Entrevistas
Un domingo en Vilustrado: El trabajo salvaje de Emily Hughes, la independencia de algunas editoriales y el viaje en lápiz con Gusti
Se acabó Vilustrado 2016, y lo hizo por todo lo alto, con la presencia de grandes exponentes en este mundo de la ilustración. Arrancamos la jornada del domingo con una joven Emily Hughes, que ha conseguido un gran éxito con su primer álbum ilustrado, ‘Salvaje‘. Nos habló de este y de otros trabajos posteriores.
Las editoriales independientes también tuvieron su espacio en esta mañana tan intensa en el LAVA de Valladolid, con la presencia de Cristina Camarena, de la editorial Kireei, Diego Moreno de la editorial Nórdica Libros y Arianna Squilloni, de A buen paso.
Y como broche final, un viaje en lápiz con el ilustrador Gusti, uno de los momentos más emocionantes y aplaudidos de esta segunda edición de Vilustrado.
Emily Hughes
“Soy de Hawai, y eso se refleja también en mi trabajo. El trabajo de cada uno tiene que ver con la forma en la que te has criado, has vivido, tu mirada…”. Esta es la primera reflexión que nos aporta la ilustradora Emily Hughes a la hora de hablarnos de su trabajo. “Esta profesión tiene que ver también con una conexión apasionada con la infancia, y muchos adultos no tienen recuerdos de esa infancia”.
No cuenta que nada más graduarse de la facultad, surgió un trabajo con libertad total, ‘Salvaje’, sobre “una niña muy libre, reflejada en experiencias mías pero también de otras personas a las que he conocido. Una niña que se cría en la selva, en el bosque. No sabe muy bien por qué ha llegado allí… Pertenece a ese medio, ese es su mundo, su lugar, junto a los animales”.
“Nos parecemos un poco en el pelo, pero la inspiración es la figura de mi padre, que murió poco antes de que me embarcara en este proyecto. Por es digo que es un libro muy personal. Mi padre sufría una enfermedad mental y al mismo tiempo era consciente de enfrentarse al medio social en sus circunstancias… Es el período de mi vida en el que se gestó este proyecto y está en las influencias, claro”.
“En los trabajos creativos, la inspiración viene muchas veces de nuestras experiencias cotidianas. A veces las palabras son topes para comunicar las cosas… Yo al final he conseguido comunicar lo que yo quería”.
Nos habla a continuación de ‘El pequeño jardinero’. “Una cosa muy importante es la caracterización, y la expresión del personaje juega mucho aquí. Me gustan los perfiles limpios, sencillos. Quiero un jardín cuidado y bonito. Me encanta esa simplicidad que se acaba plasmando. En la literatura infantil los personajes son fundamentales. A través de su expresión la gente va siguiendo la obra, se engancha con el personaje, aprenden contenidos identificándose con ellos, es el tipo de lenguaje con el que se identifican. Doy importancia a la expresión porque es lo que genera confianza en los pequeños lectores”.
“El texto, cómo es un problema siempre. No se me da muy bien colocar el texto junto a las ilustraciones, me considero tímida en ese sentido y busco un estilo condensado en el texto, en los diálogos, para no poner algo ahí que me haga sentir incómoda. No quiero que el texto comprometa a las imágenes… En el jardinero conseguí que las imágenes fueran seguidas de esos pie de texto de una manera bastante armónica”.
Nos enseña ahora una especie de diario de viaje: ‘My favorite irish things’. “Tiene mucho que ver con la observación, con los detalles. Me ayuda mucho permanecer atenta, observando. Estar abierta a lo que sucede. Allí en Irlanda, no pasó nada especial, pero sí recuerdo detalles, experiencias, anécdotas triviales que nunca sabes a dónde te pueden acabar llevando. El mensaje sería el de mantener siempre los ojos abiertos. En realidad hay argumentos por todas partes”.
Tenemos la suerte de ver su trabajo de cara a varios proyectos futuros. Es el caso de ‘Everything you need for a treehouse’. “Un proyecto que saldrá en un año. Me ha parecido muy interesante. Tiene más texto del habitual, y eso es un desafío, pero todo tiene más que ver con sentimientos que con la narrativa, y eso me interesa, me gusta. Una de las ideas que tiene la historia es el valor de las cosas imperfectas… Es interesante porque es sin personajes”.
Otra historia que tiene en mente, sobre una patata. ‘Wild potatoes’. Solo una imagen de este proyecto. “¿Qué surgirá? No tengo un fin previsto. Solo tengo dos imágenes, viene a demostrar mi estilo de trabajo. No todo está claro desde el principio, solo hay una imagen lo suficientemente potente para seguir trabajando en ella”.
Editoriales independientes
Una especie de debate a tres bandas con tres editoriales, Nórdica Libros, A buen paso y Kireei. De esa charla, extraemos algunas de las ideas que más nos han llamado la atención.
Arianna Squilloni: “Tienes que ser independiente porque honestamente tienes que publicar los libros que crees que son los mejores libros. Es una tarea importante. Y tienes cierta responsabilidad respecto a los autores con los que trabajas. Es una pasión, pero es una pasión que se tiene que mover”.
Diego Moreno: “Somos muy independientes porque hacemos lo que queremos. Ningún libro se somete a un criterio económico. Una opción personal de trabajo, de vida, y siempre he procurado tener siempre un sueldo, pequeñito, pero para poder dedicarle las 24 horas.”
Cristina Camarena: “Yo todavía compagino mi trabajo de profesora con Kireei. Las dos cosas me gustan, me alimentan y se generan sinergias entre las dos. La editorial llegó de manera orgánica. Es mi parte romántica de justicia poética, de que el papel no puede desaparecer… Soy un poco defensora de las causas perdidas”.
Arianna: “Es importante el diálogo, contrastar las ideas. Yo lo hago con el diseñador con el que trabajo. Hay algunos autores con los que nos sentimos en sintonía, y hay una producción de libros bastante constante. Suelen nacer más de los textos y de las ideas de libro. A veces les hablo a los autores de alguna cosa, de algún personaje… Y por otro lado hay un listado de ilustradores con los que me encantaría trabajar. Me encanta ir a buscarlos, bucear… Es fundamental cuando hablo con ilustradores, conocer qué les gusta, qué leen, qué música escuchan… Me interesa su punto de vista de la ilustración, no las técnicas con las que trabajan…”
Diego: “Hemos abierto una vía, muy interesante. Al hacer libros ilustrados, las agencias de derechos han visto un camino. Los relatos me gustan mucho. El relato hay que leerlo de manera individual, y cuando le das entidad propia, lo ilustras, la gente lo lee como una novela. ¿Por qué no hacer lo mismo con otros géneros maltratados como la poesía? Y lo hemos hecho. Y el año que viene empezamos con el teatro. Si lo publicas bien y le das el formato adecuado, la gente lo lee”.
Arianna: “Me muevo en un ámbito pequeño, porque necesito moverme en un ámbito humano. Me hace feliz editar libros. La relación cercana con los autores: no podría trabajar con personas con las que no comparto ideales, es necesario hablar de lo que quieres contar y cómo lo quieres contar, …”
Cristina: “Haga lo que haga, en el centro está la persona, lo que me motiva es la experiencia humana y la relación entre nosotros. A la hora de trabajar con alguien, siempre hay una relación de mucho contacto, y una relación construida en el tiempo”.
Diego: “Es fundamental, ya que no nos vamos a hacer ricos, al menos que lo que hagamos sea bonito. Visitar librerías e ir de gira con ilustradores… Es mejor que nos llevemos bien en ese proceso, que la experiencia al menos sea gratificante para todos”.
Premio Concurso Ilustración ‘La duda’
Y como esta era una mañana de emociones, el jurado, formado por los profesores que han participado en esta edición de Vilustrado, y representado por la ilustradora Chiara Carrer, dio a conocer el fallo del Concurso de Ilustración ‘La duda’, cuyos finalistas eran los protagonistas de la exposición que pudimos visitar en el LAVA. La ganadora, la ilustradora Patricia Gutiérrez.
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Gusti y su viaje en lápiz
“Les voy a hablar de un amigo muy querido. Se llama ‘el lápiz’. Forma parte de mi vida”. Así iniciaba el ilustrador Gusti su charla en Vilustrado, y qué charla. Redonda, bien construida, con una historia, y con muchos mensajes de esos que llegan al corazón. Una charla inspiradora para todos los asistentes.
Gusti nos habló de su madre, Clarita. Ella quería que su hijo se convirtiera en el mejor dibujante del mundo, y él siguió los pasos que se suponían para llegar a ello: estuvo en Bolonia, recibió premios y empezó a publicar con muchas editoriales, en muchos idiomas. Y “cada vez me interesaba menos ser el mejor dibujante del mundo… Yo quiero ser un dibujante y, para ser dibujante hay que tener confianza, paciencia y saber esperar”.
El lápiz: “yo lo trato como un amigo. Hace amigos, cura, hace cosquillas, sirve para reír, para soñar… A mí me sirvió para luchar contra el miedo. Yo uso el lápiz como una ‘serradura’ para romper esa jaula y sacar el corazón hacia fuera. El lápiz es la llave para abrir mi corazón, y los conecto. Hacía falta una contraseña para conectar el lápiz con el corazón: ‘con amor’; ‘disfruta’.
“El dibujar es vivir, no es algo ajeno a mi vida. Está totalmente ligado, todo el tiempo. Hoy vengo a decirle gracias al dibujo. Yo a donde voy y hay una hoja en blanco, es mi casa. Eso me gusta mucho del dibujo. Gracias al dibujo, puedo aprender muchas cosas. El dibujo me enseñó a ser padre. La relación padre-hijo. El dibujo me permite ser hijo, sacar el niño que soy”. Gusti tiene dos hijos, de 17 y 9 años. De esos dibujitos salieron estos dos hijos (a su mujer la conoció en Bolonia). Esos hijos están siempre ahí presentes, gracias al dibujo”.
“Gracias al dibujo puedo jugar. Me encanta jugar. En el dibujo todo lo podemos hacer, somos creadores. Hay una realidad, pero en el papel es la realidad que nosotros queramos, y a mi me encanta una realidad inclusiva”.
“El dibujo me permite tener superpoderes. Y veo mucha magia… Transformar la realidad en una cosa mágica. No busco cosas informativas, me alimento de mis vivencias. Me encanta observar, dibujar a la gente, sin más. Dibujo a los alumnos en charlas, no hay intención de que esté bien hecho”.
Nos habla de su libro ‘Mallko y papá’, en el que retrata su vida cotidiana con su hijo Mallko que tiene síndrome de down. “El dibujo me sirvió como pura sanación. Yo puedo quitar cromosomas con el dibujo. Me sirve para los momentos difíciles, es mi manera de vivir el momento y darme cuenta de que no todo son risas. A veces da miedo dibujar esas cosas, pero ahí están (nos muestra dibujos en el hospital con su hijo)”.
“El humor también me funciona muy bien. Dándole vueltas a la realidad, a ese estereotipo (el síndrome de down). Es una manera de inclusión también. Los dibujos curan. Cuando nació mi hijo (con un cromosoma de más), me fui a la mierda. ‘Mallko y papá’ está detonando mucho porque toco un tema fuerte. El dibujo sirve para muchas cosas en la vida. Mandar mensajes preciosos, recibir mensajes, y el dibujo es inclusivo”.
“Trabajamos con todos los colores, incluso el negro, lápices nuevos, viejos, trabajamos con basura… Somos inclusión total. Aprovechemos eso. No solo niños con cachetes rosados, también hay niños sin cachetes rosados…”
“El cuaderno es una gran casa. Si vas con un cuaderno vas siempre acompañado. No se obsesionen con la técnica, lo importante es tener algo que contar. Disfrutar, compartir lo que disfrutas, trabajar mucho, dibujar, recibir, dibujar, poder ver un niño y no un niño discapacitado. Si dibujas, disfrutas, haces magia, ves un niño y no un niño con discapacidad… Ese es el secreto para ser el mejor dibujante del mundo”.
“El lápiz da su vida para que nosotros podamos contar la nuestra”.
P.D. Me ha hecho mucha ilusión ver algún ‘Me gusta’ en redes de una señora llamada Clari Rosemffet…
Más imágenes en la galería de Vilustrado.
Álbum Ilustrado
Marina Montero nos acerca a la ‘Mecánica ilustrada’
¿Por qué una pelota vuelve al suelo cuando la lanzas? ¿Cómo consigue una noria mantenerse en movimiento? ¿Qué tienen en común una tortilla, un satélite, una bicicleta y una montaña rusa? La mecánica clásica es la rama de la física que estudia el movimiento de los cuerpos y las fuerzas que actúan sobre ellos. Aunque pueda parecer una disciplina compleja, sus principios están presentes en casi todo lo que hacemos cada día. Con un lenguaje accesible, mucho humor y unas ilustraciones llenas de personalidad, Marina Montero convierte conceptos como la gravedad, la inercia, la energía o las leyes de Newton en experiencias visuales fáciles de comprender y difíciles de olvidar. Premio Andersen de iIlustración 2026, ‘Mecánica ilustrada’ es un álbum que edita Zahorí Books y que estará en librerías los primeros días de septiembre. Con su autora hemos charlado un poquito más sobre este maravilloso libro.

¿Dónde está el origen de este proyecto? “El origen de este libro está en el proyecto final de un curso de ilustración que realicé en la Escuela Minúscula. Aunque, pensándolo bien, creo que la semilla se plantó mucho antes, cuando dibujaba e ilustraba mis propios apuntes durante primaria y secundaria para motivarme con el estudio. El dibujo siempre fue clave en mis procesos de aprendizaje, sobre todo en las materias científicas, a pesar de que al terminar el bachillerato me decantase por las Bellas Artes”.
“Cuando me enfrenté al proyecto final del curso, volví a los manuales escolares de física que tan tediosos me parecían en su momento y, de repente, descubrí un universo fascinante -continúa Marina Montero-. No me preocupaba tanto comprender el contenido denso, sino que me cautivaron los diagramas y ese lenguaje visual científico tan cuadriculado, encontré una belleza inesperada en él. Tuve claro que quería apropiarme de esa estética, llevármela a mi terreno y explorar algo nuevo. El detonante fueron unas ilustraciones de máquinas simples del siglo XVIII que me parecieron hermosas. A partir de ahí nació la idea de crear una especie de glosario ilustrado de principios físicos. Tras presentarlo, hice una breve tirada en fanzine con Another Press y funcionó muy bien. Después lo presenté al Serpa Award y, gracias a la mención especial, contactaron conmigo unos editores italianos (Quinto Quarto) que vieron el potencial del proyecto para convertirse en un libro de física para niños”.

¿Qué encontrarán los lectores en sus páginas? “Encontrarán una introducción algo particular a la mecánica clásica, que viene siendo la física de las cosas que podemos ver y tocar: aquella que no es ni macro ni microscópica y que no viaja a la velocidad de la luz. Se trata de un recorrido por algunos de los principios fundamentales de la mecánica clásica: levantarse de la cama, entrar en el metro, recalentarse unos espaguetis, dar la vuelta a la tortilla… Quiero decir: las máquinas simples, las leyes de newton, la ley de gravitación universal, los tipos de movimientos, las fuerzas… y que son explicados a través de situaciones cotidianas aparentemente absurdas o banales. Además, la editorial me pidió añadir breve repaso histórico para conocer a los pensadores que formularon estas ideas”, asegura Marina Montero.
¿Qué ha supuesto el reconocimiento en Bolonia? ¿Y el premio Andersen? “Honestamente, ni siquiera imaginaba que esta idea pudiera llegar a publicarse en formato libro, así que todo lo que ha venido después me ha sorprendido enormemente. Estoy muy feliz por estos reconocimientos y porque se haya valorado el trabajo. Sobre todo, me alegra ver que se apuesta por propuestas inusuales y por la visión subjetiva del creador. Siento que en este proyecto he podido ser muy fiel a mí misma”.


¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Realmente fue la fase más lúdica del proceso -confiesa Marina Montero-. Elaboré un listado con los principios y fenómenos físicos que deseaba incluir. Los buscaba en manuales para analizar cómo se representaban visualmente y leer su definición teórica. A partir de ahí, el reto consistía en buscar analogías o momentos cotidianos que encajaran con ese principio físico para integrarlos en la composición”.
“Una vez resuelto esto, tocaba plasmar en la ilustración los diferentes vectores y magnitudes. Finalmente, tomaba la definición científica original y la modificaba para que dialogara con la escena cotidiana. Fue como realizar un ejercicio de estilo como hizo Raymond Queneau en 1947 con su obra Ejercicios de estilo, que era un referente que tenía muy presente en la cabeza en ese momento y que descubrí gracias a una clase con la ilustradora Ana Bustelo. Como es natural, también descarté muchas ideas por el camino. Algunos ejemplos cotidianos no lograban sintetizar bien el principio físico o resultaban menos sugerentes”.


¿Cuál ha sido tu mayor descubrimiento tras todo ese proceso? “He aprendido muchísimo en el camino y me cuesta elegir un solo descubrimiento. Sin embargo, algo bellísimo ha sido comprobar que es posible trabajar con editores que confían plenamente en tu criterio y en tu visión artística. Antes de este proyecto, no me proyectaba como «autora» de libros ni pensaba que tuviera grandes historias que contar, me veía más como una ilustradora de encargo. Este proceso me ha demostrado que sí tengo una voz propia y que, curiosamente, lo que me interesa narrar a menudo está estrechamente ligado a la ciencia”, afirma Marina Montero.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que lo que caracteriza a estas piezas es el nivel de síntesis que he alcanzado, el cual dialoga muy bien con el código gráfico y técnico de la ciencia. Es un registro que no había explorado en proyectos anteriores y me sorprende lo bien que funciona en este contexto. También resultó novedoso para mí plantear una estructura en el diseño de la doble página: en el lado izquierdo presento los «ingredientes» (la definición, la fórmula, los personajes, las “variables” en juego), mientras que la página derecha funciona como la «resolución» visual del problema”.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Combiné técnicas digitales y analógicas. Siempre me gusta que mis ilustraciones contengan un componente táctil. En este caso, incorporé texturas de grafito, pinceles y tinta realizadas sobre papel -nos cuenta Marina Montero-. Después las integré digitalmente para aportar un acabado más orgánico. El digital me permite trabajar con la agilidad y rapidez necesarias para abordar un proyecto de este tipo. Para proyectos de otra naturaleza, sigo prefiriendo la pausa y la plasticidad del papel”.
Cuéntanos un poco más sobre el trabajo de elaboración de este libro. “Dediqué mucho tiempo a la investigación, especialmente cuando llegó el momento de ampliar la parte científica. Tuve que repasar conceptos y detenerme a comprender a fondo nociones que ya había olvidado. Precisamente eso es algo que valoro enormemente de esta experiencia, el haber recuperado el interés por materias que en su día me parecieron más ajenas. Poder mirarlas hoy con otra perspectiva y transformarlas en una propuesta creativa ha sido muy motivador y enriquecedor, sobre todo pensando en que pueda inspirar a otras personas a mirar la física con otros ojos”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Actualmente estoy ilustrando un nuevo álbum con Quinto Quarto, la editorial que publicó el título original en italiano. En esta ocasión trabajo sobre un texto e idea de otra autora: un libro que explora los diferentes tipos de corazas y armaduras, desde las que existen en el mundo natural hasta las creadas por el ser humano. En paralelo, estoy desarrollando otro proyecto con la editorial que lo publica en España, Zahorí Books, en coedición con el CSIC, para la colección Mentes Curiosas”.
Álbum Ilustrado
Ester García y ‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’
‘El día en que Úrsula Mon se convirtió en oso’ es una novela emotiva y magnética que transcurre en las montañas del norte peninsular, con una protagonista valiente y frágil, fuerte y vulnerable. Úrsula es una niña diferente que ha forjado una fortaleza especial para sobrellevar la ausencia de su madre, la convivencia con su abuela y superar las dificultades de comunicación por su tartamudez. Su infancia está marcada por las adversidades, los complejos y el rechazo en la escuela, que la llevan a refugiarse y evadirse en el bosque como una criatura más en la libertad de la naturaleza, desarrollando una habilidad única para entenderse con la fauna. Algo maravilloso le cambia la vida: el encuentro con un oso despierta en ella una conexión emocional tan intensa que buscar el reencuentro con ese imponente animal se vuelve una obsesión, desafiando incluso las advertencias del guarda forestal que, junto con la nueva maestra que llega a la aldea, son de las pocas personas que la comprenden.
Con una narrativa envolvente que atrapa y conmueve, Mónica Rodríguez se adentra en su Asturias natal para crear este relato, un viaje personal que comienza cuando las pupilas de su protagonista se funden con la mirada penetrante de un oso pardo. Ester García acompaña el texto con unas espectaculares imágenes realistas, de gran detallismo, que destacan por su calado poético, la expresividad y la ternura de los personajes que representa. Con ella hemos hablado un poco más sobre su trabajo en este libro que edita Kalandraka.

Lo primero, cuéntanos dónde está el origen de este proyecto. “El punto de partida fue una llamada de Manuela, que me invitó a leer esta historia de Mónica porque desde la editorial Kalandraka pensaban que podría ser yo quien la ilustrara. Me contó que era una novela ambientada en Asturias, con un oso y una niña como protagonistas, y que a ellos les había fascinado. Creo que no necesité saber mucho más para lanzarme a la aventura”.
¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “Mónica va a llevarles de la mano a través de una historia en la que la naturaleza está muy presente. Úrsula, la protagonista, vive en un entorno rural y se siente diferente a todos los que la rodean. Encuentra cobijo y consuelo en el bosque y los animales que lo habitan. A través de su mirada nos adentramos en una reflexión honda sobre la soledad, el abandono y el instinto de supervivencia. El encuentro de Úrsula con un oso marcará el inicio de una transformación que cambiará para siempre su manera de habitar el mundo”, nos cuenta Ester García.

¿Qué te pareció la historia de Mónica la primera vez que la leíste? ¿Qué es lo que más te gusta del relato? “Me resultó una novela muy hermosa, y también dura. Tiene un punto salvaje, y a la vez está narrada con mucha sensibilidad. Disfruto de la poética presente en las historias que Mónica crea, y de la naturalidad con la que hace avanzar el relato. Todo es muy verdadero, como si ella nos escribiese desde allí, en el monte, acompañando a los personajes, sintiendo con ellos, sabiendo de sus pensamientos, emociones y anhelos. Es un libro muy sensorial, de olores, tonos, sonidos y sensaciones. También silencios. Todo ello hace que haberlo ilustrado haya sido verdaderamente inspirador”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, de documentación, de pruebas, no sé si de dibujos en algún cuaderno… “Siempre imprimo el manuscrito -no me gusta trabajar leyendo en el ordenador- y en los márgenes van apareciendo ideas, esbozos, palabras sueltas… Voy subrayando y tomando notas de los pasajes que me resultan más relevantes. Después, esas primeras ideas crecen en hojas aparte: las dibujo, las comparo, las dejo reposar, las descarto o vuelvo a ellas hasta que encuentran su forma -continúa Ester García-. También dedico mucho tiempo a la documentación. Reúno fotografías de animales, insectos, árboles o plantas y las organizo en carpetas que me acompañan durante el proceso. Me gusta que cada elemento pertenezca de verdad al lugar y al tiempo de la historia. En este caso, como la narración transcurre en paisaje de monte Asturiano, ha sido una oportunidad para perderme en el bosque y retratar algunas referencias de primera mano”.


Cuéntanos algo sobre las ilustraciones. Sigues más o menos con la línea de los últimos trabajos, ¿no? “Siempre que inicio un proyecto, lo que más tarda en aparecer es la primera imagen que dará el tono general al libro. Normalmente hago distintas pruebas, hasta que ya tengo una ilustración que abre el camino. En este libro, ese punto de partida fueron dos retratos, el del oso y el de Úrsula, ambos de frente. Desde el principio supe que esas dos miradas debían ocupar el centro de la historia. Fueron el tronco del que nació el resto. Y todo lo demás fue ir construyendo alrededor de ellas, ramas y hojas, hasta terminar el árbol de las ilustraciones, del libro”, nos cuenta Ester García.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Tinta Quink y grafito. Una vez escaneadas, apliqué un leve color digital”.



Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. Por lo que hemos visto en alguna imagen, al menos algún tema de ‘El último de la fila’ ha estado ahí en la banda sonora del proceso… “Sí, jeje… En esta ocasión me acompañaron mucho temas tan emblemáticos como «La piedra redonda» o «Dios de la lluvia». Suelo elegir una banda sonora de canciones concretas, y hacer una pequeña playlist de canciones que relaciono con el libro. Me ayudan a permanecer dentro de la historia mientras dibujo -asegura Ester García-. Desde hace un tiempo, además, he incorporado otra pequeña costumbre. A medida que voy avanzando en las ilustraciones, las coloco unas junto a otras en un panel, todas a la vista, para convivir con ellas. Me gusta ver cómo dialogan entre sí cuando están en proceso, y me ayuda a que el libro conserve una armonía visual de principio a fin y tenga coherencia.


¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Acabo de terminar un álbum ilustrado para pequeños lectores, y ahora mismo estoy comenzando a ilustrar un clásico al que le tengo muchas ganas”.
Cómic
Júlia Rubau nos descubre ‘El misterio de la Geoda Rosada’
Lara, Nil y Dídac son tres amigos atrapados en el verano más aburrido del mundo. Como cada año, han ido con sus padres al pueblo y ya no saben qué hacer para entretenerse… Hasta que Lara descubre unas ranas que hablan y que crecen a una velocidad imposible. Tratando de averiguar algo más sobre el origen de esta magia, los tres amigos se ven inmersos en un misterio que incluye una geoda rosada capaz de cambiar las cosas, un complot y a una rana enfadada capaz de hacer cualquier cosa por perturbar la paz en el pueblo. Así nos presenta la editorial Astronave ‘El misterio de la Geoda Rosada’, un trabajo de Júlia Rubau, con la que hablamos un poco más sobre este libro.

Lo primero, cuéntanos cómo nace este proyecto.”Este proyecto nace justo cuando acabo mis estudios de cómic e ilustración en la Escola Joso de Barcelona. Me habían hablado de un concurso de cómic de la ciudad de Cornellà en el que solo tenías que presentar dos páginas, así que probé suerte. Todavía no tenía un estilo muy sólido y tenía muchas ganas de experimentar con diferentes influencias. Referentes como Kristof Ulbert, Ikegami Yoriyuki, Rebecca Sugar entre muchos otros, me llevaron a crear las páginas que entregué”, nos cuenta Júlia Rubau.
“En términos de historia no desarrollé demasiado; simplemente partí de la premisa de unos niños observando un río en medio del bosque en busca de algo. Uno de ellos, Lara, afirmaba haber visto un renacuajo mágico y esperaba volver a encontrarlo. Los demás no la creen y se marchan decepcionados, pero ella continúa con su búsqueda. Poco después, Lara presencia de nuevo un evento mágico: un pequeño renacuajo se transforma en rana, a una velocidad imposible. Solo gané una mención en ese concurso, pero no me quedé ahí. Al saber de la existencia de otro concurso, el Premi Carnet Jove de Còmic, el cual ofrecía la posibilidad de publicar con Norma Editorial, decidí desarrollar todo el trasfondo y la trama que esos personajes podían vivir. Unos meses después, y con cero esperanzas de ganar, recibí una llamada con una muy buena noticia”.

¿Qué encontrarán los lectores en las páginas de este libro? “En este cómic los lectores encontrarán una aventura de verano, uno de esos veranos que puede que muchos hayamos vivido, en el que el aburrimiento es el protagonista. Los personajes de esta historia pasan sus vacaciones en un pequeño pueblo donde los únicos niños son ellos y donde nunca pasa absolutamente nada. La protagonista, Lara, es una niña muy imaginativa y cabezota. Siempre es quien dirige fantásticas aventuras imaginarias para pasar el rato, pero ese verano está cansada de fingir, quiere vivir una aventura mágica de verdad. Así que no tarda en buscarse una por su propio pie. Lo que no espera es encontrarse con una geoda con poderes misteriosos y una sociedad de ranas parlantes y furiosas que planean algo muy malo contra el pueblo. Pero detrás de todos esos sucesos mágicos, esta historia habla sobre todo del rencor, del perdón y de la difícil tarea de gestionar las emociones dolorosas cuando todavía no sabes muy bien cómo hacerlo. En conjunto crean una tierna y divertida historia con muchas, muchas ranas”, afirma Júlia Rubau.

¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. ¿Cómo nacen estos personajes? “Profundizando un poco en lo que comentaba antes, este proyecto nace realmente en un momento en el que lo que más me movía era experimentar con el estilo: la composición poco convencional de las viñetas, la estilización de los personajes, el sombreado a lápiz, las paletas de color armoniosas, el uso del negro, etc. Este proyecto me sirvió como una liberación de todos los referentes que me habían inspirado hasta ese momento. Fue mi primer cómic, mi primera historia creada completamente por mí, y también la primera vez que terminaba un proyecto de esta envergadura: una historia que empezaba y acababa. Nunca había hecho nada parecido, así que supuso un gran salto para mí”.
“A nivel de desarrollo de personajes, personalmente no me requirió demasiado trabajo -continúa Júlia Rubau-. Con unos pocos bocetos ya encontré unos diseños que encajaban con la historia. Lo que realmente me interesaba era dibujar y componer páginas potentes, con fondos y colores impactantes, así que busqué muchas referencias de bosques, ríos y ranas para conseguirlo. También me inspiré mucho en los preciosos paisajes que Enrique Fernández crea en sus cómics”.

¿Cuántas ranas llegaste a dibujar? “Sinceramente, nunca las he contado, no diría con mucha seguridad que cientos de ranas pero unas cuantas decenas si”.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente con respecto a otros trabajos? “Creo que, al menos en este cómic en concreto, lo que más destaca es mi manera de estilizar a los personajes y las criaturas. Me gusta deformar ligeramente los cuerpos o llevar la anatomía hasta límites irreales para conseguir más vida y personalidad. Además, tengo una clara tendencia hacia las formas redondeadas y tiernas, o al menos eso es lo que suele decir la gente. También destaca bastante la paleta de color que utilizo. Me centro en una gama de tonos muy cercanos entre sí para crear paletas armoniosas que solo cambian según la escena. Además, en este proyecto, especialmente, utilicé colores muy ácidos que contrastan muy bien con el sombreado oscuro presente a lo largo de todo el cómic”, asegura Júlia Rubau.

¿Con qué técnicas trabajaste? “Aunque ahora mismo cada vez siento más pasión por el trabajo tradicional, en ese momento necesitaba trabajar en digital, así que utilicé mi iPad y el programa de dibujo, Procreate. Aun así, intenté crear páginas que se acercaran lo máximo posible al aspecto de una página hecha a mano. Me gusta mucho imitar las texturas del lápiz y de la acuarela, así que hice todo lo posible para conseguir ese efecto”.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “El proceso fue, básicamente, el siguiente: primero pasé unos tres meses escribiendo el guión y dibujando, de forma paralela, el storyboard, es decir, el esquema de composición de las viñetas. Una vez tuve el storyboard, terminé de escribir los diálogos que aún faltaban y, con toda la historia planificada, empecé a dibujar las páginas definitivas. Cuando todo el dibujo estuvo listo, pasé al entintado y al sombreado. Para entonces ya llevaba unos cuatro o cinco meses más de trabajo y solo quedaba colorear todas las páginas. En total fue un trabajo de casi un año y podría decirse que durante ese tiempo fue a jornada completa. Fue una experiencia muy interesante en la que aprendí muchísimo sobre mi forma de afrontar un proyecto de tal calibre”, comenta Júlia Rubau.

¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy trabajando en un nuevo cómic infantil gracias a haber sido seleccionada para una de las cuarenta ayudas del Ministerio de Cultura destinadas a la creación de cómic. Se trata de un proyecto protagonizado por Lalu, una niña hija única a la que le encanta serlo. La rutina que tanto le hace feliz es puesta en peligro cuando descubre que pronto tendrá una hermanita. Después de maldecir al universo y desahogarse con su circuito de canicas, es trasladada a través de su armario, a una realidad alternativa en la que siempre ha tenido una hermana gemela. Todos sus miedos toman forma en una niña igual que ella, una tal Lula. La vida de Lalu se convierte, según ella, en un infierno, mientras que Lula no entiende por qué su hermana de repente la odia tanto si siempre se han llevado bien. Antes de que termine la semana, Lula tendrá que convencer a Lalu de las ventajas de tenerla como hermana, si no lo consigue, la tradición de ir juntas en el autocar por las colonias de fin de curso se romperá por primera vez. Esta historia saldrá en un año aproximadamente, el nombre del proyecto es «Lalu & Lula».
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