Álbum Ilustrado
Pedro Oyarbide ilustra ‘El rayo que no cesa’
‘El rayo que no cesa’ es la obra más representativa y lograda de Miguel Hernández. Resultado y testimonio de una profunda crisis vital, sus páginas exploran la vivencia del amor, un amor doloroso, intenso y frustrado que deviene una herida constante. A la riqueza poética de Miguel Hernández se suma aquí la sensibilidad artística de Pedro Oyarbide, quien acompaña estos versos desgarradores con ilustraciones igualmente potentes, profundizando en la simbología hernandiana.
Los treinta poemas de ‘El rayo que no cesa’ adquieren una dimensión inédita en esta edición profusamente ilustrada que invita a una lectura renovada, donde palabra e imagen dialogan para intensificar la emoción, el tormento y la belleza de un libro esencial de la literatura española. Una edición de Lunwerg sobre la que hablamos un poquito más con Pedro Oyarbide.
Lo primero, cuéntanos cómo llega a tus manos este proyecto. “Venía de hacer ‘El Principito’ con Lunwerg. En principio habíamos empezado a darle forma a otro libro ilustrado muy diferente, una colección de cuentos del siglo XIX, pero el proyecto estaba algo estancado y por mi parte no terminaba de fluir. La editora me dio libertad para proponer otros títulos y ‘El rayo que no cesa’ me vino enseguida a la cabeza. Siempre me ha gustado la poesía de Miguel Hernández y sabía que ese libro tenía ingredientes más que suficientes para construir una propuesta visual interesante”.
¿Cómo era tu relación con esta obra de Miguel Hernández antes de abordar este proyecto? “Hasta entonces había leído sobre todo poemas sueltos, más que un poemario completo. Pero había algo en Miguel Hernández que siempre me había atraído, tanto o más que su obra: su personalidad, su historia y, por supuesto, la fuerza y la belleza de su poesía”, nos cuenta Pedro Oyarbide.
¿Cómo dirías que ha cambiado esa relación con el título y con la figura del poeta? “Ha cambiado mucho. Para afrontar el libro me leí bastante sobre la biografía del poeta, el marco histórico, etc. Descubrir con más profundidad su trayectoria y, especialmente, su tristísimo final, hizo que conectara todavía más con sus versos”.
¿Cómo fue el trabajo previo al libro? Me refiero a esa fase de investigación, documentación, pruebas o dibujos en algún cuaderno. “Fue un proceso bastante natural, muy parecido al que sigo con otros libros -continúa Pedro Oyarbide-. Leí el poemario mientras tomaba notas y hacía algunos bocetos rápidos. Aunque el resultado está muy pensado, en cierto modo puedo decir que fue un trabajo bastante intuitivo. Los poemas me evocaban imágenes con mucha facilidad. Al tratarse de un libro de amor, hay elementos que aparecen una y otra vez, así que quizá el mayor reto fue evitar la redundancia y encontrar maneras distintas de representar esas ideas sin repetirme”.
¿Es la primera vez que ilustras poesía? ¿Qué tal ha sido la experiencia? “Sí, es la primera vez. Ha sido un proceso diferente a cualquier otro. Desde el principio tuve claro que quería que todas las páginas estuvieran ilustradas y que los textos estuvieran redibujados a mano. Ha sido un trabajo muy exigente y, por momentos, extenuante, ya que son 120 páginas ilustradas, pero también uno de los más gratificantes que he hecho”.
¿Tus versos favoritos?
«Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.»
Vuelven una y otra vez a mi cabeza.
¿Qué dirías que tienen de característico tus ilustraciones para este libro? ¿Qué hay de nuevo o diferente respecto a otros trabajos? “Creo que lo más característico del libro, aparte de mi estilo, que ya es bastante reconocible, es haber redibujado toda la rotulación de texto a mano -asegura Pedro Oyarbide-. Jugué con la propia tipografía incorporando recursos visuales: letras que se desploman, palabras que interactúan con las ilustraciones o que pasan a formar parte de la composición. Quería que el texto también fuera imagen”.
“Por otro lado, creo que la portada tiene mucha fuerza. Está basada en un relieve de un mausoleo del Cementerio Monumental de Milán. ‘El rayo que no cesa’ es un poemario de amor que Miguel Hernández escribió para su mujer, Josefina Manresa. Resulta casi premonitorio -o quizá simplemente consciente de la realidad de la época- porque escribe con un enorme desgarro y solemnidad, como si se anticipara a una muerte temprana y a una despedida inevitable de su amada. Por eso me pareció natural reinterpretar esa imagen. La portada incorpora una ventana troquelada que deja ver el retrato de Miguel Hernández, atravesado literalmente por un rayo. Ese retrato forma parte de una segunda cubierta interior, de modo que ambas imágenes dialogan entre sí. Creo que, como objeto, el libro ha quedado muy rotundo, atractivo y coherente con el espíritu de la obra”.
¿Con qué técnicas trabajaste? “Desde hace años todo mi trabajo es digital. Utilizo una tableta Wacom Cintiq y trabajo principalmente con Photoshop e Illustrator”, afirma Pedro Oyarbide.
Danos algunas pinceladas sobre el proceso de realización de este libro. “Fue un proceso largo y muy inmersivo. Cada poema requería encontrar un equilibrio entre respetar el texto y aportar una lectura visual propia, sin invadir su significado. Más que ilustrar cada verso de forma literal, intenté construir una atmósfera que acompañara al lector y ampliara la experiencia de la lectura. También hubo mucho trabajo de composición para integrar texto e ilustración de manera orgánica en cada doble página”.
¿En qué trabajas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Ahora mismo estoy esperando la publicación de otro de los trabajos que he terminado recientemente y al que le tengo muchísimas ganas: una edición ilustrada de ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón. Es un proyecto muy especial para mí y estoy deseando que vea la luz”.