Álbum Ilustrado

Beatriz Martín Vidal y lo que pasa ‘En la escuela’

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Esta escuela es muy singular. En ella se aprenden disciplinas muy distintas, algunas difíciles, incomprensibles y aparentemente inútiles, hasta que las alumnas averiguan la que les está destinada, aquella sin nombre, la que no se puede enseñar y solo se puede descubrir. Con estas palabras Thule Ediciones nos presenta ‘En la escuela’, un álbum ilustrado de Beatriz Martín Vidal. Con ella hemos charlado un poquito más sobre este maravilloso libro.

¿Cómo nace este proyecto? “Como todos los proyectos, “En la Escuela” nace de una pregunta. Creo que es el motor de cualquier trabajo. Cuando yo era una niña me intrigaban mucho las niñas que vestían uniformes escolares y que iban a colegios distintos del mío. Me preguntaba por qué vestían todas iguales, qué se enseñaba en esas otras escuelas. Esa pregunta me vino de nuevo a la cabeza hace unos años y reverberó de manera distinta, como si moviera aún más cosas ¿Qué ocurre tras los muros de la escuela? ¿Qué tenemos que aprender en la escuela? ¿Qué es una escuela? La pregunta original se fragmentó y se hizo más profunda y entonces supe que era una buena semilla para un proyecto. Empecé a darle vueltas y esas niñas con uniforme en mi cabeza empezaron a hacer cosas, y las escuché hasta qué me imaginé qué querían decir”.

¿Qué se van a encontrar los lectores en sus páginas? “Una narración en imágenes principalmente, que habla de lo que somos y de lo que podemos ser. Del miedo a lo desconocido, del aburrimiento, de la confusión de seguir caminos que no entendemos y, sobre todo, del descubrimiento, de hallar el sentido de las cosas y entender el mundo”, asegura Beatriz Martín Vidal.

¿Qué hay en este libro de tu paso por la Escuela? “Hay mucho, creo que son sensaciones que todos compartimos hasta cierto punto, la sensación sobre todo, de tener que seguir un camino que no entendemos del todo. De aprender cosas que, en cierto modo, nos parecen aleatorias ¿Quién decide qué es lo que hay que aprender y qué no? Desde la perspectiva de un niño todo parece arbitrario. Estudias lo que te dicen, aprendes lo que te dicen que hay que aprender y sólo el paso del tiempo hace que comprendas por qué era importante. Sólo después de aprender te das cuenta de cuánto has crecido”.

Cuéntanos algo de los trabajos previos al libro, de cómo fueron surgiendo los personajes, no sabemos si hay bocetos en algún cuaderno… “Mis bocetos suelen ser pequeñitos, casi incomprensibles. Repito mucho el storyboard, ajustando el ritmo de la narración y, al mismo tiempo, decidiendo las composiciones de las imágenes. No suele ocurrirme, pero en este caso hubo incluso alguna ilustración terminada que sustituí por otra porque no me convencía. En general creo que el trabajo más intenso para mí es estructurar la idea y desarrollarla en un storyboard -continúa Beatriz Martín Vidal-. Una vez que eso está claro, llega la parte más laboriosa que es hacer las ilustraciones, pero en esa parte la historia ya está resuelta y eso quita mucha presión. Los personajes surgieron espontáneamente, las niñas en conflicto, la que está sola… No son personajes muy marcados, pero sí que quería que se mantuvieran constantes a lo largo del libro, sobre todo por el contraste entre la ilustración en las escaleras que es la “foto” del principio del curso, con la del final del curso”.

Las ilustraciones son como grandes cuadros, ¿qué nos cuentas de las ilustraciones? ¿Qué dirías que tienen de característico? “Bueno, creo que lo característico de mis ilustraciones es precisamente eso, que son muy pictóricas. Cuando hago trabajos para galerías, uso las mismas técnicas en realidad. Siempre he tendido a un estilo muy figurativo, un poco surrealista, pero muy anclado en los volúmenes y formas de la realidad. Eso, unido a que siempre uso técnicas tradicionales, hace que mi obra a menudo tenga un aire algo vintage, un poco victoriano. En este libro he usado óleos, que es la técnica que más he usado en mis álbumes y que, al ser la técnica más clásica en pintura, contribuye a esa atmósfera victoriana, un poco inquietante que suele tener mi trabajo”.

¿Con qué técnicas trabajaste entonces? “Realmente esta vez intenté resistirme al óleo. Empecé con acuarelas y lápices pero al final, acabé dando una capa de imprimación transparente sobre el trabajo que tenía y pinté con óleo por encima. Es difícil para mí resistirme a la profundidad de color y a las texturas que proporciona la pintura al óleo. En realidad no es una técnica nada práctica, ya que lleva mucho tiempo. Hay que trabajarla en capas, tarda mucho en secarse, lo mancha todo, hace difícil trabajar el detalle. Aún así me acaba arrastrando una y otra vez. Ahora mismo estoy trabajando en un nuevo proyecto y de nuevo he decidido utilizar otras técnicas, pero aún no está terminado y no puedo garantizar nada”, confiesa Beatriz Martín Vidal.

¿Con qué ilustración del libro te quedas? A nosotros nos encanta la de las chicas refugiadas por los paraguas con el traje de esgrima, o la de la belleza de las ecuaciones… “Esas dos también son de mis favoritas. La de los paraguas llevó mucho tiempo porque hay muchos personajes, muchos paraguas y muchas ranas. La de las ecuaciones es la primera que hice. Me enamoró la idea de una niña flotando sobre los pupitres. También me gusta mucho la ilustración en que una niña se eleva para hablar con un pájaro mientras las otras sostienen ramas en círculo debajo y la que está en la contraportada, que es más simple, con la niña mirando hacia arriba y, seguramente hacia el futuro, en el que ella aprenderá lo que hay que aprender en la escuela”.

¿Qué dirías que has aprendido con este proyecto? ¿Qué fue lo más difícil? “Creo que lo que he aprendido es que todas las niñas son iguales y todas las niñas son distintas. Entendiendo niñas como un concepto amplio que abarca a todo el mundo. Todos tenemos algo que nos eleva, algo que nos hace ir más allá, ser más de lo que somos, todos tenemos que encontrarlo de algún modo, buscando aprendiendo, estudiando, dibujando…Y cada uno lo va a encontrar en un sitio diferente, cada uno tenemos un camino para llegar a un mismo lugar -nos cuenta Beatriz Martín Vidal-. Lo más difícil fue articular esta sensación o, más bien, definirla. No sabía que esta certeza estaba dentro de mí, la encontré a medida que el álbum se desarrollaba. Lo más difícil fue encontrar el camino hasta llegar ahí, a una respuesta que, en realidad, plantea más preguntas”.

Háblanos un poco del proceso de elaboración del libro. “Como ya he comentado, la semilla de todos los proyectos para mí, es una pregunta. Siempre me resulta muy inspirador no saber las respuestas. De hecho, creo que es necesario para poner en marcha el proceso creativo, que, al fin y al cabo, es una búsqueda. La pregunta es el motor que pone en marcha todo. Una vez que me abracé a la pregunta ¿Qué hacen las niñas en la escuela? Empecé a hacer pequeños bocetos, secuencias de tres o cuatro ilustraciones ¿Qué hacen uno en la escuela, al fin y al cabo? Aburrirse, pelearse con otras niñas, ejercicios, exámenes, pero, en definitiva ¿Qué haces en la escuela? Aprender. Y¿Qué aprendes? A partir de ahí, en los storyboards empezaron a aparecer primero los conflictos y luego las resoluciones. Una vez que me gustó el ritmo y las estructura, pasé a las imágenes, a componer, a fijar algunos personajes, a pensar en los colores y después, cogí mi papel favorito y me puse a dibujar las imágenes que se habían ido formando. Las ilustraciones finales son siempre la parte final y más concreta del largo proceso de creación de un álbum”.

¿En qué andas ahora? ¿Algún proyecto nuevo? “Sí, estoy trabajando en un nuevo álbum que se llama “Caída Libre”. Por primera vez me voy a salir del formato convencional con un libro que se abrirá en vertical y se leerá de arriba a abajo. Debería haberlo terminado en verano pero, como suele pasar, acabaré terminándolo en otoño. También estoy escribiendo bastante, sobre todo cuentos. La escritura como tal es un campo nuevo para mí y me tiene bastante emocionada. De todas maneras los álbumes siempre han sido algo que se construye con la tensión entre el texto y la imagen, así que tal vez no es tan raro que las palabras por sí solas también me hayan acabado tentando”.

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