Entrevistas
Nos vamos de paseo con Celia Sacido
Un poético álbum sin palabras que invita a pasear, descubrir, conectar y unir. A saborear cada instante, a explorar, a estimular la creatividad y la imaginación. Así nos presenta la editorial Cuento de Luz ‘El paseo‘. Las bellas y delicadas ilustraciones de Celia Sacido llenan el espacio y lo inundan de serenidad. Imágenes llenas de poesía que han sido realizadas con una técnica mixta de lápices, tinta, gouache y collage, y que dirigen la atención al momento presente. ”El paseo” nos invita a interactuar de una forma lúdica y a vivir cada instante como único e irrepetible. Nosotros charlamos con su autora, para conocer un poquito más sobre este proyecto.

¿Cómo nace este proyecto? Celia Sacido: “Nace de un dibujo que hice hace unos años, (muy parecido a la primera página del libro, había un hombre mirando el cielo junto a un perro). Pasó un tiempo y no sé muy bien por qué volví a ese viejo dibujo y empecé a hacer nuevos bocetos y a preguntarme: ¿qué hacen ahí esos personajes?, ¿de dónde vienen?, ¿qué están mirando? Y eso me llevó a hacer más dibujos, de dónde surgieron más preguntas y una cosa fue llevando a la otra y de ahí salió la idea inicial para este proyecto”.
¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? ¿Qué nos cuentas en este paseo? “Se encontrarán un álbum sin palabras, muy sencillito con alguna pincelada de humor, pero más bien poético. Es como una pequeña invitación a pasear, a jugar sin prisa y observar”. Esta historia (para mí), habla de naturaleza, de relaciones, de amistad, pero en realidad es bastante abierta y creo que ahí está también lo bonito, que cada lector puede interpretarla a su manera, y sacar sus propias conclusiones y todas ellas serán validas”.


¿Cómo ha sido hacer un álbum ilustrado sin palabras? “Es el primer álbum sin palabras que hago así que, jejeje ¿qué te puedo decir? -nos confiesa Celia Sacido-. Ha sido muy entretenido, todo un aprendizaje que a veces también daba un poco de miedo o vértigo, pero muy, muy divertido y reconozco que me lo he pasado muy bien”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? “¡Qué pregunta tan difícil! Creo que lo que las podría caracterizar es un poco la mezcla de técnicas y texturas que hay o el uso del color. Elegí una paleta de colores suaves para los fondos porque quería que diesen una sensación de espacio y ligereza que contrastará con los blancos y negros de los personajes, que resultan más pesados y rotundos, o con ciertos elementos que quería destacar para los que usé colores algo más saturados como los que hay por ejemplo en el palo, el pico del pájaro o las flores”.


¿Con qué técnicas trabajaste? “He utilizado una técnica mixta, o más bien un mix de técnicas que luego he ido juntando digitalmente para crear las ilustraciones finales. Lápices para los personajes, guaches y tinta para los fondos y las manchas de color, y collage de diferentes papeles y texturas, que preparé previamente con lápices, carboncillo o guache para la vegetación, árboles, plantas, arbustos, etc. La verdad es que he ido experimentando, y jugando bastante”, asegura Celia Sacido.
Háblanos un poco del proceso de elaboración de este libro. “Como te comentaba al principio, tenía algunos dibujos y un poco la idea de la que tirar del hilo, claro que, de ahí a saber qué o cómo lo iba hacer todavía había un trecho. Entonces vi que había unas mentorías con Marián Lario, ya había hecho con ella un curso, sobre el color en los álbumes ilustrados y decidí apuntarme. Le conté mi idea y en esas mentorías el proyecto fue cogiendo forma, me ayudó mucho con el ritmo, o con pequeños detalles como dónde dirigir la mirada de los personajes, etc. El caso es que terminé las mentorías con una maqueta casi lista. Por aquel entonces era en blanco y negro y pensé que si quizás ya era un poco difícil eso de mover un libro sin palabras, si era en blanco y negro podría ser más complicado así que decidí rehacer las ilustraciones finales metiéndolas color, pero dejando a los personajes en blanco y negro. Y ahí fue cuando conocí Ana, la editora de Cuento de Luz, que desde el principio puso mucho cariño en este proyecto e hizo que esa maqueta diese un paso más y terminase por convertirse en este “paseo”.


¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? “Pues creo que una de las cosas más bonitas que he aprendido es que a veces no es tan importante el qué se cuenta sino el cómo. Y también que hay todo un universo, muy rico y lleno de posibilidades en los álbumes sin palabras -continúa Celia Sacido-. Son como un rompecabezas gigante lleno de piezas con las que jugar y que haría falta, por lo menos yo, que hiciese como cien mil libros más de estos para llegar a controlar todos sus engranajes”.
¿En qué estás trabajando ahora? “Pues ahora estoy ilustrando un libro de poemas infantiles que saldrá dentro de unos meses, en navidad, y preparando a la vez varias maquetas para nuevos proyectos”.
Cómic
Ricardo Cavolo debuta en el cómic con ‘Lola y Estrella’
‘Lola y Estrella’ son dos jóvenes amigas que viven juntas en la ladera de una montaña, un lugar hermoso y fantástico. Estrella tiene un poder muy peculiar, el de comunicarse con el micelio, o las mismísimas raíces de su planeta, Matria. La vida de las niñas es bastante apacible. Cuando no están con los gnomos comiendo fresas o jugando a las cartas, van a visitar a la reina Cabra o a comprobar si han llegado nuevos libros al pueblo. Pero una mañana todo cambia. Su valle y toda su comunidad se ven amenazados. Unas extrañas máquinas están destruyendo el terreno y acaban de dejar a los gnomos sin hogar. Ninguna de las chicas es especialmente aventurera, pero tienen claro que no pueden quedarse de brazos cruzados y deciden emprender un viaje para obtener respuestas. Un viaje que las llevará muy lejos de casa. Editado por Astiberri, ‘Lola y Estrella’ es el debut en cómic infantil del artista Ricardo Cavolo. Con él hemos charlado un poquito más alrededor de este libro.

¿Cómo se te ocurre este proyecto y también cómo te lo has pasado haciéndolo? Porque desde fuera parece que ha sido un proceso divertido. “Yo he chupado cómic desde antes de saber leer, de hecho mi padre tenía mucho cómic en casa. Es verdad que no era cómic infantil, porque tenía Conan y demás, pero bueno, cultura visual desde muy pequeño. Y siempre he tenido el cómic muy presente, independientemente de que me sirva para mi trabajo o no, como lectura constante, siempre ha habido cómics desde entonces”.
“Es un género que siento muy mío y que valoro mucho, y que además me ha dado cosas para mi trabajo. Nunca llegaba el momento de plantearme hacer un cómic, porque veía que era muchísimo trabajo, y al final ha sido un poco natural. Me envalentoné. Desde que estaba en la carrera, que descubrí Astiberri, tenía el capricho de poder hacer algo con ellos, porque valoro mucho lo que hacen”.
“Y sí que ha sido divertido, ha sido muy largo, han sido dos años, realmente nunca he trabajado dos años en un proyecto -continúa Ricardo Cavolo-. Nunca hago bocetos, por ejemplo, y aquí pues tuve que bocetar las 160 páginas. Normalmente hay que hacer un story, hay que trabajarlo bien, sobre todo teniendo en cuenta que es mi primer cómic y que encima es infantil. Entonces, ha sido un trabajo muy largo, pero como tú dices y se nota, ha sido muy divertido. Lo he disfrutado como un niño, y al final creo que se nota un poco desde fuera”.

No sé si el hecho de hacer un cómic infantil tiene que ver con el hecho de ser padre. “Bueno, creo que sí, porque igual hubiera empezado por otra cosa más de adultos. Cuando tienes hijos, de alguna manera, también empiezas a conectar más con tu niño interior, con el niño que eras. Siempre he tratado de cuidar al niño interior y de mantenerlo vivo para mi trabajo, porque me parecía muy bonito y muy interesante hacerlo. Es verdad que desde que tengo hijos, ya sea porque he tenido que consumir también cultura adaptada a sus edades, entre series y cómics, pues me parecía muy chulo que la entrada en el cómic fuera una cosa para niños. Y sí que hay cosas presentes, de hecho, las dos protagonistas en realidad son mis hijos convertidos en chicas, mi hijo Max es igual que Lola y mi hijo León es igual que Estrella”.
¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de este cómic? “Por encima de todo, fantasía y aventura, que es un poco el leitmotiv que siempre me ha gustado -confiesa Ricardo Cavolo-. Con ese marco de fantasía y aventura, tenía muy claro que quería empaparlo de mi visión crítica sobre la sociedad, es una cosa que también hago en mi trabajo habitualmente, y esta es una historia anticapitalista, con un discurso muy ecologista, que es una cosa que siempre me ha gustado de Tolkien. Además mis hijos me preguntan, pero ¿por qué son niñas? Si nosotros somos niños… Quería que el libro tuviera un espíritu feminista. Cuando yo leía cuentos e historias de niño, no había ni una sola niña heroína, ninguna niña resolvíanada, y es verdad que desde hace unos años, poco a poco van haciéndose su espacio y yo quería aportar mi grano de arena en ese sentido”.

Imagino que son cosas que también están en tu imaginario, pero es verdad que cuando estás leyendo el cómic, te recuerda un poco a El señor de los anillos, por ejemplo, hay cosillas que te recuerdan a Peter Pan… “Sí, y Nausicaä, hay de todo, por supuesto, La historia interminable también es uno de los pilares fundamentales. Me gusta mucho esa parte de La historia interminable en la que van de pueblo en pueblo, y en cada pueblo hay gente diferente, con unas características diferentes, y un poco mi cómic es eso. Justo antes de empezarlo tenía muy claro que tenía que leerme otra vez Nausicaä, de Miyazaki”, nos cuenta Ricardo Cavolo.
Háblanos un poco del desarrollo del cómic, de las técnicas que has utilizado. “Como sabía que esto implica mucho, mucho trabajo, lo trabajé en digital, porque me facilita y me ahorra muchísimo tiempo. He aprendido a generarme también mi cocina, como digo yo, mis alquimias y mis magias en digital, y estoy muy contento con ello”.

“El proceso ha sido para mí muy educativo, porque no es lo mismo ser lector de cómic que luego hacer un cómic, por muchos cómics que hayas leído es mucho más complicado, y aquí siempre me gusta mucho valorar a mi editora en Astiberri. Me he hecho un máster de cómic con ella, me ha ayudado muchísimo. La parte más divertida, cuando ya está todo decidido en boceto, la tinta y el color, que es donde yo luzco un poco, porque domino bien el color y domino bien la línea”, afirma Ricardo Cavolo.
Visualmente es muy tú, ves el cómic, y dices: es Ricardo. “Sí, quería que fuera muy visual, muy disfrutable visualmente. De hecho, el fondo de cada página tiene como un rayado sepia, cada página es diferente. He tratado de mimar mucho lo que he podido mimar y lo que sé que puedo mimar”.
Álbum Ilustrado
Josefina Tai y Larisa Cumin nos abren ‘Las Puertas’
¿Qué puede descubrir una niña curiosa del otro lado de las puertas de su nueva casa? ‘Las puertas’ nos muestra los hilos invisibles de todas las cosas que echan raíz: un trabajo, un hogar, una familia. Cada puerta es una invitación a la aventura, pues nunca sabemos qué nos aguarda del otro lado. Editado por Limonero, es un trabajo de Larisa Cumin y Josefina Tai. Con ellas hemos charlado un poquito más sobre este libro.
¿Dónde está el origen de este proyecto? Larisa Cumin: “Si tiene un origen, está en la infancia. En una voz que de chica fui inventando en el patio de mi casa bajo un árbol que no era nuestro, pero que nos daba sombra y flores y hojas. Y en el recuerdo que ahora puedo tener de lo que esa nena que alguna vez fui pensaba, decía, imaginaba. Con esa voz y con dos recuerdos atados a una misma puerta -quizás de los recuerdos más viejos que tengo- es que armé un poema largo. Ese poema le llegó a Jose a través de la editorial Limonero y ella lo ilustró maravillosamente”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? Josefina Tai: “Los lectores encontrarán un libro nostálgico de una memoria cuidada, tanto por la escritora como por la ilustradora. De mi parte, indagué sobre la infancia de Larisa y de mi entorno, hurgando entre fotos y recuerdos, para crear el escenario un tanto ficticio de la protagonista”.
Larisa Cumin: “Para mí los lectores se van a encontrar con un libro que puede resonar tanto en adultxs como en niñxs. Se trata de un mundo imaginado que puede parecerse al de ellos, como no. Y posiblemente se encuentren con esas preguntas y silencios que a veces nos hacen la poesía”.
¿Qué son para cada una de vosotras las puertas? Larisa: “Para mí las puertas pueden ser múltiples cosas: inicios, posibilidades,salidas, fines, conexiones, encuentros… El poema juega con eso todo el tiempo, porque la nena que es la voz del poema mientras experimenta cambios va reflexionando mucho. En un momento dice por ejemplo:
“Las puertas como las monedas tienen dos caras
una para entrar, otra para salir.
Son caras que cambian dependiendo de si se quiera
entrar o salir al mundo; entrar o salir de una casa.”
Y los dibujos de Jose le siguen ese juego por caminos más oníricos”.

Josefina Tai: “Creo que conecté mucho con el poema desde el principio, justamente por el juego con las puertas; me da múltiples posibilidades para pensar en lo que puedo dibujar, lo que hay detrás de la puerta, lo que vaya a pasar una vez que la puerta se abra. Y este juego onírico creo que es algo bastante característico de mi trabajo”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… Josefina Tai: “Como mencioné antes, el trabajo previo a lanzarse a ilustrar fue la conversación con Larisa. Conocernos y escuchar de dónde viene ella y de dónde vienen sus palabras, investigar sobre los objetos que guarda en su memoria. Este fue un proceso clave para mi trabajo como ilustradora: poder visualizar el origen de la niña del libro y, a partir de ahí, empezar a construir aquella casa llena de puertas con los elementos que recolecté”.
Larisa: “En este sentido que nombra Jose, hay algo del libro que tiene que ver con lo recordado, con “volver a pasar por el corazón” algunas vivencias y volverlas vívidas al narrarlas e ilustrarlas. Conversamos mucho, pero no respecto a cómo o qué tenía que ilustrar Jose, sino que hablamos de nuestras infancias, de objetos que rodearon ese tiempo. La historia del poema sucede en una casa que se va construyendo de a poco a las afueras de una ciudad del interior de Argentina en los 90, es decir en un contexto donde se cruza lo urbano y lo rural. Entonces hay objetos muy ligados a lo analógico, ciertos colores, texturas particulares (algo de esos tonos lavados de las fotos de rollo de esa época), una vegetación particular, una dimensión del espacio que está marcado por eso”.

¿Cuál ha sido vuestro mayor descubrimiento tras todo ese proceso? Josefina Tai: “Lo que más aprendí en el proceso de ilustrar este libro fue a observar y a tener paciencia, tanto conmigo como con mis dibujos. En general, cuando tengo una idea, me apuro mucho a realizarla y no suelo hacer muchos bocetos. Sin embargo, para este libro, el proceso de los bocetos fue más largo, ya que no dependía solo de mi visión, lo cual, para mi sorpresa, me gustó muchísimo. Tuve que hurgar mucho más a fondo en mí para encontrar la imagen perfecta, aprendí que no hacía falta apurarme y quedarme con la primera idea, que a veces puede estar bien. También en el libro ilustro muchos objetos, cosas de la casa, y para esto, tuve que sentarme a mirar los objetos que me rodeaban, observar cómo son sus texturas, cómo se ven las marcas del tiempo en ellos, para que la imagen que yo ilustrara fuese rica visualmente. Así aprendí a detenerme, tanto en la vida real como en mi trabajo”.
Larisa: “Para mí fue maravilloso encontrarme con las imágenes que Jose trajo al poema. Es la primera vez que escribo y otro lo ilustra, hasta ahora había publicado libros para adultos sin ilustración, entonces ver el poema hecho libro me produjo un placer parecido a abrir un libro álbum por primera vez pero con la salvedad de que acá esas palabras las había puesto yo. También nos viene sorprendiendo el recorrido que el libro fue haciendo… a quiénes fue llegando, qué cosas cuentan los lectores que les produce. Y entre esas cosas maravillosas fue seleccionado entre los 100 Outstanding Picturebooks 2026 de D-pictus y hace poco las ilustraciones de Jose fueron elegidas para conformar el Catálogo Iberoamericano de Ilustración de publicaciones infantiles y juveniles de Iberoamérica Ilustra”.

¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? Josefina Tai: “Creo que en general mis ilustraciones suelen ser silenciosas. Me gustan los trabajos que me hagan suspirar por su belleza y sentir que todo el resto se apaga, y eso intento hacer con mis imágenes. Sé que son íntimas, porque intento buscar las imágenes a través de mi cuerpo y de lo que yo experimento con cierto sentimiento, para traducirlo a una imagen. Y creo que justo hace una buena dupla con el poema porque es igual de sensible e íntimo. Lo diferente a lo que vengo haciendo siempre es esto de haberle dedicado tanto tiempo, fueron como 8 meses de estar inmersa en este proyecto”.

¿Con qué técnicas trabajaste? Josefina Tai: “Trabajo digitalmente con Photoshop, desde la pantalla de la compu y usando una tableta pequeña de wacom. Uso casi siempre los mismos pinceles: uno de acuarela y otro de lápiz, así que un poco sigue siendo analógico ese proceso de trabajar en capas y generar texturas. También aprendí a ser más organizada con mi espacio de trabajo de Photoshop, porque son más de 100 capas y por momentos se me hacía difícil encontrar las cosas”.

Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. Josefina Tai: “Al principio me costó mucho encontrarle la voz de la imagen al libro, hasta que hice el boceto de la primera doble del libro, que es una niña asomándose, pero solo se ve su sombra. Un poco porque ilustrar personajes no es mi fuerte y otro poco para generar misterio. Cuando vi ese boceto, me di cuenta de que la poesía de las ilustraciones de este libro se va a trabajar a partir de las sombras (contar algo sin contarlo todo). Por lo que a lo largo de todo el libro, me enfoqué en encontrar las diferentes sombras posibles de una casa. Excepto la parte en donde todo el libro se apaga y, en vez de dibujar las sombras, dibujo las luces y creo que ahí se genera un juego interesante”.
“El libro está dividido en 4 partes, y lo mismo hice con las ilustraciones. Arranqué con esa paleta tierra que menciona Lari, por las baldosas terracota del piso que encontré en algún lugar; son baldosas que creo que ya no se usan y los colores funcionan perfectamente para hablar de un recuerdo, de algo que ya pasó. En la segunda parte, cuando la niña se muda a un lugar con patio, todo se vuelve vibrante y brillante, virando a los colores saturados. En la tercera es cuando todo se apaga, el rojo/rosado se entristece y vira a los violetas. Y por último, vuelve la luz y todo vuelve a ser brillante”.

¿En qué trabajáis ahora? ¿Algún proyecto nuevo? Larisa y Josefina: “Ahora estamos probando el camino inverso, que Jose ilustre y luego Larisa escriba. Este nuevo proyecto por ahora parece una continuación del anterior aunque se separa y prueba algo nuevo. Hay dos niñas y hay ventanas. No podemos contar mucho más”.
Álbum Ilustrado
Richolly Rosazza nos habla del trabajo tras ‘Tornare’
Cuando el invierno llama a las puertas de la ciudad, decide marcharse a un lugar donde aún es verano. Al regresar a casa, una sensación de inquietud la llevará a emprender nuevos viajes, en un intento por llenar el vacío que se ha instalado en sus pensamientos. Así comienza un viaje interior a través de las estaciones, entre partidas y regresos. Un relato poético de crecimiento interior, viajes y el descubrimiento de lo que verdaderamente importa. Así nos presenta Kite Edizioni ‘Tornare’, un álbum ilustrado de Nadia Al Omari y Richolly Rosazza. Con éste último hemos charlado un poquito más sobre este proyecto.
¿Cómo llega a tus manos este proyecto? “Tornare es un proyecto que nace inspirado en uno de mis cuadros y en la idea de trabajar sobre las estaciones. Después, Nadia me entregó el texto y empezamos a trabajar juntos sobre la idea general del proyecto”.

¿Qué es lo que más te gustó de este proyecto? ¿Qué te pareció la historia de Nadia la primera vez que la leíste? “Del proyecto me gustó mucho la idea del viaje y, sobre todo, que el lugar al que llega la protagonista es un lugar que Nadia y yo conocemos bien. Además de realizar nuestros proyectos juntos, somos pareja y estamos casados, así que es un lugar que forma parte de nuestra vida. Busqué representar, de alguna manera, ese lugar y llevarlo al mundo de la historia. La historia me gustó mucho desde el principio, pero, trabajando juntos en nuestros proyectos, sé que puede evolucionar un poco durante el proceso. Me gusta esa posibilidad de ir descubriendo cosas nuevas mientras trabajamos”, asegura Richolly Rosazza.
¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una historia introspectiva y poética, en la que podrán reconocerse, al menos en parte. Tornare habla de viajes, partidas y regresos, pero sobre todo de ese viaje interior que todos emprendemos en algún momento para intentar comprendernos y encontrar aquello que realmente importa. Una historia sobre el crecimiento, las relaciones y la búsqueda de un lugar al que, más que volver, sentir que pertenecemos”.

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Busco crear en mis libros un escenario poético y onírico, donde lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico. Me gusta crear imágenes que no lo explican todo, que dejan espacio a la imaginación y a la interpretación de cada lector -continúa Richolly Rosazza-. La naturaleza, las estaciones y los paisajes tienen un papel importante, porque acompañan y reflejan el mundo interior de los personajes. Intento que cada ilustración transmita una sensación o una emoción, más que simplemente representar lo que ocurre en la historia”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Para este libro utilicé acrílico y óleo sobre lienzo. Es una técnica que amo y que, hasta ese momento, había utilizado solo para mis cuadros. Sentía que Tornare necesitaba algo diferente, una técnica con presencia, que pudiera acompañar su parte más poética y emocional. Trabajar directamente sobre lienzo también me permitió disfrutar mucho de la materia y de la textura de la pintura”.
Háblanos un poco de ese recurso de la hoja a través de la que solo vemos el ojo o los ojos de los personajes… “Me gusta la idea de que la naturaleza forme parte de mis personajes, casi como una manera de fusionarlos con el entorno. La hoja funciona como una especie de máscara, con dos aberturas que son como ventanas o puertas: permiten al espectador acercarse y sentir curiosidad, pero también marcan un límite. Podemos ver los ojos del personaje, podemos intuir lo que siente, pero no podemos entrar en sus pensamientos sin su consentimiento”, afirma Richolly Rosazza.
“La idea nació de un cuadro que pinté durante el lockdown, cuando buscaba trabajar sobre algo enigmático y misterioso. Después sentí que este recurso podía encajar muy bien en Tornare, porque me permitía reforzar ese mundo onírico y dejar que algunas cosas permanecieran ocultas”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “He aprendido que limitarme pensando que una determinada técnica es adecuada para mis proyectos de ilustración puede ser un error. A veces salir de nuestra zona de confort y experimentar nos puede llevar a resultados inesperados y sorprendentes. Tornare me enseñó precisamente eso”.
Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “En general, para todos los proyectos que he realizado junto a Nadia, el proceso es casi siempre el mismo. Ella escribe el libro, a veces inspirándose en uno de mis personajes o, como en este caso, en uno de mis cuadros. Después me entrega el texto, hacemos juntos la división en páginas y preparo un storyboard. Diría que esta es la parte más difícil del proceso, porque es cuando tengo que encontrar el ritmo de la historia y decidir cómo se desarrolla visualmente página a página”, nos cuenta Richolly Rosazza.
“Una vez que tengo el storyboard aprobado, paso a realizar las ilustraciones definitivas. En esta fase me doy la libertad de añadir pequeños detalles o hacer algunos cambios que no comprometan la esencia del proyecto, pero que pueden enriquecer las imágenes y aportar algo más a la historia”.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy evaluando algunas historias sobre las que me gustaría trabajar. Ya tengo algunas propuestas y estoy viendo cuáles pueden convertirse en mis próximos proyectos. Por ahora estoy en una fase de evaluación y de búsqueda, intentando encontrar aquellas historias que realmente me despierten algo y que me den ganas de trabajar visualmente sobre ellas”.
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