Entrevistas
Juan Palomino nos abre esta ‘Cajita de fósforos’
Una cuidada selección de la mejor poesía infantil no rimada en Hispanoamérica, desde Jorge Luis Borges a María José Ferrada, enciende la llama de esta singular ‘Cajita de fósforos’. Así nos presenta la editorial Ekaré este fantástico libro ilustrado por Juan Palomino, con el que charlamos sobre su trabajo en este proyecto.
¿Cómo nace este proyecto? Juan Palomino: “Te puedo contar cómo llegó a mí, porque creo que su historia es muy larga, y empezó con una investigación de Adolfo Córdoba. Para mí comenzó cuando me contactó Pancha Mayobre, de Ekaré. Después de no habernos podido ver durante la FIL de Guadalajara en el 2018, nos encontramos más bien en la Ciudad de México, unos días después. Cuento esto porque creo que desde que nos vimos, en una reunión más bien festiva y cercana que lo que en general se espera de una junta de trabajo, se formó un vínculo íntimo entre nosotros y con el proyecto. Me explicaron ahí de qué iba todo, y me emocionó la noticia por varias razones: era un gusto poder trabajar con Ekaré, que tiene libros muy bonitos y cuidados, se trataba de ilustrar poesía, cosa que a mí me gusta aunque me da inseguridad hacer; era una selección de Adolfo Córdoba, que además de amigo es un gran conocedor de la literatura infantil, poeta él mismo; y, quizá la más importante, el reto era que la imagen, que me tocaba a mí hacer, tenía que generar un vínculo gráfico, entrelazar de algún modo los poemas, que aunque independientes, resuenan unos en otros. Para mí eso era una tarea muy interesante, aunque también difícil”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Creo que el título del libro es muy afortunado. Tiene el espíritu de esas cajitas, algunas de fósforos y otras no, en las que de niños guardamos objetos que por alguna razón nos parecen valiosos. Son objetos de naturaleza diversa, pero cada uno es un pequeño universo, una experiencia, un recuerdo. Los une, de un modo misterioso, aunque con una armonía extraña, estar juntos ahí, ser la forma concreta de una red de la memoria, de sensaciones, de la experiencia íntima”.
“Este libro es una selección de poemas no rimados de autores y autoras de 10 países de Iberoamérica, que abarcan un siglo de poesía -continúa Juan Palomino-. Cada uno resuena en el anterior, y cada uno, como los objetos de una cajita de tesoros, es una huella, un fragmento de un mundo mayor que al mismo tiempo que se basta a sí mismo se abre hacia afuera, se expande y se comunica con los otros, del mismo modo en que en una cajita de tesoros los objetos son parte de una red que no se muestra mas que al verlos en conjunto”.
“Las imágenes que los acompañan buscan estar en armonía con el tono de cada uno, al mismo tiempo que conservan y potencian las conexiones sutiles entre ellos, en un juego de significación y resignificación de los objetos que aparecen, reaparecen y se transforman”.

¿Qué tiene de especial o diferente ilustrar poesía? “Ilustrar poesía, para mí, es donde el diálogo posible entre palabra e imagen encuentra su dimensión más rica. No quiero decir con esto que en otros diálogos texto-imagen no pueda darse el mismo juego, pero en el caso de la poesía ilustrada se evidencia su necesidad, y su potencia. Cuando empezaba a explorar este oficio, Fabio Morábito me dio la oportunidad de ilustrar un libro con sus poemas. Yo era muy novato e inexperto, y recuerdo de esa experiencia que él me dijo que un poema solo se puede ilustrar con otro poema. Creo que eso es cierto en la ilustración en general, y más claramente cuando se trata de ilustrar poesía”.
“En un poema el lenguaje se abre, se muestra en su aténtico carácter polisémico, inacabado. Un poema no es unívoco, no tiene un mensaje concreto, definido, qué transmitir -asegura Juan Palomino-. En el poema las palabras y los versos no son solo lo que inmediatamente leemos. En el poema hay juego, ritmo, música. Es al mismo tiempo el abismo que contienen las palabras y su pura superficie, su sonido. La imagen que ilustra un poema tiene que ser fiel a eso. Su pretensión no puede ser la de decodificarlo, traducirlo, explicarlo, completar su sentido. Hacerlo mataría lo que hay vivo en él, su naturaleza abierta, dinámica, floreciente. Para ilustrar un poema es necesario, creo, pensar que la imagen gráfica es también imagen poética. Lo que aparece en ella debe disparar hacia afuera y hacia adentro, no agotarse en lo que vemos. Tampoco puede ser el resultado de una autopsia del texto, ni su punto final. La ilustración de la poesía es más bien un diálogo de sensibilidades, de semillas que germinarán en la lectura. Su papel es el de ser una especie de caja de resonancia de lo que hay en el poema, y también el de generar su propia música, su propio juego”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Creo que lo particular fue el proceso de generar una especie de universo compartido para las imágenes que acompañan cada poema, que no fue creado para leerse con los demás de esta antología. La forma que tenía la selección que hizo Adolfo fue un buen punto de partida. Lo que determina el acomodo particular de los poemas es que hay alguna palabra, alguna idea o metáfora que salta de uno a otro, como si la llama de cada fósforo encendiera al que tiene al lado. Lo que hice para pensar en el hilo de las imágenes de este libro fue apropiarme de ese principio, y establecer una serie de objetos que al mismo tiempo que se mantenían, de algún modo, se iban transformando en una especie de secuencia sugerida por los poemas, pero también por la lógica misma de las imágenes, de lo que había acontecido antes -nos cuenta Juan Palomino-. Lo que permitió este camino es que la forma final de las imágenes fuera el resultado de un juego que no estaba totalmente determinado por lo que pasaba en cada poema, que tenía su propio sentido misterioso y oculto incluso para mí. De este modo, había una especie de conjunto de reglas que disparaba las imágenes por fuera de la determinación absoluta que podía esperarse por su convivencia con un poema u otro, al mismo tiempo que, en cada caso, era como si en cada parada los personajes y objetos que aparecen en ellas tuvieran una conversación distinta, como si los poemas alteraran sus formas y significados sin eliminar su propia inercia, su camino futuro y su pasado. Al final, entonces, una misma forma acumula en la secuencia los sentidos que tuvo en las anteriores, en un juego de significados que acompaña el juego de los poemas y de los puentes más o menos arbitrarios entre ellos”.

¿Qué hay de diferente respecto a otros trabajos? “El proceso, totalmente -afirma Juan Palomino-. A pesar de lo que he dicho antes tengo, por personalidad y formación, el hábito perverso de intentar traducir en imagen todo lo contenido en los textos que ilustro. Me cuesta mucho trabajo darle espacio al juego y al accidente, y en general construyo imágenes como si fueran un mecanismo muy planeado de relaciones entre objetos, formas, colores.
En este caso, y dado que la tarea era ilustrar poesía, tenía la responsabilidad y la necesidad personal de enfrentarme con esos hábitos, y para esto, establecer una serie de reglas, un juego con sus reglas, me permitió generar un diálogo más interesante entre los poemas y sus imágenes, al mismo tiempo que era una forma de obligarme a tomar caminos cuyos finales no podía prever”.
“En cuanto a lo plástico, en este libro, como en otros también recientes, he intentado usar cada vez más materiales y técnicas tradicionales, con composiciones que tampoco están determinadas desde el principio, sino que se construyen más orgánicamente a partir de los elementos que sé que van a habitar cada imagen. De este modo hay caminos conceptuales y formales que escapan de mi control y permiten encuentros y valores más complejos”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “En general son una mezcla de monotipias con dibujos hechos con distintos materiales. Cuando sabía más o menos qué va a haber en una imagen, hacía muchos dibujos separados que luego digitalizaba y componía para construir la ilustración final”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. “Para mí el peso más importante en el proceso de ilustración de un libro está en la lectura -confiesa Juan Palomino-. En darle la atención y el tiempo necesario para que esa lectura sea profunda, pero sobre todo íntima. Creo que cuando un ilustrador llega a este punto tiene recorrido gran parte del camino, porque las imágenes que surgen de una relación íntima con un texto, en la que se cruzan las sensibilidades de los autores, y no solo sus superficies, es posible crear imágenes que hablen también íntimamente a los lectores, y no se agoten de inmediato. Lo que siguió a eso fue, por un lado, empezar a pensar en una estructura gráfica que conservara y potenciara la lógica existente en la ordenación de los poemas, y que al mismo tiempo permitiera relacionarse con cada uno”.
“A mí me gustaba mucho la relación de los poemas con esos objetos que generalmente dejamos de tener cuando crecemos, pero que son tan importantes y preciados en la infancia. Empecé mi proceso pensando que quería usar en las imágenes objetos que hicieran referencia a los que solemos poner en este tipo de cajitas. Plantear un diálogo entre mis objetos de la infancia y sus significados posibles con lo que había en los poemas. Sin embargo, abandoné parcialmente ese camino cuando, leyendo el poema de María Elena Walsh que le da nombre al libro, tuve una especie de revelación sobre la naturaleza de las cajitas de tesoros, y su relación con la palabra en la poesía -cuenta Juan Palomino-. En él, María Elena dice que los adultos no saben apreciar los objetos que ponemos de niños en esas cajitas. Botones, pelusas, pedazos de hilo no tienen valor por sí mismos. Pero la razón por la que los ponemos ahí no necesariamente está basada en las formas de valoración adultas, consensuales. Son valiosos para nosotros porque encontramos en ellos algo particular, porque podemos verlos por sí mismos, pero también porque señalan otras cosas, nos gusta una canica porque es un pequeño mundo, un pedazo de hilo porque nos remite al lugar o la circunstancia en la que lo encontramos. De este mismo modo, creo, funcionan las palabras en los poemas, y los poemas mismos. En un poema las palabras y los versos se abren hacia afuera y hacia adentro de sí mismos. No son solo lo que inmediatamente nos parece que son, al mismo tiempo que un poema nos permite apreciarlas en su forma, en su sonido, en su superficie. La poesía las sacude y las vuelve a la vida”.
“A partir de esto, y de la lógica interna de la antología, en la que una palabra salta de un poema al otro, pensé en un juego gráfico posible en el que una serie de formas aparecieran y reaparecieran a lo largo de los poemas conservando a veces su significado, a veces transformándose. Así, el círculo que sugiere un globo es también la undulación que produce un objeto al caer al agua, y también es estrella, luciérnaga, ojo, fósforo apagado. Con este dispositivo podía dialogar de forma específica con los poemas, y también conservar algo de lo que había pasado en imágenes anteriores, o anunciar transformaciones futuras. Así, las formas y las imágenes serían como las palabras en los poemas, y también como los objetos en una cajita de tesoros”.
“A esta lógica le sumé un par de personajes, una niña y un niño, que interactuarían con las formas y con los poemas para tener un sentido más narrativo a lo largo del libro, una especie de hilo formal, conceptual, y también una especie de historia, un vaivén entre lo que hacía la niña y el niño, entre la noche y el día, entre lo claro y lo oscuro, entre el fósforo prendido y apagado. Al final son estas formas, y los poemas, los objetos dentro de la cajita, y el libro la cajita misma”.

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Para mí, lo más interesante en el proceso que seguí con este libro, es que una vez que se encuentra o se determina una serie de reglas del juego que determinará el funcionamiento de la narrativa gráfica, es que lo que sigue es más una tarea de escucha, de obediencia y de cuidado de lo que está sucediendo, que un camino trazado conscientemente por uno mismo hacia un fin que aunque no conocemos se puede prever, y controlar. Creo que esto fue lo más valioso en mi aprendizaje. Por un lado, dejar de pensar, de una forma más radical y profunda, que una imagen tiene que decir lo mismo que dice el texto. Pensar en otras formas de acompañarlo, de dialogar con él, de plantear tensiones y armonías. Y por otro, encontrar maneras, trucos, trampas que se puede poner uno mismo y que permiten tomar esa distancia, recorrer el camino de la ilustración más como una exploración en la que vamos encontrando cosas, y en la que la tarea es más cercana a estar atentos a lo que sucede más que a construir con un plan, a pesar de lo que encontramos”.
“Últimamente pienso que dibujar, ilustrar, crear, es más una cuestión de establecer condiciones que permitan un acontecimiento que diseñar y llevar a cabo un camino preestablecido -firma Juan Palomino-. No creo estar todavía a la altura de mis propias ideas, pero ha sido revelador pensar mi trabajo desde ese lugar, que es bastante distante del que solía ser mi punto de partida”.
¿Con qué versos te quedas de los que aparecen en esta selección? “Me quedo con el poema de María Elena Walsh. Fue el que abrió la posibilidad de una relación íntima con el libro, y también el que inspiró el juego que determinó la forma en la que funcionarían las imágenes”.
¿En qué estás trabajando ahora? “Estoy trabajando en un par de libros álbum para niños. La pandemia ha volteado todo de cabeza, y ha sido complicado retomar ordenadamente los proyectos, pero espero terminarlos pronto. Por otro lado, doy clases en una universidad, lo cual es una dimensión importante de mi experiencia de la profesión. Lo que me interesa en estos momentos es tomarme un tiempo para asentar y poner en práctica las cosas que he aprendido teóricamente en los últimos años. Nunca he sentido que soy dibujante, y me gustaría aprender a dibujar más, sin la necesidad de textos o narraciones. También quisiera hacer un libro o una serie de libros que exploren las posibilidades del diálogo texto-imagen. Me interesa mucho el libro álbum como formato y como género, creo que hay muchas posibilidades por explorar ahí”, concluye Juan Palomino.
Cómic
Anna Aparicio Català nos descubre a ‘La Ondina del estanque’
Tenía los ojos claros como el mar en verano, la piel blanca como la espuma de las olas y una voz que recordaba el vaivén de los océanos. Cuenta la leyenda que perdió su alma y que la soledad la sumió en una tristeza infinita. Desde entonces, vaga en búsqueda de un compañero… Con estas palabras la editorial Sallybooks nos presenta ‘La ondina del estanque’, un cómic de Anna Aparicio Català. Con ella charlamos un poquito más sobre este proyecto.
Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto. “El proyecto surgió a raíz de mi primer viaje a escuelas francesas, durante el Festival de Annonay de 2020. Paseando por la ciudad, entré por casualidad en una librería y descubrí un cómic ilustrado por Nuria Tamarit. Era una adaptación de un cuento de los hermanos Grimm, con una edición preciosa de la editorial Les Aventuriers de L’Étrange. Vi que tenían más títulos publicados y, entre ellos, estaba El zapatero y los duendes, adaptado por Pedro Rodríguez. Nunca había trabajado en cómic y pensé que sería genial poder hacerlo, y además dentro de una colección que me parecía tan interesante. Conocía a Pedro, así que me puse en contacto con él para pedirle consejo. Me animó a preparar una propuesta y presentársela al editor, y así fue como empezó todo”, nos cuenta Anna Aparicio Català.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este cómic? “En La Ondina del estanque los lectores encontrarán una historia llena de misterio y magia, pero también una mirada muy personal sobre uno de esos cuentos tradicionales que han pasado de generación en generación. He intentado conservar el espíritu del relato original y, al mismo tiempo, llevarlo a mi propio terreno a través del dibujo y del lenguaje del cómic. Hay momentos de oscuridad y de tensión, pero también mucha belleza y delicadeza. El agua, el bosque y la naturaleza tienen además un papel muy importante y ayudan a crear una atmósfera onírica que me interesa mucho”.
“Sobre todo, me gustaría que el cómic invitara a recuperar esa capacidad de creer en la parte poética de la vida, en aquello que no siempre podemos explicar ni comprender -continúa Anna Aparicio Català-. Creo que las leyendas tienen precisamente ese poder: hablarnos de lo misterioso, de lo invisible, de todo aquello que escapa a la razón y que, sin embargo, forma parte de nuestra manera de entender el mundo”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… ¿cómo nace este personaje? “Recuerdo haber pasado días buscando qué historia quería adaptar, y no fue fácil. Tenía claro que no quería trabajar con un cuento demasiado conocido y que me interesaba que el personaje principal fuera femenino, algo que no es tan habitual en las historias de esa época”.

“Al final encontré La Ondina del Estanque y me pareció una historia muy bonita. Además, el tema del agua me atrae especialmente. Siempre acabo encontrándome con historias en las que el agua tiene un papel importante, como en Agua, mi primer álbum ilustrado como autora, así que supongo que hay algo ahí que me interesa de manera muy intuitiva. La historia original era bastante larga y no encajaba con el número de páginas que teníamos, así que decidí acortarla, intentando mantener la línea del relato. A partir de ahí empecé a trabajar en el personaje, y la verdad es que surgió bastante fácilmente”, asegura Anna Aparicio Català.

“No siempre tengo la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos, así que fue algo que disfruté mucho. Y, además, imaginar y dibujar a una mujer que vive en un lago me parecía una idea muy poética. Creo que desde el principio hubo algo en ese personaje y en ese entorno que me resultó muy sugerente”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “El formato cómic es muy diferente al del álbum ilustrado y, para mí, trabajar en él fue todo un descubrimiento. Las viñetas permiten hacer juegos visuales muy interesantes y detenerse en pequeños detalles, gestos o momentos que quizá en un álbum no habría tenido la oportunidad de desarrollar. Para mí fue un regalo poder hacer este proyecto. Fue un trabajo muy libre y muy feliz. Tenía una historia como punto de partida, pero poder adaptarla personalmente, decidir dónde había texto y dónde no, y dejar que en muchos momentos fueran las imágenes las que contaran, me resultó muy liberador”, confiesa Anna Aparicio Català.


“También fue revelador trabajar con una historia algo más adulta de las que suelo ilustrar y, sobre todo, tener la oportunidad de dibujar personajes femeninos adultos. Hay una especie de tríada femenina en la historia: la Ondina, Hannah y la guardiana del bosque. Y me interesaba especialmente jugar con la representación de estos personajes y romper un poco con ciertos arquetipos visuales que tenía interiorizados: la idea de que el personaje protagonista es bella, mientras que el antagonista suele tener una apariencia menos idealizada. No quería plantear los personajes desde esa oposición tan evidente. Me interesaba que la belleza no estuviera necesariamente asociada a la bondad, ni su ausencia a la maldad, y que cada personaje pudiera tener una personalidad más compleja”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Al principio me planteé hacer los originales a tinta y trabajar después el color en digital, pero era un proyecto largo y, además, era la primera vez que hacía un cómic, así que finalmente decidí trabajarlo todo digitalmente, en Photoshop. Aun así, intenté en todo momento que el resultado fuera lo más orgánico posible, que no se percibiera como un trabajo excesivamente digital y conservar, dentro de lo posible, la textura y la sensación del dibujo tradicional”, señala Anna Aparicio Català.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “La verdad es que todo el proceso salió de una manera muy orgánica. Hice todos los bocetos a lápiz y, poco a poco, la historia fue desvelándose mientras avanzaba. Lo hice durante el verano, cuando tenía mucho tiempo para mí, y fue genial poder trabajar sin presión y dejar que el proyecto fuera tomando su propia forma. El editor me acompañó mucho y muy bien durante todo el proceso, y yo podía ir viendo qué funcionaba y qué no, haciendo cambios sobre la marcha. Aunque al principio pensaba que serían unas 80 páginas, al final fueron cien y pico. Pero era lo que pedía la historia, así que decidí dejar que creciera”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Justo acabo de terminar un libro que ha sido también una nueva aventura para mí: Il libro di febbraio, para la editorial Nomos, en Italia. Forma parte de una colección de almanaques ilustrados, uno dedicado a cada mes del año, en los que cada día es una pequeña puerta a la historia: descubrimientos, personajes, acontecimientos, curiosidades, arte, ciencia, literatura… Me ha gustado mucho trabajar en un proyecto tan diferente y poder jugar con tantas historias e imágenes. Y también tengo una noticia muy bonita: este año se va a publicarEl Vals de la Montaña, que es mi primer cómic como autora integral. Se publicó en Francia el año pasado, con Les Aventuriers d’Ailleurs, y ahora Liana lo publicará en castellano y catalán, lo que me hace muchísima ilusión”.
Álbum Ilustrado
Sergio Alcántara y Manuel Gavilán dan vida a ‘Aslan, un ángel de 4 patas’
Aslan es un perro especial que cuida a Manuel, avisándole cuando su azúcar baja. En esta historia descubrirás cómo aprendió a hacerlo y cómo juntos enseñan a otros sobre la gran labor que prestan los perros de asistencia. «Aslan, un ángel de 4 patas» es la historia real del primer perro de asistencia en Andalucía (España) entrenado para Alerta Médica. Mediante su olfato, detecta las bajadas bruscas de azúcar y avisa a su dueño, Manuel Gavilán, quien padece diabetes, salvándole la vida a diario.Un libro de Manuel Gavilán y Sergio Alcántara, con los que hemos charlado un poquito más alrededor de este proyecto de álbum ilustrado.
¿Cómo nace este proyecto? Manuel Gavilán: “Este proyecto surge de la necesidad de dar respuesta a la pregunta «¿qué puedo hacer yo para que esto cambie?» y para dotar de medios a los profesores de los centros visitados a lo largo de 5 años, donde hemos impartido charlas divulgativas sobre la realidad de los perros de asistencia y sus usuarios. Es decir, hace 7 años tomé la decisión, por cuestiones de salud, de adquirir y preparar a una perro «ASLAN», como perro de asistencia, en la tipología de AVISO/ALERTA MÉDICA, frente a mis bruscas e inesperadas bajadas de azúcar en sangre. Pese a haber normativa y legislación que reconocía esta figura de los perros de asistencia y en la que se nos reconocía el derecho al acceso a todo espacio público y privado de uso público, la realidad con la que nos encontrábamos es que la gente, los responsables del control de accesos y las propias fuerzas de seguridad (Policía Local y Nacional y Guardia Civil), no tenían claridad al respecto y en muchos casos, desconocían esta situación, por lo que nos encontramos en numerosas ocasiones con problemas para que se nos permitiera el acceso a hospitales, medios de transporte, centros comerciales, supermercados, restaurantes, hoteles, etc… Y de ahí fue de donde surgió la pregunta anteriormente mencionada: ¿Qué puedo hacer yo para que esto cambie?, cuya respuesta fue DIVULGAR”.
“Al acudir de manera altruista a centros educativos, asociaciones, colectivos, academias y centros de formación en general, sobre todo en aquellos centros en los que había alumnos pequeños y jóvenes, todo era nuevo, llamativo y espectacular, por lo que generaba muchas preguntas el día de la visita y también con posterioridad, motivo por el cual los profesores me pidieron que les facilitara material para que ellos pudieran abordar este asunto de la DIABETES y los PERROS DE ASISTENCIA, a lo largo del curso escolar. De ahí que realizáramos el libro ilustrado «Aslan un ángel de 4 patas». Este material es de carácter benéfico, ya que todos los beneficios recogidos de la venta de los mismos va destinado a diferentes colectivos que han estado muy involucrados en acompañarnos en esta labor de divulgación sobre la realidad de los perros de asistencia y sus usuarios”.

Sergio Alcántara: “Este proyecto nace de la historia real de sus protagonistas, Manuel y Aslan. Hace años, por motivos de salud, Manuel necesitó incorporar a su vida un perro de asistencia. Desde entonces, Aslan se convirtió en su compañero inseparable de forma permanente. A partir de ahí, ambos han tenido que enfrentarse a complejas situaciones en espacios públicos, muchas veces provocadas por el desconocimiento de la sociedad. Esa falta de información sobre la labor, los derechos y la importancia de los perros de asistencia llevó a Manuel a iniciar un proyecto de divulgación. Primero nació su libro «Aslan. Mucho más que un perro» y, posteriormente, el cuento infantil «Aslan, un ángel de cuatro patas», con el objetivo de acercar esta realidad a los más pequeños”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Cuenta la historia de Manuel y Aslan; una historia real de un binomio que ha sido y sigue siendo «punta de lanza» en Andalucía en relación a la lucha por los derechos de los usuarios de los perros de Asistencia -nos cuenta Manuel Gavilán-. Es un libro en el que se reconoce la admirable labor de estos animales y en concreto de Aslan, que como siempre digo dedica su vida a salvar la mía, porque él siente lo que yo no siento. Por tanto se aborda cómo se seleccionó, cómo se adiestró y cómo cumple con su cometido de salvarme la vida cada vez que da su aviso”.
¿Cómo ha sido el trabajo con Sergio? “En primer lugar y como antecedente para contextualizar, Sergio y yo nos conocíamos de años atrás y yo conocía su habilidad con el dibujo y su arte como ilustrador, por eso, cuando surge la idea, le llamé para consultarle, pedirle opinión y preguntarle si él me podía recomendar a alguien para este cometido. Inmediatamente se ofreció y se puso manos a la obra para realizar el proyecto, poniendo su tiempo, su conocimiento y su arte a disposición de esta causa. Una vez en este punto y gracias a la profesionalidad de Sergio Alcántara, todo fue muy fluido. Le aporté el texto para el libro ilustrado «Aslan un ángel de 4 patas», junto a él hicimos una serie de modificaciones y adaptaciones para que las ilustraciones cuadrasen y de ahí en adelante, solo me dejé llevar por sus primeros diseños, borradores y cómo esos primeros trazos fueron cobrando forma y vida en el libro ilustrado”.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, también después de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Como en muchos proyectos creativos, la primera etapa fue una de las fases más exigentes de todo el proceso -nos cuenta Sergio Alcántara-. El primer paso consistió en estructurar la historia, escrita y adaptada por Manuel, y decidir qué fragmento de texto debía aparecer en cada página. Esto me permitió calcular la extensión adecuada del álbum ilustrado y comenzar a desarrollar el storyboard. Una vez definidos los bocetos y la composición general de cada escena, empezó la parte más creativa y también más divertida: el diseño de los personajes. Para crear a Aslan trabajé a partir de numerosas referencias fotográficas, mientras que para definir el estilo visual del cuento recopilé y analicé ilustraciones de distintos artistas que me sirvieran de inspiración, como Rocío Bonilla o David Sierra, dos de mis favoritos. A partir de ahí comenzó un largo proceso de estudio, bocetos y pruebas con diferentes técnicas y estilos, hasta encontrar la apariencia exacta que quería para los protagonistas y para el conjunto del libro”.
¿Cual ha sido tu mayor descubrimiento tras ese proceso o qué te ha sorprendido más? “Mi mayor descubrimiento fue comprobar que una de mis principales inseguridades acabó convirtiéndose en una de las mayores fortalezas del proyecto: encontrar un estilo propio. Durante gran parte del proceso me hacía constantemente la misma pregunta: «¿Cómo voy a desarrollar un estilo personal que me defina si nunca antes había trabajado la ilustración infantil?». La respuesta apareció casi sin darme cuenta, durante la última fase. A medida que avanzaba con el color y el arte final, comprobé que ese lenguaje visual que buscaba no tenía que ser forzado. Surgió de manera natural a través del propio proceso, de las decisiones tomadas y de todo lo aprendido durante el desarrollo del cuento”.

¿Qué te parece el trabajo de Sergio para este libro? “Me parece «una pasada». Se que para los que trabajáis en este mundo, lo veréis como algo natural, pero para mí, como persona ajena a este arte, a esta habilidad, a este don, es incomprensible, cómo ha podido comprimir más de 300 páginas de historia del libro «Aslan alerta médica, mucho más que un perro», es decir, la historia de 6 años de vida de Aslan y Manuel, en 42 ilustraciones que relatan, resumen y cuentan esta historia en imágenes. Simplemente increíble”, confiesa Manuel Gavilán.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Diría que lo más característico son las escenas y su intención narrativa. Me enfoqué especialmente en representar con la mayor fidelidad posible cómo trabajan los perros de asistencia: desde su adiestramiento y las distintas funciones que pueden desempeñar, hasta el acompañamiento diario de sus usuarios -afirma Sergio Alcántara-. Con respecto a otros trabajos, este cuento supuso para mí una forma diferente de abordar la ilustración. No buscaba únicamente crear imágenes atractivas, sino hacerlas claras, cercanas y comprensibles para el público infantil, manteniendo al mismo tiempo el componente emocional de la historia. A nivel estético, no considero que haya tratado de inventar algo completamente nuevo, pero sí fue el proyecto en el que empecé a desarrollar un lenguaje visual más orientado a este tipo de ilustración. Es un estilo que todavía podría seguir evolucionando y definiéndose con futuros trabajos”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Trabajé principalmente con técnicas digitales, combinando dibujo, color y pintura en un mismo proceso. Aunque las técnicas tradicionales poseen un lenguaje y una textura únicos, siempre me he sentido más cómodo trabajando en formato digital. Este medio me permite agilizar el proceso, realizar ajustes con mayor facilidad y experimentar con distintas soluciones visuales sin perder espontaneidad. Además, actualmente existen herramientas capaces de reproducir de forma muy orgánica texturas y acabados propios del lápiz, la acuarela o la pintura tradicional, algo que me permitió mantener una apariencia cálida y artesanal dentro de un flujo de trabajo completamente digital”.
Este es un libro, ya se ha comentado, tiene una importante carga solidaria… Manuel Gavilán: “Pues efectivamente, todos los beneficios de la venta de estos libros, van destinados a causas sociales, todas ellas apoyadas por colectivos como ASOGRA, AGRADI, AGDEM, todas ellas entidades con usuarios potenciales de perros de asistencia, así como entidades formadoras de este tipo de animales, como APORT y LIVEN. Pero la que más está colaborando y para quien surgió la idea de la donación es para PROYECTO ANGEL”.

Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. Sergio Alcántara: “El mayor reto fue crear un universo visual propio que narrase la historia de Manuel y Aslan y, sobre todo, adaptar cada composición para que el joven lector comprendiera en todo momento qué estaba viendo, incluso sin necesidad de leer el texto. A medida que las ilustraciones avanzaban, Manuel, varios profesionales de la docencia y personas cercanas a nuestro entorno nos ofrecieron un feedback muy valioso. Sus aportaciones fueron de gran ayuda para revisar y terminar de definir muchas de las escenas que aparecen en el cuento. Por último, también fue fundamental el proceso de maquetación. En un proyecto de estas características no basta con crear las ilustraciones: es necesario saber preparar correctamente todos los archivos para su posterior publicación, tanto en formato físico como digital. A pesar de los distintos desafíos que surgieron durante el proceso, fue un proyecto profundamente ilusionante y motivador. Me permitió salir de mi zona de confort, aprender durante cada etapa y comprobar cómo una historia tan personal podía transformarse en un libro con una finalidad educativa, emocional y social”.
Álbum Ilustrado
Mariana Alcántara: “Mi trabajo es encontrar la voz de cada libro”
Hacía tiempo que teníamos muchas ganas de charlar con la ilustradora Mariana Alcántara. Son muchos sus trabajos recientes y sus reconocimientos, y lo que intentamos en las siguientes líneas es reflejar un pequeño repaso por algunos de sus álbumes ilustrados, para conocer un poco mejor el trabajo que hay detrás de ellos.
¿Dónde está el origen de ‘Nadadores’? “Este es un libro que nació en el sentido contrario en el que los ilustradores habitualmente damos inicio a un proyecto de libro: el editor tiene un texto y busca a un ilustrador. Luego el ilustrador si acepta el proyecto, analiza el texto, genera bocetos y después crea las ilustraciones finales. En este caso, el libro se inició con mis ilustraciones. Yo quería participar en el concurso de Sharjah en los Emiratos Árabes y fue una época en la que recién había comenzado a trabajar con Mónica Bergna, editora de Alboroto Ediciones. Estábamos haciendo el libro Enciclopedia de Medicina Fantástica, curiosamente uno de los últimos libros publicados. Era un viernes cuando estaba mostrándole mis avances de la semana, mientras tenía a un lado la carpeta con cinco ilustraciones originales de los nadadores. Mi plan era enviar el paquete terminando la reunión. No recuerdo exactamente de qué hablábamos, pero salió el tema del concurso: saqué las piezas y Mónica las observó en silencio. Al final le brillaban los ojos y me preguntó si me gustaría que hiciéramos un libro. Así que al final del día, mis imágenes iban en camino a Sharjah y al mismo tiempo viajaban a la bandeja de correo electrónico de María José Ferrada”.

“María José es una autora que admiro mucho, aunque en ese momento yo no conocía bien su trabajo -nos cuenta Mariana Alcántara-. Pero cuando semanas después, Mónica me mostró el texto que había escrito a partir de mis imágenes, me fui de espaldas. Fue como si ella supiera el origen de mi historia como nadadora: brazada a brazada, verso a verso. Hasta los 8 años yo había sido una niña que anhelaba que me llevaran de vacaciones para meterme a la alberca. Pero cuando entré a clases de natación, tuve una temporada de rebeldía: le inventé a mi papá que ya no quería ir porque era muy costoso. Lo cierto es que estaba sufriendo el método poco pedagógico de un maestro que me jalaba hacia el agua, sin que le importara si antes había tomado aire o no, y luego tuve una infección de oído muy molesta, que con mi lógica infantil, me curé echándome gotitas de agua en las orejas. Años después ya casi entrando a la adolescencia, durante el verano, estuve sentada con los pies adentro del agua, esperando a que me salieran aletas o que se me quitara el miedo, lo que pasara primero. Recuerdo ese color azul turquesa que se movía con el brillo del sol, se me antojaba tanto transformarme en pez y al fin conocer el secreto para fundirme en el agua”.

“En la preparatoria decidí que quería aprender a nadar. Encontré una pequeña alberca profunda para buceo, en donde también daban clases de natación. El agua de nuevo, estuvo de mi lado, pues fue durante una temporada de tormentas que los otros alumnos no podían llegar a tiempo y gracias a eso, tuve clases personalizadas. Adquirí tanta seguridad que incluso aprendí a nadar hasta la parte más profunda, en donde el azul se convierte en negro. Después probé otras albercas de agua templada, fría, algunas lejanas y olímpicas, hasta que encontré la más poética, la que se convertiría en mi alberca perfecta: aquella cuya techumbre me parecía la piel de un pez mientras nadaba de dorso. Tal vez ese es el origen del libro Nadadores -confiesa Mariana Alcántara-. En las ilustraciones quise plantear el sentimiento de libertad que se siente al nadar. Me sorprendía observar cómo tantas personas tan distintas, nos transformamos en algo más adentro de la alberca. Se siente como entrar a una danza rítmica infinita y formar parte de la energía grupal, como en un cardumen”.

¿Cuál fue tu impresión cuando viste a tus nadadores impresos en gran formato en Sharjah? “He tenido la oportunidad de visitar varias veces el Festival de Lectura para niños en Sharjah en los Emiratos Árabes Unidos: he recibido en dos ocasiones uno de los premios para la Exhibición de Ilustradores (en 2018 y 2023) y en el 2021 fui porque me invitaron a ilustrar un libro como parte de un proyecto sobre las similitudes entre México y Sharjah, en donde participamos varios ilustradores de ambos países”.
“Tengo un gran aprecio por el concurso de Sharjah, pues no sólo marcó un punto de inflexión en mi carrera porque fue el primer certamen internacional que gané, sino que también fue el primer viaje que hice fuera de mi país. Así que cuando me contactaron para informarme que habían elegido mis ilustraciones para que fueran la imagen de la feria, acepté inmediatamente. El paso siguiente fue vectorizar las ilustraciones para que las pudieran imprimir correctamente en gran formato, esto significaba volver a dibujar un personaje de 15 x 6 cm hecho en carboncillo, pero ahora debía ser aproximadamente de 150 x 60 cm y digital. Aunque me hubiera encantado estar en la exhibición para ver mis imágenes en gigantografía, no pude estar ahí. Pero pude ver algunos videos en internet en donde niñas y niños imitaban los estiramientos que los nadadores realizan antes del entrenamiento. Eran los mismos ejercicios que yo realizaba mientras pensaba que estaría bueno hacer un libro sobre nadar. Fue una experiencia mágica. Para mí representa uno de esos momentos en los que siento que mi trabajo tiene sentido porque los dibujos cobran vida gracias a los lectores”, asegura Mariana Alcántara.

Este libro de nadadores fue reconocido en Bolonia, y en la edición de 2025 tu portfolio fue el ganador. ¿Qué supone para ti la Feria de Bolonia? “Durante mi carrera como ilustradora, la Feria de Bolonia ha sido un referente, como un faro para seguir en la niebla mientras nado en mar abierto. Fue hasta el 2025 gracias al premio de portafolio que pude asistir por primera vez. Sin embargo, siempre me mantuve al tanto de lo que sucedía en la Feria a la distancia, tanto como era posible”.
“Había planeado el viaje durante años, pero en el fondo quería asistir con un objetivo claro. Viajar a Italia desde México supone una gran inversión para una trabajadora freelance y no es una decisión sencilla. Así que cuando miré la convocatoria del concurso de portafolio cuyo premio era ganar un viaje a Bolonia, tuve la intuición de participar. Trabajé en mi portafolio con la confianza de mostrar los mejores proyectos que había realizado a lo largo de 10 años de carrera: casi 20 libros ilustrados, de los cuales 3 de ellos también había escrito y numerosos proyectos de ilustración de poesía o portadas de libros; casi todos ellos dirigidos al público infantil y juvenil. Viajé a la FIL Guadalajara para presentarme al concurso, llevé un ejemplar de cada uno de mis libros más representativos y tuve la entrevista con Arianna Squilloni, editora de A buen paso”.

“Después de un par de meses en que todas las noches, antes de dormir, imaginaba la posibilidad de viajar a Italia, me notificaron que era la ganadora. ¡Por fin conocería Bolonia! Durante la Feria tuve la oportunidad de firmar algunos de mis libros que han sido publicados en Europa y conocer a sus editores: Nadadores en su versión en italiano (Nuotatori), publicado por Raum Italic; Futuro, por SM España y La soledad de los peces, por Diego Pun en España. Todos ellos con poesía de María José Ferrada. También observé muchos libros interesantes, fueron tantos que lo único que no me gustó fue tener tan poco tiempo. Lo que más me conmovió fue darme cuenta de que aunque era la primera vez que estaba ahí, mis libros habían llegado antes y ya estaban hablando por mí”.
Otro libro premiado en Bolonia es ‘Río Viento’. ¿Cómo afrontaste este proyecto? ¿Qué vamos a encontrar en sus páginas? ¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “Sí, Río Viento fue un poema que Ana Laura Delgado, la editora de El Naranjo me invitó a ilustrar. Llevábamos un par de años intentando coordinar nuestros calendarios para que yo ilustrara un segundo libro para su editorial. Así que me ofreció el texto de Río Viento que estaba dirigido a los lectores más pequeños y me pareció una gran oportunidad para ilustrar mi primer libro en cartoné, que desde hace un tiempo es un formato que me llama la atención”, nos cuenta Mariana Alcántara.

“Para iniciar con la exploración, yo tenía muy claro que quería dibujar con el viento de por medio y no me refiero solamente al que entra por mi ventana cuando estoy trabajando, que en algunas ocasiones empuja mi pincel lleno de tinta e imprime una inesperada mancha en el papel; sino que necesitaba que el viento fuera protagonista de las ilustraciones. El poema de Adolfo Córdoba me recordó de inmediato al río Magdalena que había visitado en años anteriores en el Festival Épico, un encuentro de literatura infantil y juvenil en Barranquilla, Colombia. Me sorprendió que el viento estuviera tan unido al río y que me despeinara las ideas conforme me acercaba a la orilla”.

“Después de varias lecturas de análisis, me preguntaba si el texto de Adolfo no sería mejor recibido por lectores mayores, pues yo misma me confundía entre los versos de río y de viento, pero confié en la visión editorial y en adoptar la indeterminación como una herramienta creativa. Entonces dirigí mis esfuerzos para crear un segundo relato a través de las ilustraciones, que ofreciera detalles concretos sobre lo que estaba pasando en el poema: aves que se transforman en peces, peces que son pájaros y niños que vuelan. Para los primeros experimentos trabajé con gotas de pintura acrílica y una espátula con la que emulaba la acción del viento, como si un soplido provocara que una gota dejara un camino de pintura. Con ese método salieron aves y peces, azules y verdes. Descubrí muy pronto que esas manchas eran cuerpos con plumas o escamas y que podían transformarse en aves o peces sólo con cambiar la cabeza. Estos experimentos le encantaron a Ana Laura, sólo que todavía no tenían la estética que imaginábamos para los primeros lectores. A partir de entonces, me concentré en simplificar las formas y suavizar los rasgos”, afirma Mariana Alcántara.

“Seguí perfeccionando este modo de dibujar hasta que una tarde en la mesa de trabajo, salió un pequeño pez con escamas de círculos. Luego dibujé un pájaro que tenía el cuerpo compuesto por líneas y entonces todo me hizo sentido: seguramente esas líneas antes del viento eran círculos. Los personajes de los niños los resolví mirando ese par de imágenes brújula que me guiaron para resolver todas las ilustraciones con el mismo registro estético y técnico”.
“A la par de este proceso, también experimenté con diversos formatos: propuse un libro en acordeón leporello, otro con una página desplegable y jugué con el encuadre horizontal y vertical. Éste último descubrimiento me llevó a entender que la dualidad presente en el texto, podía también llevarla al formato y proponer ambos: vertical para hablar del viento (globos que vuelan alto, árboles despeinados y aves lejanas); y por otro lado el formato horizontal para hablar del río (el horizonte que se extiende, peces, ranas y niños que se sumergen). Además esta estrategía coincidía justo en el centro, en donde el texto de Adolfo pregunta —¿No me crees? que es el parteaguas para que los lectores giren el libro y continúen el viaje al otro mundo”.

“Soy muy afortunada de colaborar con El Naranjo, es una gran editorial mexicana que me permitió tener una libertad creativa enorme en este libro, me encanta trabajar así. Cada semana el proyecto iba cambiando y me acompañaron en el proceso sin limitar las posibilidades. Creo que gracias a su visión editorial y al gran equipo que formamos, obtuvimos el premio BolognaRagazzi para primeras infancias en la Feria de Bolonia en 2026”.

¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a, por ejemplo, Astronautas? “Este libro publicado por Lecturita Edicionestambién nació a partir de las ilustraciones. Yo había hecho una serie de cinco imágenes para un concurso y aunque no tuvieron buena suerte, las mantuve durante varios años en las primeras páginas de mi portafolio porque me interesaba que se convirtieran en un libro. Esta fue una historia que encontré al inicio de la pandemia en 2020, ese año inolvidable. Recuerdo que hubo una expedición de la NASA a Marte: Mars 2020, y tuve mucho tiempo disponible para seguir el evento por internet, con la emoción de una niña. También descubrí el sitio web de la estación internacional espacial, en donde pude seguir su ubicación en tiempo real”, recuerda Mariana Alcántara.

“Todos estos hallazgos me llevaron a imaginar cómo sería la estación internacional o un transbordador espacial y también a diseñar tres astronautas con trajes poco convencionales, inspirados en los disfraces del Ballet Triádico de Oskar Schlemmer de la Bauhaus. Luego metí a estos personajes en la nave, cerré la puerta y los llevé al espacio exterior en donde se encontraban con unos planetas extraños entre los que había un tomate. Porque en mi cabeza yo quería contar la verdadera historia de la luna, desmentir o explicarme a mí misma por qué se dice que es de queso y eso me llevó a pensar en pizza. Era un juego de cosas circulares”.
“Desde hace algún tiempo yo quería colaborar con Lecturita y en la FIL Guadalajara hablé con la editora Celina Alonso. Le gustó mucho esta serie y le envió las imágenes a Sandra Siemens. Cuando recibí el texto me llevé una gran sorpresa: era muy diferente a lo que yo había imaginado, pero la nueva historia me gustó. Habla de un niño llamado Gregorio que le gusta todo lo relacionado al espacio. Encontré un reflejo con esa versión mía de 2020 que se obsesionó con el tema. En este proyecto el reto más significativo consistió en olvidarme de la historia anterior, rescatar las imágenes que podía utilizar como guía para crear otras y analizar el nuevo texto con la mente abierta”.

“Fue un proceso interesante porque pude hacer énfasis desde la ilustración en la creación de los trajes espaciales, por ejemplo. En este punto, encontré un reflejo del pasado, que remontaba hasta mi formación como diseñadora industrial y aquella versión mía que, en una temporada, anheló también dedicarse al diseño de modas. Hay un personaje que agregó Sandra, que me gustó mucho, es una niña que se hace amiga de Gregorio. En el texto ella no tiene nombre, pero durante mi investigación encontré que la primera mujer astronauta se llamó Valentina Tereshkova y que en 1963 orbitó la Tierra en una nave llamada Vostok 6. Así que en la parte en la que Gregorio le hace un traje a su amiga para que lo acompañe al planeta Gregorius, escribí Valentina en las anotaciones y medidas que escribiría un modista o un diseñador. Me imaginé que esta niña podría llamarse así y para mi fue una forma también de hacer justicia feminista”.
¿Cómo afrontas el trabajo de cada libro? Nos referimos a ese trabajo previo, no sabemos si de bocetos en algún cuaderno, … “Cada libro para mí es como subir una montaña o como nadar en el mar abierto: requieren un buen entrenamiento antes de adentrarse en ellos y también exigen humildad -asevera Mariana Alcántara-. El hecho de haber experimentado con montañas, mares o libros en el pasado, no me hace experta en el próximo. Yo creo que lo único que nos piden estos entornos es respeto. Es así como inicio cada proyecto: no intento cruzarlo con el mismo método del anterior. Sé que mi trabajo es encontrar la voz de cada libro. Así que lo único que tengo en la cabeza antes de empezar es que necesito investigar mucho, muchísimo. Intento que las fuentes sean variadas: novelas, cuentos, películas, obras de arte, entrevistas sobre el tema a algunas amigas o recuerdos de viajes. Intento alimentarme de tantos referentes como sea posible, para estar muy cercana al tema del libro”.

“Algunas veces destino una libreta para cada proyecto. Hay otros proyectos que empiezo con experimentos de técnica. También escribo textos propios alternos al libro en cuestión. La única regla que me impongo a mi misma es ser libre y dejarme llevar por la curiosidad”.

¿Con qué técnicas te gusta trabajar? “Es una pregunta compleja, creo que me gusta trabajar con técnica mixta. Intento dibujar con materiales poco convencionales porque pienso que el dibujo es una energía que existe también fuera de los lápices. No me interesa que el libro que estoy haciendo se parezca al anterior, todo lo contrario. Me encanta que cada uno tenga una voz particular. Me aburro rápido de una técnica, me gusta sentirme al borde del abismo de mi mesa de trabajo en cada proyecto. Es así como me mantengo a la expectativa de lo que pueda descubrir y también siento los pies en la tierra. Intento que el miedo a la hoja en blanco sea la primera herramienta para trabajar y después de varios experimentos me sorprendo a mí misma del resultado; incluso me pregunto si fui yo quien hizo ese dibujo. No siempre llego a ese estado creativo, pero cuando sucede, lo atesoro como una gran experiencia -confiesa Mariana Alcántara-. Ese fue el caso para la serie de ilustraciones llamada Fue un miércoles, con la que recibí el primer lugar en la Exposición de Ilustradores en Sharjah Children’s Reading Festival en los Emiratos Árabes Unidos en 2023, que meses después se convertiría en el libro La soledad de los peces publicado por Alboroto Ediciones”.

¿Cómo fue trabajar en proyectos con nombres como María Jose Ferrada o Adolfo Córdova? “Intento no pensar mucho en el nombre de los autores mientras trabajo, de otra manera no podría dibujar ni una raya. Únicamente me limito a leer el texto y buscar una conexión emocional desde algún punto de mi historia como lectora, ilustradora, escritora y habitante del mundo. Una vez que comienzo con el proceso de ilustración, leo muchas veces el texto. Lo analizo, le hago preguntas, incluso lo contradigo. Este proceso es muy personal. He descubierto que soy demasiado empática y hablar con los autores en las primeras etapas del proyecto supondría ceder a favor de sus ideas y adoptarlas como propias, antes de generar mi propuesta”.
“Cuando el libro está listo, recibo algunos comentarios de los autores a través de la editorial y es hasta mucho después, cuando tenemos la fortuna de coincidir en algunas presentaciones del libro, que conversamos. A mí me parece que los conozco de toda la vida, o bueno, siento que es como platicar con un amigo de quien sé muchos detalles. Supongo que es por el análisis tan exhaustivo que hago a sus palabras o porque su texto y mis ilustraciones conviven mágicamente en los libros. Para mí representa un honor compartir libros con María José y Adolfo. También he tenido la oportunidad de ilustrar textos de Martha Riva Palacio Obón, Pedro Mañas, Sandra Siemens, Fran Nuño, Sara Camhaji y Mónica Rodriguez”, afirma Mariana Alcántara.

En cambio en ‘El libro mentiroso’, todo el trabajo es tuyo… “Como autora integral he realizado cuatro libros, con el Fondo de Cultura Económica en México primero fue La voz ciega y después vino El libro mentiroso. El proceso de escribir e ilustrar es un camino interesante: algunas veces escribo la historia de un tirón, en otras primero encuentro la imagen, o bien, inicio indagando en un tema que me interesa desde el bocetaje de ideas sin saber muy bien si se convertirán en parte del texto o de la imagen. Es un proceso que disfruto mucho, porque puedo seguir editando el texto y la imagen en cualquier parte del proceso. Aunque durante ciertos momentos del proyecto imagino que sólo estoy ilustrando el texto de alguien más para investigar, contradecir y cuestionar con libertad”.
“El libro mentiroso surgió también a partir de un concurso, en este caso el Valladolid Ilustrado en España, donde gané el primer premio en el 2019 con una serie sobre las mentiras. Mi motivación personal para este libro fue continuar con esta historia que había planteado en dos imágenes hechas con la técnica de collage, en donde utilicé un papel color magenta que dejaba transparentar la verdad que ocultaban los personajes. Inventar este efecto mágico tipo rayos X fue el recurso que encontré para hablar de las mentiras”.

“Durante mi investigación encontré un artículo en internet que decía que los humanos mentimos alrededor de unas cien veces al día. Cierto o no, me pareció fascinante, y con esto en mente salí a dar uno de mis paseos habituales. En el camino observé a las personas y me pregunté si en ese momento estarían diciendo alguna mentira para cumplir con la cuota diaria de la que hablaba el artículo. Fue así como me di cuenta que los disfraces y algunos accesorios que usamos a diario, como pintarse las uñas o el cabello, son una manera silenciosa de ocultar la verdad. ¿Por qué algunas mentiras son socialmente aceptadas y otras no? Luego fui más lejos y me inventé el juego de descifrar qué había dentro de los sombreros de las personas ¿tal vez un ratón? y de los abrigos ¿en realidad eran tres niños uno encima de otro?”
“Con este recurso visual en mente inicié el proceso de escritura. Experimenté con diversas voces, personajes y lugares para encontrar la historia. Entre los múltiples borradores que escribí, había uno que descarté porque me parecía que era adecuado para un público mayor, pero para mi sorpresa, Horacio de la Rosa y Susana Figueroa, editores del FCE, lo eligieron como el ganador, porque lo había escrito inspirada en una nota periodística, con una voz similar a esa primera noticia que había detonado el proyecto. Después busqué al personaje principal y me di cuenta que en la palabra mentiroso ya había alguien escondido. Entonces busqué al oso más adecuado y cuando leí que los osos polares en realidad tienen la piel oscura, pero se ven blancos porque su pelaje es transparente y refleja el entorno, supe que lo había encontrado”.
“Es un libro lleno de detalles que me encantan. Lo hice como un homenaje a la magia del dibujo porque es así como la protagonista encuentra al oso: dibujándolo en la pared y entonces empiezan a inventar mentiras. Al final se descubre que son ellos los verdaderos creadores del libro. Mi intención principal es que sea una puerta abierta a inventar historias: crear una buena mentira puede ser el inicio de una historia de ficción. También me interesa provocar preguntas: ¿mentir siempre es malo?, ¿por qué a los niños se les exige decir la verdad y los adultos les ocultan cosas? Finalmente mentir es algo natural y los libros deberían ser un terreno libre de censura”.
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