquí hay una historia, a ver cómo la puedo contar».
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? «A Florencio le pica la cabeza es una historia de piojos. Pero creo que eso es lo menos importante de todo el libro. De hecho no se nombran ni una vez, y aparecen en chiquitito tan sólo en una ilustración. Es verdad que en las guardas ocupan todo el espacio, que se hace un “zoom” sobre ellos, pero es como una historia paralela».
«En realidad el libro casi se puede leer de dos formas, como explico en mis talleres. Una es la convencional, de la primera a la última página, y entonces estamos ante la historia del “rey de la selva” que tiene un problema muy gordo, que necesita –y pide- ayuda y al que todos se la prestan sin pensárselo dos veces, sin importar cuál sea la causa y sin temer las consecuencias. Hay que encontrar una solución y se busca. Otra forma de leer el libro es la que yo llamo exprés. Entonces basta con ver la portada, junto a la primera y la última guarda, con ese “piojo diabólico” indestructible que queda al final, para saber que estamos ante una historia a la que, como todos los que tenemos hijos sabemos y sufrimos de vez en cuando, no es fácil encontrarle un final definitivo», asegura Sara Fernández Sainz.

«Y aparte de estas dos formas de acercarse a este álbum ilustrado, hay otros aspectos que he trabajado desde la creación de los personajes. No aparecen de forma explícita, pero están ahí, igual que en nuestro día a día. Tenemos a Florencio, un protagonista que ejerce la paternidad, que no deja de ser un león por necesitar ayuda, que sabe pedirla, y al que van acompañando una serie de personajes que se la ofrecen sin prejuicios y sin esperar nada a cambio. También aparece cómo surge la amistad cuando alguien te ayuda en una situación difícil. La historia va transitando por problemas que no siempre se solucionan a la primera y hay que seguir buscando, y por personajes con muy buena intención que no hacen sino agravar la situación… En realidad son situaciones que nos pueden pasar a todos pero que, al jugar con el lenguaje de la comedia, están llevadas un poco al extremo. Y sobre todo creo que los lectores se encontrarán con una historia dinámica y divertida, llena de detalles que se van descubriendo en las sucesivas lecturas».
¿Qué importancia tiene el humor en un álbum ilustrado como este? «Diría que toda, lo cual es muy arriesgado porque no hay cosa más peligrosa que intentar hacer algo gracioso y que no funcione. Creo que afrontar un problema con el que las niñas y niños se pueden sentir muy identificados, quitarle importancia, desdramatizar e incluso dejar de estigmatizar es más fácil desde el humor -continúa Sara Fernández Sainz-. Para nada es un libro de autoayuda, pero es muy gratificante, en los talleres que hago, ver cómo se acaban riendo de los piojos. Y hay humor, sobre todo, porque creo que es una buena forma de hacer que las y los lectores disfruten».

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este proyecto? «Quizás la expresividad de los personajes. Antes de formarme como ilustradora hice muchos años de teatro universitario y amateur. También me apunté a muchos cursos de interpretación, dirección, dramaturgia, clown… Cuento todo esto porque para hacer mis ilustraciones, y sobre todo, para crear mis personajes, tiro mucho de trabajo actoral. No es que me ponga como una loca a gesticular en mi estudio (que a veces también), creo que más bien tiro de memoria corporal. Así que, una vez que tengo definido al personaje tanto física como psicológicamente, empiezo a imaginarme cómo se mueve, cómo reacciona ante las situaciones que se le van presentando y cómo estaría en cada trozo de la historia, y lo dibujo. Y por supuesto, no me olvido de la importancia que tienen los secundarios y los extras, que le dan todo el color a una historia».
¿Con qué técnicas trabajaste? «He utilizado acuarela, aunque como material más que como técnica, porque no está usada de forma muy ortodoxa, como creo que se puede notar. Y me he apoyado en lápices de colores. En algunas páginas he trabajado todas las piezas y los fondos totalmente a mano, pero de forma independiente y luego he ido componiendo con la ayuda del ordenador. Así que técnica mixta», afirma Sara Fernández Sainz.

Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. «Casi inmediatamente después de tener la idea del león con piojos me fui al FLIC de Barcelona. En el tren, a las siete de la mañana, me puse a escribirla y no podía parar. También es verdad que iba en el vagón del silencio, y eso ayuda. Y que cuando estás acostumbrada a trabajar con tus hijos pululando por casa, tener casi tres horas sin interrupciones es un tesoro. Sí que tenía claro que iba a usar una estructura clásica, y lo de la comedia de enredos y los personajes con los que se iba encontrando fueron surgiendo. Llegué a la estación de Sants con un embrión de historia. Después lo dejé reposar durante varias semanas. Cuando lo retomé, me puse a hacer los bocetos de las ilustraciones, a cambiar alguna cosa que no funcionaba, a desarrollar los secundarios, a recortar todo el texto que ya estaba contando en imágenes. Se lo presenté a Milrazones, les gustó y nos pusimos a trabajar en ello. Empecé a hacer las ilustraciones definitivas y a seguir recortando texto. Cada vez menos texto, cada vez menos texto… Ahí ha tenido un papel fundamental la parte editorial, porque yo me estaba peleando bastante conmigo misma».

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? «A Florencio le pica la cabeza es mi primer libro publicado. Así que lo más importante que he aprendido con este proyecto ha sido darme cuenta de la importancia que tiene todo el trabajo editorial que hay detrás. Yo había hecho un curso de libro ilustrado en la escuela de Billar de Letras y ya me habían contado que el proceso de edición era importante, pero no sabía que lo era tanto. Sin duda una buena edición mejora un proyecto, lo fortalece. Por mucho que tengamos una buena historia y unas buenas ilustraciones, no dejan de ser nuestras y no tenemos la suficiente perspectiva para tomar según qué decisiones. Al menos yo me he dado cuenta de que no la tengo. En mi caso ha sido, como ya he contado, sobre todo para meterle la tijera al texto. Cuando es algo tuyo, cuesta más verlo; al que lo hace desde fuera le es más fácil, porque tiene la experiencia y el conocimiento que a ti te falta, y sobre todo, porque no tiene ese apego. Y sin duda el resultado final es mucho mejor».
¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? «Ahora mismo estoy trabajando en un libro informativo junto a una amiga, profesora de la UPM. Nos está costando, porque contar las cosas de forma sencilla no es nada fácil. Aunque está mereciendo mucho la pena, y estamos aprendiendo un montón con el proceso. Y también en un álbum ilustrado, que está bastante avanzado en cuanto a estructura, texto y bocetos. Y en marzo publicaré mi primer texto de narrativa con la editorial Edelvives, que también es bastante divertido, o al menos eso creo. Y quizás retome la historia de leones que dejé aparcada para hacer a Florencio».
Cómic
Clara Lodewick aborda la inmigración en ‘Moheeb en el aparcamiento’
Moheeb es un adolescente refugiado que vive en un centro de acogida. Mientras espera una resolución administrativa que no llega, su vida queda suspendida en un presente sin horizonte. El aparcamiento de un supermercado se convierte en su espacio de escape: un lugar donde, junto a otros jóvenes, recupera algo esencial -la amistad, el juego, la sensación de pertenecer a algún sitio-. Apoyado por una asociación, el tranquilo Moheeb parece disfrutar de los largos días de verano. A menos que un fuego secreto esté consumiendo en realidad su coraje y su salud mental… ‘Moheeb en el aparcamiento’ es una novela gráfica sobre la migración, adolescencia, identidad, violencia cotidiana y necesidad de vínculos. Un trabajo de Clara Lodewick que edita Garbuix Books. Con Clara hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo nació este proyecto? “Mi editorial me dio la oportunidad de crear un segundo cómic. Tenía total libertad creativa; es decir, no había ningún encargo. Así que decidí hablar de lo que más me preocupa: el trato que nuestras sociedades dan a las personas sin papeles. Cuando era adolescente, un grupo de afganos sin papeles ocupó una iglesia cerca de mi escuela. Conocí a los chicos, que tenían mi misma edad por aquel entonces (entre 15 y 17 años), nos hicimos amigos, y así descubrí una pequeña parte del infierno que su situación administrativa podía suponer para ellos en su día a día”.
¿Qué encontraremos en este libro? “Seguirás la vida cotidiana de Moheeb, de 17 años, y sus dos amigos, Qaïs y Fazal, que pasan dos meses de verano en un aparcamiento de un pequeño pueblo de Bélgica, esperando una respuesta a su situación. Conocerán a gente del pueblo; algunos les ayudarán, otros empeorarán su situación”, nos cuenta Clara Lodewick.

¿Cómo fue el proceso de preparación del libro? Me refiero a la fase de investigación, las pruebas, incluso los bocetos en el cuaderno… “Quería trabajar en los sentidos, las sensaciones de Moheeb. Son un indicador de la evolución de su salud mental a lo largo del libro. Así que practiqué mucho cómo representar un lugar dibujando solo pequeñas partes, y cómo representar los cinco sentidos en una sola página. Dibujé páginas en (y sobre) diferentes lugares, antes de empezar a dibujar el aparcamiento de Moheeb. Vivía en una autocaravana, así que pude probar muchos aparcamientos diferentes”.

Cuéntanos algo sobre las ilustraciones y sobre las técnicas utilizadas en este libro. “En general, me inspiran Willy Vandersteen, Wilhelm Bush, Bruno Heitz, y para este cómic en particular, también me fijé en la obra de Shin’Ichi Abe. Él es mejor representando los sentidos. Fue todo un reto dibujar un cómic entero en un solo aparcamiento: aunque el cansancio y el aburrimiento son temas importantes, ¡no quería que los lectores se aburrieran demasiado! Así que tuve que pensar en cambiar el punto de vista, dibujar pequeñas escenas en el fondo, etc. -continúa Clara Lodewick-. Los dibujos están hechos con bolígrafo y los colores, una parte muy importante para mí, están pintados con gouache. Dedico mucho tiempo a colorear; es casi meditativo y una parte muy agradable del proceso”.

¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? “¡Largo! Hacer un cómic sobre la situación de las personas sin papelesera algo que queríamos hacer juntos, con mis amigos, en 2014. Pero yo era muy joven entonces y era muy diferente: más bien un proyecto comunitario, con páginas de testimonios. Como adulta, 10 años después, tras haber visto la evolución de la situación de mis amigos y de mi país, tuve nuevas ideas y quise crear una obra de ficción. Quería hablar de diferentes temas, como la salud mental, las dificultades entre madres e hijos, las relaciones desiguales y cómo afrontarlas… Fue un trabajo emocionalmente intenso. Y me costó mucho despedirme de mi personaje al final del libro. Así que cuando dibujo a Moheeb para los lectores en una sesión de firmas, siempre me alegra volver a verlo, aunque sea por unos instantes”, confiesa Clara Lodewick.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Escribí un guión; el cómic es para niños y trata (otra vez, jaja) sobre niños que intentan valerse por sí mismos en un mundo dominado por adultos. Es un cómic de fantasía, dibujado por Andréa Delcorte, cuyos dibujos son increíbles. Se publicará en francés en 2027. Y por mi cuenta, estoy trabajando en una serie/telenovela, que me divierte mucho; los episodios se estrenan cada mes o cada dos meses. Trata sobre una joven que vive con su madre y su tía. A ella le gustaría mudarse de allí, pero cada vez que lo intenta, algo se interpone en su camino”.
Álbum Ilustrado
Verónica Aranda y su trabajo en ‘Bienvenida, amiga ardilla’
Cascabilla la ardilla tenía su nido en el hueco de un árbol y todo preparado para el invierno: una cálida cama hecha de hojas, una despensa a rebosar de frutos secos y cientos de semillas escondidas en lugares secretos del bosque… Ya falta poco para que se instale el invierno y Cascabilla ha trabajado duro para estar preparada. En su apacible nido, en lo alto del árbol, la ardilla ve caer las últimas hojas de otoño cuando, de repente, el tronco cae al suelo. ¡No puede ser! ¡Los castores lo han talado! Cascabilla está desconsolada. ¿Y ahora qué? Con estas palabras la editorial Cuento de Luz nos presenta ‘Bienvenida, amiga ardilla’, una emocionante aventura a través del bosque que construyen Daniel Cañas y Verónica Aranda, con la que hablamos de este álbum ilustrado.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Hace años que conozco a Daniel Cañas y, desde el primer día, habíamos tenido la intención de publicar algo juntos. Pero siempre iban surgiendo cosas y nunca encontrábamos el momento de ponernos manos a la obra con nuestro proyecto. Durante una etapa en la que yo tenía menos carga de trabajo pensé: “ahora es el momento”. Así que le escribí y le pedí que me enviara algunos de sus últimos cuentos. El de la Ardilla fue el que más me encajó y enseguida lo visualicé con mis ilustraciones”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Daniel la primera vez que la leíste? “Lo que más me gustó fue que los protagonistas fueran animales y que la historia transcurriera en el bosque. Soy una gran amante de la naturaleza y es lo que más disfruto dibujando -confiesa Verónica Aranda-. También me llamó la atención la estructura repetitiva del cuento, porque me pareció muy dinámica y divertida para los pequeños lectores. Además, transmite valores como el compañerismo, el respeto y la gratitud, algo que considero muy importante aprender desde edades tempranas”.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Animales. Muchos animales escondidos por aquí y por allá. En todos los libros que ilustro intento cuidar mucho los detalles para que los niños puedan entretenerse observando cada página. Pero en este álbum quise implicarme al 200%. Y si se fijan bien, incluso encontrarán una pequeña subtrama entre dos pájaros carpinteros que desarrollé para enriquecer todavía más la historia”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Pues como he dicho anteriormente, creo que mis ilustraciones se caracterizan principalmente por la cantidad de detalles que contienen. A nivel de color, me gusta trabajar con gamas cromáticas vivas y luminosas, y sobre todo jugar con las luces para crear escenas cálidas y envolventes”, nos cuenta Verónica Aranda.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Yo soy digital 100%, desde el storyboard hasta el arte final. Trabajo únicamente con Photoshop, en una tablet con pantalla grande. Aun así, me gusta conservar cierta sensación tradicional en el acabado, por eso trabajo con muchos pinceles y texturas diferentes que aportan ese aspecto más orgánico y “hecho a mano”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Siempre que ilustro un libro termino aprendiendo cosas nuevas relacionadas con su temática. En este caso descubrí algún que otro dato curioso sobre las ardillas, los pájaros carpinteros, los castores o las liebres. Por ejemplo, me sorprendió muchísimo la memoria que pueden llegar a tener las ardillas: son capaces de recordar los escondites donde almacenan su alimento creando mapas mentales y ayudándose con marcas visuales del entorno”, afirma Verónica Aranda.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En este álbum, la forma de trabajar fue muy distinta a la de otros encargos editoriales que había hecho anteriormente, porque Daniel y yo iniciamos el proyecto de una manera totalmente libre, sin la presión de una fecha de entrega. Fue un proceso que se cocinó a fuego lento durante dos años”.

“Primero realicé un storyboard para distribuir el texto en las distintas dobles páginas y decidir qué escenas podían ilustrarse mejor. Después empecé a trabajar en los bocetos a tamaño real, siempre contando con el feedback de Daniel. Precisamente, una de las cosas más bonitas de este proyecto fue la comunicación constante entre nosotros. Hubo un intercambio de ideas muy enriquecedor y, de alguna manera, ambos fuimos alimentando creativamente el trabajo del otro”.
“Cuando ya tuvimos una maqueta sólida, decidimos presentarla a algunos premios de álbum ilustrado, entre ellos el Premio Lazarillo, aunque finalmente no hubo suerte. Más adelante, Daniel -que ya tenía relación con la editorial Cuento de Luz y había publicado otros álbumes con ellos-, les enseñó nuestro proyecto. La editora quedó tan encantada que nos dio el sí prácticamente al momento. Gracias a ellos, nuestro cuento terminó convirtiéndose en realidad dos años después de haber comenzado este viaje”, asegura Verónica Aranda.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Hace poco se publicó el último libro que he tenido el placer de ilustrar, Joel i el Drac Ocult, escrito por Laura Borao y editado por Edelvives. Y ahora mismo estoy en una etapa un poco más pausada, ya que estos últimos meses han sido bastante intensos tras la compra de mi primera vivienda. Además, trabajo a jornada completa como maquetadora en una editorial y entre unas cosas y otras apenas me queda tiempo. Aun así, espero poder retomar pronto el dibujo y empezar nuevos proyectos”.
Álbum Ilustrado
Mar Azabal nos muestra los ‘Tesoros en los bolsillos’
‘Tesoros en los bolsillos’ es una invitación poética a disfrutar sin prisas de lo cotidiano, lo pequeño, lo cercano, y a llenar los bolsillos de experiencias para compartir. Representa la curiosidad de la infancia, su capacidad de asombro y sorpresa, su habilidad para percibir belleza en lo más simple. Así es como de “cosas útiles e inútiles, bonitas y raras, cosas ni bonitas ni raras” se llenan los bolsillos de la niña que protagoniza estos poemas ilustrados de verso libre. Un trabajo de Isabel Cobo y Mar Azabal que edita Kalandraka. Con Mar hemos hablado sobre su trabajo en este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Kalandraka se puso en contacto conmigo y me propuso ilustrar el poemario; ellos creían que yo encajaba para ilustrar los poemas de Isabel. Me pasaron el texto y me encantó”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Es una belleza de poemario. Se centra en lo cotidiano, en la naturaleza, en las cosas pequeñas que nos rodean, en objetos que a los ojos de un adulto son insignificantes, pero que a los ojos de un niño son verdaderos tesoros. Creo que es un poemario que no tiene edad; a través de sus páginas se nos invita a disfrutar sin prisas de lo cercano”.
“Los adultos pueden identificarse con la protagonista; yo lo hice, me vi reflejada en ella -confiesa Mar Azabal-. Sus miedos, sus sueños, sus anhelos eran los mismos que los que yo sentí cuando fui niña y pueden ser los mismos que siente cualquier niña o niño en la actualidad; son emociones atemporales, se sienten de niño y de adulto”.

“A mí me encanta, aun a día de hoy, guardar tesoros en los bolsillos, por ejemplo, piedras con formas peculiares. El verano pasado recogí de la playa dos trozos de cerámica; no sé a qué objetos habrán pertenecido, pero a mí me encantaron sus bordes pulidos por la arena, sus colores azules, blancos y amarillos. Ahora me acompañan, como muchos tesoros, en mi estudio, y cuando los miro, me imagino historias que podrían formar parte de ellos. Entre sus páginas encontrarán algunos de mis tesoros de niña, como por ejemplo las canicas, que acompañan al resto de tesoros que nos regala Isabel”, nos cuenta Mar Azabal.
¿Qué te parecieron los poemas de Isabel tras una primera lectura? “Delicados, sugerentes. Los leí y mi mente se llenó de imágenes; aún hoy, cuando los vuelvo a leer, acuden a mí montones de imágenes”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Lo primero que hice fue probar qué técnica me servía mejor para trabajar las ilustraciones. La primera ilustración que hice fue la que acompaña al poema Semillas; probé con la acuarela porque quería algo muy delicado, pero no me gustó el resultado. Decidí entonces usar el pastel y, al ver la ilustración finalizada, me gustó el efecto que daba. Decidí que trabajaría las ilustraciones con grafito y pastel y algún toque con lápiz de color. La siguiente ilustración que realicé fue la de la tiza y ya me quedó claro; la imagen tomaba un aspecto etéreo con el fondo de pastel difuminado, era como si la propia tiza de la niña estuviese siendo utilizada para dibujar el libro y eso me convenció del todo”, asegura Mar Azabal.

¿Qué poema te resulta más atractivo? “Mi poema preferido no va acompañado de ilustración; lleva por título Acerca de guardar. Pero tengo que decir que me gustan todos y que todos me generan imágenes y eso me encanta”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Sólo había ilustrado un poemario y era para adultos; es la primera vez que ilustro poesía para niños y me he sentido muy bien haciéndolo, aunque como ya he comentado es un poemario para todas las edades”.

“Es totalmente distinto al trabajo que hay que realizar para un álbum ilustrado. No tienen nada que ver, la narrativa visual es totalmente diferente -afirma Mar Azabal-. A parte en los álbumes suelo usar técnicas mixtas, mezclo mucho; el trabajo es muy artesanal. En los últimos años he trabajado en proyectos muy diferentes unos de otros. He ilustrado novelas para adultos y he trabajado la ilustración fuera del mundo del libro, lo que me ha llevado a usar cada vez más la tableta gráfica; antes me resultaba imposible dibujar desde cero en digital, siempre tenía que tener un papel, algo físico, tangible, del que partía; ahora, dependiendo de los tiempos de entrega, ese paso prácticamente ha desaparecido”.
“En ‘Tesoros en los bolsillos’ ha sido como volver a mis inicios, a la línea simple del grafito. Más que algo nuevo, es una vuelta a mi esencia, a esas ilustraciones en las que, sin estar ligadas a un texto, había cierto aire poético, delicado, a las ilustraciones con las que comencé a darme a conocer”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Lo primero que hice fue un boceto de las ilustraciones que acompañarían los textos, algo así como un storyboard de todas las ilustraciones, para intentar dar continuidad a las ilustraciones. Tras decidir qué técnica iba a utilizar, comencé a dibujar distintas versiones de algunas de las ilustraciones que acompañarían a los poemas. Me resultaba muy agradable dibujar con una línea tan sencilla y tan mía; no sabría cómo explicarlo: es la primera vez que al afrontar un encargo de editorial me he sentido como si dibujase para mí, sin la presión que supone que esas ilustraciones van a ser después expuestas al público”, nos cuenta Mar Azabal.

“Como te decía, algunas ilustraciones tienen varias versiones distintas; se las mostré a la editorial y ellos seleccionaron las que mejor se ajustaban al texto. Solo una de ellas, la primera, me dio dolor de cabeza, porque la editora me comentaba que la posición de uno de sus brazos era forzada y yo me empeñaba en cambiar el que no era, hasta que al repasar las ilustraciones con la editora, coincidimos físicamente, ella señaló el brazo que tenía el fallo. Es la única ilustración que he repetido para corregir, y no una vez, sino cinco veces”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Estoy trabajando con una novela clásica ilustrada para adultos y con un encargo para una asociación de un agenda. Los trabajos van llegando poquito a poco; lo importante es que no dejen de llegar, y que sean satisfactorios”.
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