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Entrevistas

Un domingo en Vilustrado: El trabajo salvaje de Emily Hughes, la independencia de algunas editoriales y el viaje en lápiz con Gusti

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Se acabó Vilustrado 2016, y lo hizo por todo lo alto, con la presencia de grandes exponentes en este mundo de la ilustración. Arrancamos la jornada del domingo con una joven Emily Hughes, que ha conseguido un gran éxito con su primer álbum ilustrado, ‘Salvaje‘. Nos habló de este y de otros trabajos posteriores.

Las editoriales independientes también tuvieron su espacio en esta mañana tan intensa en el LAVA de Valladolid, con la presencia de Cristina Camarena, de la editorial Kireei, Diego Moreno de la editorial Nórdica Libros y Arianna Squilloni, de A buen paso.

Y como broche final, un viaje en lápiz con el ilustrador Gusti, uno de los momentos más emocionantes y aplaudidos de esta segunda edición de Vilustrado.

Emily Hughes

“Soy de Hawai, y eso se refleja también en mi trabajo. El trabajo de cada uno tiene que ver con la forma en la que te has criado, has vivido, tu mirada…”. Esta es la primera reflexión que nos aporta la ilustradora Emily Hughes a la hora de hablarnos de su trabajo. “Esta profesión tiene que ver también con una conexión apasionada con la infancia, y muchos adultos no tienen recuerdos de esa infancia”.

Foto Vilustrado

Foto Vilustrado

No cuenta que nada más graduarse de la facultad, surgió un trabajo con libertad total, ‘Salvaje’, sobre “una niña muy libre, reflejada en experiencias mías pero también de otras personas a las que he conocido. Una niña que se cría en la selva, en el bosque. No sabe muy bien por qué ha llegado allí… Pertenece a ese medio, ese es su mundo, su lugar, junto a los animales”.

“Nos parecemos un poco en el pelo, pero la inspiración es la figura de mi padre, que murió poco antes de que me embarcara en este proyecto. Por es digo que es un libro muy personal. Mi padre sufría una enfermedad mental y al mismo tiempo era consciente de enfrentarse al medio social en sus circunstancias… Es el período de mi vida en el que se gestó este proyecto y está en las influencias, claro”.

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“En los trabajos creativos, la inspiración viene muchas veces de nuestras experiencias cotidianas. A veces las palabras son topes para comunicar las cosas… Yo al final he conseguido comunicar lo que yo quería”.

Nos habla a continuación de ‘El pequeño jardinero’. “Una cosa muy importante es la caracterización, y la expresión del personaje juega mucho aquí. Me gustan los perfiles limpios, sencillos. Quiero un jardín cuidado y bonito. Me encanta esa simplicidad que se acaba plasmando. En la literatura infantil los personajes son fundamentales. A través de su expresión la gente va siguiendo la obra, se engancha con el personaje, aprenden contenidos identificándose con ellos, es el tipo de lenguaje con el que se identifican. Doy importancia a la expresión porque es lo que genera confianza en los pequeños lectores”.

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“El texto, cómo es un problema siempre. No se me da muy bien colocar el texto junto a las ilustraciones, me considero tímida en ese sentido y busco un estilo condensado en el texto, en los diálogos, para no poner algo ahí que me haga sentir incómoda. No quiero que el texto comprometa a las imágenes… En el jardinero conseguí que las imágenes fueran seguidas de esos pie de texto de una manera bastante armónica”.

Nos enseña ahora una especie de diario de viaje: ‘My favorite irish things’. “Tiene mucho que ver con la observación, con los detalles. Me ayuda mucho permanecer atenta, observando. Estar abierta a lo que sucede. Allí en Irlanda, no pasó nada especial, pero sí recuerdo detalles, experiencias, anécdotas triviales que nunca sabes a dónde te pueden acabar llevando. El mensaje sería el de mantener siempre los ojos abiertos. En realidad hay argumentos por todas partes”.

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Tenemos la suerte de ver su trabajo de cara a varios proyectos futuros. Es el caso de ‘Everything you need for a treehouse’. “Un proyecto que saldrá en un año. Me ha parecido muy interesante. Tiene más texto del habitual, y eso es un desafío, pero todo tiene más que ver con sentimientos que con la narrativa, y eso me interesa, me gusta. Una de las ideas que tiene la historia es el valor de las cosas imperfectas… Es interesante porque es sin personajes”.

Otra historia que tiene en mente, sobre una patata. ‘Wild potatoes’. Solo una imagen de este proyecto. “¿Qué surgirá? No tengo un fin previsto. Solo tengo dos imágenes, viene a demostrar mi estilo de trabajo. No todo está claro desde el principio, solo hay una imagen lo suficientemente potente para seguir trabajando en ella”.

Editoriales independientes

Una especie de debate a tres bandas con tres editoriales, Nórdica Libros, A buen paso y Kireei. De esa charla, extraemos algunas de las ideas que más nos han llamado la atención.

Arianna Squilloni: “Tienes que ser independiente porque honestamente tienes que publicar los libros que crees que son los mejores libros. Es una tarea importante. Y tienes cierta responsabilidad respecto a los autores con los que trabajas. Es una pasión, pero es una pasión que se tiene que mover”.

Diego Moreno: “Somos muy independientes porque hacemos lo que queremos. Ningún libro se somete a un criterio económico. Una opción personal de trabajo, de vida, y siempre he procurado tener siempre un sueldo, pequeñito, pero para poder dedicarle las 24 horas.”

Cristina Camarena: “Yo todavía compagino mi trabajo de profesora con Kireei. Las dos cosas me gustan, me alimentan y se generan sinergias entre las dos. La editorial llegó de manera orgánica. Es mi parte romántica de justicia poética, de que el papel no puede desaparecer… Soy un poco defensora de las causas perdidas”.

Arianna: “Es importante el diálogo, contrastar las ideas. Yo lo hago con el diseñador con el que trabajo. Hay algunos autores con los que nos sentimos en sintonía, y hay una producción de libros bastante constante. Suelen nacer más de los textos y de las ideas de libro. A veces les hablo a los autores de alguna cosa, de algún personaje… Y por otro lado hay un listado de ilustradores con los que me encantaría trabajar. Me encanta ir a buscarlos, bucear… Es fundamental cuando hablo con ilustradores, conocer qué les gusta, qué leen, qué música escuchan… Me interesa su punto de vista de la ilustración, no las técnicas con las que trabajan…”

Editoriales independientes

Foto Vilustrado

Diego: “Hemos abierto una vía, muy interesante. Al hacer libros ilustrados, las agencias de derechos han visto un camino. Los relatos me gustan mucho. El relato hay que leerlo de manera individual, y cuando le das entidad propia, lo ilustras, la gente lo lee como una novela. ¿Por qué no hacer lo mismo con otros géneros maltratados como la poesía? Y lo hemos hecho. Y el año que viene empezamos con el teatro. Si lo publicas bien y le das el formato adecuado, la gente lo lee”.

Arianna: “Me muevo en un ámbito pequeño, porque necesito moverme en un ámbito humano. Me hace feliz editar libros. La relación cercana con los autores: no podría trabajar con personas con las que no comparto ideales, es necesario hablar de lo que quieres contar y cómo lo quieres contar, …”

Cristina: “Haga lo que haga, en el centro está la persona, lo que me motiva es la experiencia humana y la relación entre nosotros. A la hora de trabajar con alguien, siempre hay una relación de mucho contacto, y una relación construida en el tiempo”.

Diego: “Es fundamental, ya que no nos vamos a hacer ricos, al menos que lo que hagamos sea bonito. Visitar librerías e ir de gira con ilustradores… Es mejor que nos llevemos bien en ese proceso, que la experiencia al menos sea gratificante para todos”.

Premio Concurso Ilustración ‘La duda’

Y como esta era una mañana de emociones, el jurado, formado por los profesores que han participado en esta edición de Vilustrado, y representado por la ilustradora Chiara Carrer, dio a conocer el fallo del Concurso de Ilustración ‘La duda’, cuyos finalistas eran los protagonistas de la exposición que pudimos visitar en el LAVA. La ganadora, la ilustradora Patricia Gutiérrez.

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Gusti y su viaje en lápiz

“Les voy a hablar de un amigo muy querido. Se llama ‘el lápiz’. Forma parte de mi vida”. Así iniciaba el ilustrador Gusti su charla en Vilustrado, y qué charla. Redonda, bien construida, con una historia, y con muchos mensajes de esos que llegan al corazón. Una charla inspiradora para todos los asistentes.

Gusti nos habló de su madre, Clarita. Ella quería que su hijo se convirtiera en el mejor dibujante del mundo, y él siguió los pasos que se suponían para llegar a ello: estuvo en Bolonia, recibió premios y empezó a publicar con muchas editoriales, en muchos idiomas. Y “cada vez me interesaba menos ser el mejor dibujante del mundo… Yo quiero ser un dibujante y, para ser dibujante hay que tener confianza, paciencia y saber esperar”.

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El lápiz: “yo lo trato como un amigo. Hace amigos, cura, hace cosquillas, sirve para reír, para soñar… A mí me sirvió para luchar contra el miedo. Yo uso el lápiz como una ‘serradura’ para romper esa jaula y sacar el corazón hacia fuera. El lápiz es la llave para abrir mi corazón, y los conecto. Hacía falta una contraseña para conectar el lápiz con el corazón: ‘con amor’; ‘disfruta’.

“El dibujar es vivir, no es algo ajeno a mi vida. Está totalmente ligado, todo el tiempo. Hoy vengo a decirle gracias al dibujo. Yo a donde voy y hay una hoja en blanco, es mi casa. Eso me gusta mucho del dibujo. Gracias al dibujo, puedo aprender muchas cosas. El dibujo me enseñó a ser padre. La relación padre-hijo. El dibujo me permite ser hijo, sacar el niño que soy”. Gusti tiene dos hijos, de 17 y 9 años. De esos dibujitos salieron estos dos hijos (a su mujer la conoció en Bolonia). Esos hijos están siempre ahí presentes, gracias al dibujo”.

“Gracias al dibujo puedo jugar. Me encanta jugar. En el dibujo todo lo podemos hacer, somos creadores. Hay una realidad, pero en el papel es la realidad que nosotros queramos, y a mi me encanta una realidad inclusiva”.

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“El dibujo me permite tener superpoderes. Y veo mucha magia… Transformar la realidad en una cosa mágica. No busco cosas informativas, me alimento de mis vivencias. Me encanta observar, dibujar a la gente, sin más. Dibujo a los alumnos en charlas, no hay intención de que esté bien hecho”.

Nos habla de su libro ‘Mallko y papá’, en el que retrata su vida cotidiana con su hijo Mallko que tiene síndrome de down. “El dibujo me sirvió como pura sanación. Yo puedo quitar cromosomas con el dibujo. Me sirve para los momentos difíciles, es mi manera de vivir el momento y darme cuenta de que no todo son risas. A veces da miedo dibujar esas cosas, pero ahí están (nos muestra dibujos en el hospital con su hijo)”.

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“El humor también me funciona muy bien. Dándole vueltas a la realidad, a ese estereotipo (el síndrome de down). Es una manera de inclusión también. Los dibujos curan. Cuando nació mi hijo (con un cromosoma de más), me fui a la mierda. ‘Mallko y papá’ está detonando mucho porque toco un tema fuerte. El dibujo sirve para muchas cosas en la vida. Mandar mensajes preciosos, recibir mensajes, y el dibujo es inclusivo”.

“Trabajamos con todos los colores, incluso el negro, lápices nuevos, viejos, trabajamos con basura… Somos inclusión total. Aprovechemos eso. No solo niños con cachetes rosados, también hay niños sin cachetes rosados…”

“El cuaderno es una gran casa. Si vas con un cuaderno vas siempre acompañado. No se obsesionen con la técnica, lo importante es tener algo que contar. Disfrutar, compartir lo que disfrutas, trabajar mucho, dibujar, recibir, dibujar, poder ver un niño y no un niño discapacitado. Si dibujas, disfrutas, haces magia, ves un niño y no un niño con discapacidad… Ese es el secreto para ser el mejor dibujante del mundo”.

“El lápiz da su vida para que nosotros podamos contar la nuestra”.

P.D. Me ha hecho mucha ilusión ver algún ‘Me gusta’ en redes de una señora llamada Clari Rosemffet…

Más imágenes en la galería de Vilustrado.

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Álbum Ilustrado

Sandra Castaño nos habla de su trabajo en ‘Alas’

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Sandra Castaño

¿No te parece extraño darte cuenta, de repente, de que no tienes alas? ¿Qué pasaría si a todo el mundo le saliesen alas? O mejor, ¿y si todas las cosas tuviesen alas? Todo sería tan distinto… Con este planteamiento la Editorial Thule nos presenta ‘Alas’, un álbum ilustrado de Sandra Castaño. Con ella hemos charlado un poquito más en torno a este libro.

¿Cómo nace este proyecto? “El proyecto de “Alas” nace en una clase que impartía Pato Mena. Exactamente a raíz de una maravillosa propuesta, que era nada más y nada menos que crear un álbum ilustrado desde cero. Creé varias propuestas diferentes y terminé por desarrollar “Alas”. El resto de las propuestas las dejé archivadas para otro momento y me enfoqué en la idea elegida para llevarla a cabo de la mejor manera posible”.

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Los lectores encontrarán una dinámica de causa consecuencia que se resume en unos personajes de granja a los que les salen alas y la manera en la que actúan éstos con esas alas. A lo largo del libro, hay pausas que dan ritmo a la historia, humor, reaparición de personajes… “Alas» es un álbum divertido que contiene ciertos detalles escondidos en las páginas que le añaden coherencia a la historia. Por no hablar de las guardas, las cuales son dignas de analizar”, nos asegura Sandra Castaño.

Sandra Castaño

¿Qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Las ilustraciones hablan por sí solas. Son dibujos muy visuales que muestran claramente la acción que está ocurriendo, de hecho, se podría considerar que existe una sinergia entre el texto y la imagen, que hace muy cómoda y dinámica la lectura. Lo característico de estas ilustraciones es la simpleza que muestran y lo bien que funcionan sin necesidad de ser más detalladas”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Como bien he mencionado anteriormente, el proyecto de “Alas” nació en el aula y en ese momento estábamos trabajando de una manera digital. Por lo tanto, utilicé una técnica digital que trata de simular parches con textura, superponiendo capas una encima de otra y dándoles forma cautelosamente hasta encontrar una armonía general que funcione. La intención de esta técnica era simular el collage y considero que el acabado ha sido todo un acierto, ya que es una técnica que la propia historia pide a gritos”, nos cuenta Sandra Castaño.

Sandra Castaño

Si Sandra tuviera alas… “Si tuviera alas, considero que vería la vida desde arriba, como un personaje secundario que observa y analiza a la protagonista de la historia. Vería todo con más perspectiva, y dejaría caer desde lo alto del cielo todos los miedos y preocupaciones, para así quitarme pesos innecesarios y volar con esas alas a donde quiera que me lleven. También me haría mi propio nido en la copa del árbol más alto de mi pueblo (aunque creo que ya está ocupado por las cigüeñas)”.

¿Qué has aprendido con este proyecto? “Este proyecto me ha enseñado muchísimo. Me ha enseñado que hay que probar maneras diferentes de ilustrar una idea hasta encontrar la más afín, pero, también me ha enseñado a parar de probar cuando te enamoras de una de las ideas, porque ésta ya habla por sí sola -continúa Sandra Castaño-. “Alas” también me ha enseñado a trabajar en equipo con el editor, cosa que me ha encantado y que me ha aportado puntos de vista muy interesantes para enriquecer la historia. El trabajar de esta manera te hace sentir acompañada en todo momento y eso se agradece”.

“No obstante, el mayor aprendizaje ha sido el descubrir que ésta es mi pasión, que me lo paso como una niña pequeña creando álbumes ilustrados y que sé con certeza que “Alas” será el primero de muchos álbumes ilustrados que haré a lo largo de mi vida”.

Sandra Castaño

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Ya he comentado anteriormente que la técnica final ha sido digital. Sin embargo, la creación de personajes, pruebas de color y textura, o bocetos relacionados a las imágenes las realicé sobre papel. Primero, dibujé 12 dobles páginas en las que creé una composición que daba ritmo a la historia: en la página derecha el personaje sin alas abajo y el texto arriba; y en la página izquierda el personaje con alas en la parte de arriba y el texto abajo”.

Sandra Castaño

“Una vez elegida esa dinámica, empecé a pensar personajes que podrían funcionar: un perro, una oveja… incluso metí una pelota que con alas se convertiría en una snitch dorada de Harry Potter pero que terminé retirando.Tras elegir los personajes, empecé a bocetar cómo serían. Ésto diría que fue la parte más complicada ya que no quería que fueran muy detallados, pero, a la vez quería movimiento, vivacidad y expresividad. Finalmente opté por la técnica de la superposición de capas y no puedo estar más contenta con la decisión tomada. Cuando todas las páginas, las guardas y la portada/contraportada cogieron forma, hice una maqueta de cómo sería el álbum en conjunto y, es esa la maqueta que mostré y gustó. Antes de publicarlo se realizaron adaptaciones de color, algún cambio de personaje y corrección de texto, para que finalmente naciera Alas”, afirma Sandra Castaño.

Sandra Castaño

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, estoy trabajando en la realización de las ilustraciones para un texto de una tercera persona. Es un proyecto que se convertirá en álbum ilustrado, pero de momento no hay editorial de por medio. Además, tengo varias maquetas de álbumes ilustrados que voy realizando en casa y que me gustaría publicar, en especial dos: uno al que he llamado: “La curiosidad sorprendió al gato”, un álbum con poco texto, pero que interactúa mucho con el lector. Por otro lado, “El cartero”, un álbum ilustrado sobre un cartero que se encarga de repartir el correo en el pueblo, y al que de repente, le aparece un misterioso paquete frente a la puerta”.

Sandra Castaño

“Tengo en una libreta apuntadas muchas ideas de álbum ilustrado que quiero desarrollar y eso es algo que me encanta, ya que me mantiene constantemente activa respecto al álbum, haciéndome experimentar, probar, borrar, colorear y sobre todo disfrutar y mejorar, porque vivimos en un constante aprendizaje”.

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Álbum Ilustrado

Manuel Marsol reflexiona en torno a ‘El cielo en casa’

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Manuel Marsol

Cuando tenía veinte años, Manuel encontró una fotografía en la vieja casa familiar. La fotografía mostraba a un hombre lanzando un penalti. Había también un portero a contrapié y un balón detenido en el aire. Ninguno de los jugadores que aparecían en la foto le resultaba familiar, excepto uno, el que chutaba el balón. Era su padre, que murió cuando Manuel era un niño. ¿Cómo saber entonces si aquel penalti se convirtió en gol? Como un detective que siguiera la estela borrosa de sus propios pasos en la nieve, Manuel Marsol se sirve de unas pocas películas, de una canción legendaria de Gino Paoli y del penalti fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial 94 para contestar la pregunta más apremiante que le plantea su corazón de niño: ¿puede el ser querido seguir vivo en el misterio? Editado por Fulgencio Pimentel, hemos charlado un poquito más sobre ‘El cielo en casa’ con Manuel.

Manuel Marsol

En el origen sobre todo, hay una fotografía. Me gustaría que me hablaras un poquito de eso, del origen, del embrión de este proyecto. “Es una fotografía que yo encuentro. Tendría unos 20 años. La encontré en una casa familiar. Había muchas fotos de fútbol de mi padre, que murió cuando yo tenía 11 años. Encontré muchas fotos de él jugando en campos de arena entre los años 60 y 70. Y me quedé atrapado con esta, porque el balón estaba ahí, era un penalti que él lanzaba, y el balón estaba ahí parado a mitad de camino entre la portería y el punto de penalti, y no se sabía si el balón entraba o no. Como él había muerto cuando yo era pequeño, era una metáfora de todos esos misterios, de todas esas cosas que yo no iba a poder preguntar. A partir de ahí, empecé a trabajar en el libro”.

Manuel Marsol

¿Qué se va a encontrar el lector cuando empiece a pasar las páginas de El cielo en casa? “Se va a encontrar una investigación, pero no la que haría un detective, sino más bien una investigación hacia dentro de uno mismo, hacia la memoria. Me di cuenta que tampoco el libro debía ir tanto sobre esa búsqueda, sino sobre todos los recuerdos que yo tenía con mi padre”, nos cuenta Manuel Marsol.

“Es un libro que está enfocado para el público adulto. Es el primer libro que no hago, digamos, para todos los públicos, por el tono, la manera de contarlo. Y es un viaje hacia el interior, hacia recuerdos con él, películas que veíamos juntos… El formato es de álbum ilustrado, pero tiene una longitud más propia de la novela gráfica. Hay mucho más texto de lo que acostumbro en mis libros”.

Manuel Marsol

“Primero, hay una parte en la que imagino cómo fue ese penalti, cómo pudo suceder. Hay otra parte en la que ya cada vez me voy alejando más de ese balón, y ese balón se va convirtiendo casi más en una estrella en el cielo. Y voy mirando más al pasado, a las películas que veíamos juntos, que tienen resonancias con esta historia. Al final es una historia que habla sobre el estar y el no estar, sobre lo que está adentro y lo que está afuera, como un penalti que marca la diferencia… El gol es la vida y el fallo es la muerte. El ser o no ser. En un penalti está recogidas un montón de metáforas”, continúa Manuel Marsol.

Manuel Marsol

“Por ejemplo, una película como ‘Centauros del desierto’, que es una peli que era de sus favoritas y que veíamos juntos, yo la narro desde los ojos del niño. Y hay cierta simbología con el dentro y el fuera. Es una peli que habla del regreso al hogar, de la casa. Se abre con un plano desde dentro de una casa y se cierra igual. Siempre está presente ahí el marco, lo que entra, lo que sale. Es como si en ese balón cupiesen muchísimas asociaciones. Entonces voy tirando de ese hilo, de ese balón, donde cabe todo lo que hacíamos juntos, canciones que escuchábamos…”.

Manuel Marsol

“Y luego ya hay una relación con el famoso penalti de Baggio en el Mundial del 94, que por una casualidad de fechas tiene mucho que ver con mi padre. Desde que se lanzó el penalti hasta que murió mi padre pasó justo un año. A través de ese penalti, que en su momento yo había visto con otros ojos, desde que Baggio nos había eliminado, y le tenía hasta cierta manía, pues de repente ese penalti se fue cambiando a raíz de ese descubrimiento de las fechas y volviéndose también parte de ese balón suspendido en el aire. Todo sirve para hacerme preguntas de todo tipo”, afirma Manuel Marsol.

Manuel Marsol

Manuel, y en cuanto a las ilustraciones, no sé si has trabajado con alguna cosa diferente o más o menos en la línea en la que venías trabajando hasta ahora. “Yo diría que es una línea un poco distinta, digamos más realista de lo que acostumbro. Es una historia que no es como las anteriores, de fantasía y tal, aunque la hay, hay una parte de fantasía, pero esta necesitaba que estuviese pegada a la realidad. Primero por la foto. La foto es una foto real y a la hora de representarla la dificultad era justo esa… Un equilibrio entre esa parte más expresionista mía y un realismo que necesitaba la historia”.

¿Y técnicas, Manuel? “Es pintura sobre papel. No tiene óleo, no hay collage, no hay digital tampoco. Es todo acrílico, acuarela y lápiz sobre papel”, indica Manuel Marsol.

Manuel Marsol

Estoy viendo ahora una de las imágenes que muestra la editorial del libro y que habla del cine. Se ve en la ilustración incluso el logotipo de La 2 de Televisión Española. “Es porque hay muchos recuerdos… Los objetos guardan como una especie de memoria. El niño que yo fui, el adulto que soy ahora, ve esos objetos de la casa familiar y están cargados de muchos recuerdos. Uno de esos objetos que salen en el libro es la cinta del VHS de Centauros del Desierto. A la hora de hacer el libro la llevé a una tienda, la digitalizaron, y me volví a ver Centauros en calidad VHS”.

“De ahí salieron muchos símbolos, lo que te contaba antes del dentro, del fuera. La búsqueda, porque también está buscando a una niña, que la secuestran los indios, y es una búsqueda sin saber muy bien si la niña está viva o muerta. Es un poco como la búsqueda del balón, algo que tú buscas y buscas, pero no sabes si tiene solución”.

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Cómic

Blanca Vázquez y cuando ‘Ya no llama nadie’

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Blanca Vázquez

Mariona piensa mucho en la muerte porque en este pueblo ya no le dejan pensar en nada más. Sus amigas han ido desapareciendo, y la cabeza de Vicente, su marido, es cada vez más volátil. Con sus ochenta y siete años, le pide poco a la vida: entretenerse con su jardín, discutir lo justo con su marido y ver a su hija los fines de semana. Las sensaciones nuevas, piensa, son algo que ya no le tocan. Aunque desde hace unas semanas algo le remueve el estómago cada vez que la familia se reúne para comer. Las palabras se le acumulan en la garganta, pero su figura se vuelve trasparente cada vez que intenta comunicarse con los suyos.

¿Qué pasará cuando ella ya no esté? ¿Qué dejará a los suyos tras su paso por la vida? ¿Alguien cuidará las calas de su jardín? ¿Dónde reposarán sus cenizas? Mariona quiere aprovechar una de esas sobremesas familiares para, por una vez, hablar de sus deseos. A través de su protagonista, ‘Ya no llama nadie’ ofrece un relato intimista sobre el ocaso de la vida, el olvido y la necesidad de crear legado. Un cómic de Blanca Vázquez y Elisabeth Casillas que edita Astiberri. Con Blanca charlamos un poquito más sobre este libro.

Blanca Vázquez

¿Dónde está el embrión de este proyecto? ¿Cómo llega a tus manos este trabajo? “En 2020 publiqué ‘Juntas en esto’, un cómic muy cortito, con Astiberri, sobre el aborto. Justo en esa época Elizabeth también estaba trabajando sobre el mismo tema, y me preguntaron si me parecería bien que Elizabeth presentara mi cómic en Madrid conmigo. Así conocí a Eli. Nos conocimos en la presentación de mi cómic. Me dijo que le gustaba mucho cómo ilustraba y que seguramente algún día podríamos hacer algo juntas”, nos cuenta Blanca Vázquez. “Cinco años más tarde me pasó el guion”.

¿Cuál fue tu primera impresión cuando recibes esta historia de Eli? “El guion no estaba terminado por completo. La escaleta estaba casi toda hecha, y al leer solamente la escaleta ya vi que era una preciosidad, me emocionó mucho. Por entonces ya estaba viviendo más lejos de mis abuelos, la relación que tenía con ellos era a distancia desde hacía años. Y, bueno, sigo teniendo relación con ellos a distancia. Entonces todo el tema de la familia y la visita me tocó mucho. Y me encantó”.

Blanca Vázquez

Al final sí que hay también, entonces, mucho de ti en este libro, ¿no? Te identificas… “Sí, sí. No lo he escrito yo, pero al leerlo lo sentía muy propio. Se lo decía mucho a Eli, que a veces sentía que la historia estaba escrita por mí. Al final he puesto mucho mío, pero porque creo que es un libro que tiene una historia muy fácil de leer, y pasarla a tus vivencias y a tus recuerdos”, asegura Blanca Vázquez.

¿Hay algún referente cercano que has reflejado de alguna manera en este cómic? “Los personajes tenían unas expresiones muy marcadas. Y claro, era un tipo de dibujo que yo lo siento muy mío, pero he tenido que trabajar con línea para llegar a determinados detalles. Cambia mucho de mi trabajo de otros años. El referente gráfico ha ido viniendo por el guion. Y como referentes de poses y tal, sí que he puesto a mis abuelos mucho a posar cada vez que iba al pueblo. Sí que me han ayudado mucho”.

¿Ellos han visto el cómic? “Pues sí, ya lo han visto, ly es ha gustado muchísimo, se han emocionado mucho. Yo me he emocionado de verlos emocionados, así que genial”.

Blanca Vázquez

¿Qué se va a encontrar la gente en sus páginas? “Se encuentran muchos recuerdos que se le remueven por dentro y también muchas sensaciones. Gente de 50, 60 años, en este libro se va a encontrar un poco la realidad quizá que tienen ahora de hijos cuidadores, pero también lo que se les viene en un futuro. Es un libro que va de la edad y del paso del tiempo, y a todos nos va a remover de cierta manera, a cada uno por la etapa siguiente que le viene”, confiesa Blanca Vázquez. 

¿Con qué técnicas trabajaste? “Por pasión y voluntad propia, siempre suelo trabajar en analógico con acuarela, tinta, es mi parte preferida. Y luego también, bueno, bocetando en lápiz. Pero durante estos años trabajando en empresas era todo digital. Cuando Eli me comentó que el libro eran 160 páginas, por ahorrar tiempo, economizar, también por recursos, me parecía mucho más cómodo pasarle bocetos en digital a Eli, y si ella veía que había que cambiar algo, al final siempre es más rápido el digital para los cambios. Y la técnica vino dada sobre todo por eso, por poder optimizar el tiempo y cambiar las cosas rápido”.

Blanca Vázquez

“Aunque también quería que mi huella de trabajar en acuarela estuviera presente -continúa Blanca Vázquez-. Entonces estuve investigando en Procreate, y siento que los pinceles que utilizas en ese programa se parecen muchísimo a los analógicos. Cuando los manejas parece de verdad que tengan el propio fallo y la espontaneidad que tiene la acuarela”.

¿Y del color qué nos puedes contar, Blanca? “Al principio hablábamos muchísimo que tenía que ser un libro que tuviese calidez, pero sobre todo también por la estación en la que está ambientado, que es el verano. Tenía que ser muy luminosa la parte exterior y muy sombría la parte interior de la casa para que hubiera ese contraste de fuera, alegría, familia, plantas, vida, y dentro el peso de la monotonía y la soledad que sienten y la casa que se les viene como un poco encima. Esto vino dado mucho por el color, por ese contraste que teníamos que buscar. Yo me imaginaba un poco el verano en el pueblo, radiante y rural”.

Blanca Vázquez

“Siento que la paleta le pega muy bien al mundo rural. Y también la paleta cálida, siento que la historia al ser tan dura y tan cruda, si hubiéramos cogido tonos fríos hubiera quedado como una historia un poco lúgubre y tampoco era esa la idea, porque la historia tiene mucha vida”. 

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