Miguel Ángel Moleón sobre sus ilustraciones: «Gamberras, desprejuiciadas, narrativas, experimentadoras, adictivas»

Miguel Ángel Moleón sobre sus ilustraciones: «Gamberras, desprejuiciadas, narrativas, experimentadoras, adictivas»

Miguel Ángel Moleón Viana es profesor titular de la Universidad de Granada en la Facultad de Bellas Artes, en el Departamento de Pintura. Ha publicado diversos cuentos y lo conocimos a raíz de un reportaje para televisión que hicimos hace tiempo sobre ilustración infantil.

Sobre sus gustos, sabemos que le encanta un ilustrador, Quentin Blake, “un loco adorable. Un niño grande. Un gigante sencillo”, nos cuenta. Cuando le preguntamos por un álbum ilustrado, nos dice dos: “El libro de las preguntas” de Pablo Neruda, ilustrado por Isidro Ferrer, y “El Cascanueces y el Rey de los ratones” de E.T.A. Hoffmann, “ilustrado por el genial Jesús Gabán”. Su técnica, “el collage fotográfico y plástico con Photoshop”, y entre el lápiz y el ordenador, se queda con los dos.

Su proyecto ideal, “ilustrar una de mis novelitas inéditas (perdón por el ombligocentrismo): “Pero, Simbad… ¿Dónde vas? O los maravillosos viajes de Abud Balino y su cochambroso submarino”. Su cuento clásico, “La Bella Durmiente”… (qué maravilla poder dormir durante años… ¡y si te despierta un príncipe, ¡garrotazo al canto!). Y su lugar para disfrutar de un álbum ilustrado, “a la orillita del mar, cerca de las sardinitas del chiringuito, pero lejos de cualquier prisa o jaleo”.

¿Cuándo comenzaste a ilustrar? “De pequeño: de hecho nunca comencé a ilustrar. Lo que ocurrió es que nunca dejé de dibujar, mejor o peor, con unas intenciones o con otras… Pero siempre enhebrando los dibujos con una actividad lúdica e imaginativa”.

¿Como definirías tus ilustraciones? “Gamberras, desprejuiciadas, narrativas, experimentadoras, adictivas”.

“Toco desde las técnicas más tradicionales, como los lápices de colores cruzados con la acuarela, hasta la ilustración por ordenador (especialmente el fotomontaje en Photoshop), pasando por cualquier travesura que se me ocurra (en arte contemporáneo no cabe mojigaterías semejantes al estilo, el concepto de escuela, o las convicciones monoteístas de lo que es o debe ser una ilustración)”.

“Fundamentalmente han acabado en libros editados por diversas editoriales: Everest, Edebé, Almuzara… En realidad ahora mismo mis ilustraciones no navegan por otros espacios que los del clásico libro de papel, aunque últimamente ya me empiezan a editar en libros electrónicos… ¡e incluso a ser pirateado! (Qué cosa)”

¿Cómo se encuentra y cómo es la industria editorial para niños en tu país? “Es una industria muy pujante, a pesar de recibir las cornadas propias de la crisis. El sector mantiene una salud envidiable hasta para la industria editorial ‘adulta’”.

¿Que opinas de los nuevos formatos como el libro electrónico y las aplicaciones para móviles y tabletas? “Me parecen un prodigio, una maravilla, magia pura… ¡Bienvenidos sean cuantos vehículos podamos imaginar si de expandir la creación plástica y literaria se trata… No obstante, los nuevos soportes y las circulaciones ciberespaciales albergan zonas de tinieblas bastante inquietantes: es evidente que toda la revolución digital tiene mucho de maniobra especulativo-económica. Hablamos de una industria aplastante a la que le importa realmente poco qué circula por sus nuevas y fascinantes vías. Lo único que le importa es la macroventa de todo: conexión a internet, tabletas, móviles… Cuidado: los avances tecnológicos no son inocentes ideológicamente hablando”.

“Siempre ando cocinando a fuego lento, igual que mi abuela Mamapepa su cremosito arroz con pollo de los domingos. Cocinando historias, dibujos, delirios…”